Turistas (y tandilenses) en la niebla

Mientras que por los pasillos de la ciudad se ha instalado una discusión sin fin sobre el turismo que podemos, queremos y/o debemos tener en Tandil, visitantes de todas partes la recorren entusiasmados y hablando maravillas de lo que a su paso encuentran.
Claro está, no son aquéllos que solían hospedarse en la emblemática Posada de los Pájaros y hoy echan de menos esa posibilidad, aunque no tanto como los tandilenses que seguramente sienten que un ícono, una marca local, ha caído y para peor, en manos del tironeo de la opinión de todos, y que no la dejarán hasta dejar sólo migajas y después, sea como sea que termine la cuestión, pasarán a dedicarse a otra cosa, sin pensar en profundidad qué es lo que esta ciudad y sus habitantes quieren y si eso está siempre reflejado en quienes de turno toman las decisiones, o no.
No importa tampoco si jamás pensaron siquiera en ella hospedarse por dos razones principales y obvias: ser de Tandil y encima, gastarse 800 pesos por una noche. Pero tampoco influye eso ni es remedio para amainar este sentimiento de pérdida, el hecho de nunca haber sido invitados por el simple hecho de pertenecer al montón, a hacer ni el más simple ?tour? para poder ?chusmear? un poco por ahí, pero desde adentro, con la ilusión de al menos por un rato, codearse con el glamour que al parecer quedó atrás en el tiempo, cuando los vientos eran otros, pero la queremos igual, porque gracias a ella, Tandil solía estar en boca de las reuniones más paquetonas.
Igual, eso de los vientos queda en el tintero de las dudas. Si se trata de los económicos o los políticos o los estratégicos, o si se trata simplemente de negocios, o si en el fondo todo eso es lo mismo, tal vez nunca se sepa a ciencia cierta.
Hoy, los turistas corretean ajenos. Andan chochos por ahí, ocupando cuanta cabaña se construya, dicen. Tampoco les importa demasiado cómo está el clima ni qué va a decir el pronóstico. Las vacaciones, vacaciones son y eso sólo basta. Recorren los paseos, compran salamines y se trepan a las sierras, mientras desde acá, los vemos pasar y los vamos contando con la mente haciendo ?plin caja?.
Sin embargo, al ritmo de estos días y con la olla destapada, los acontecimientos parecen ser propicios, aunque más no sea para abrir el juego y no hacerse el oso (o los osos), y aparecer y parecer sorprendidos.
Por eso, no sería descabellado que a los tandilenses sí les interese qué dice el pronóstico y que de alguna manera, esta crisis y este sorpresivo cierre de la Posada de los Pájaros sirva, al menos, para pensar que la plancha sólo se puede hacer cuando el mar está calmo, pero nunca cuando la ola viene rompiendo.

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