Un enfermero que pide empleo se encadenará al Municipio

 

Se siente perseguido, porque cada vez que está por cumplir su sueño de trabajar, aparece un nuevo escollo que lo desilusiona. Decidido a todo, asegura que se va a encadenar en el Municipio si no recibe una respuesta coherente de parte de las autoridades.
Su historia comenzó en 1995, cuando se recibió de auxiliar de enfermería en la Cruz Roja. Pero siguió estudiando con gran pasión y en 2009 obtuvo el título de enfermero profesional en la Universidad Maimónides, sede Ayacucho.
Trabajó durante 11 años en el servicio de emergencias de Cami –hasta el año 2000-, en la Dirección de Atención Primaria de la Salud del Municipio y en enfermería domiciliaria. Padre de dos hijos de 10 y 2 años, hoy se encuentra desocupado y -sin entender demasiado las causas- vive con una pensión por discapacidad de 1.200 pesos mensuales.
 
Leal a la
profesión
 
José Guillermo atribuyó su angustiosa situación a un “inconveniente con Cami” y relató que “yo estaba tomándole la presión a una señora en consultorios externos y me pregunta si le podía recomendar un cardiólogo. Le recomiendo a la doctora Laura Schoenfeld, le anoto en un papel como pide la señora porque es difícil el nombre y le dije que atendía en la Clínica Chacabuco. Estábamos acostumbrados a recomendar médicos, porque no le hacés mal a nadie y ayudás al paciente”. 
Por ese motivo, la mujer cruzó al Círculo Médico con el papel y le pidió a una empleada administrativa la orden para la cardióloga. Desafortunadamente, la profesional pertenecía a Agremiación Médica. “Yo no sabía nada. Aparte a mí no me importa, a mí lo que me importa es la atención de la señora“, explicó el enfermero.
Dos días más tarde, instantes antes de presentarse a trabajar, recibió el telegrama de despido. Las razones alegadas fueron la falta de lealtad porque “la señora se tendría que haber atendido en el Sanatorio y no en la Clínica Chacabuco”, precisó.
Convencido de que había realizado su trabajo como cualquier día, reclamó su indemnización asesorado por los abogados Alejandro Guerrero y Miguel Daoud. Ganó el juicio y cobró lo correspondiente, pero quedó estigmatizado como una “persona conflictiva”. 
“Cuando a mí me sacan, en mi puesto tuvieron que ocupar a seis enfermeros porque yo hacía traslados a larga distancia, traslados a corta distancia, emergencias, enfermería a domicilio, consultorios externos, vacunación y guardia”, enumeró.
José Guillermo estaba altamente capacitado para su empleo y recuerda que recibía “la constante amenaza de mi ex gerente de que no agarrara otro trabajo como mis compañeros que tenían dos: la mayoría trabajaba en el Hospital y en CAMI. Yo me tenía que quedar a cubrirlos mi turno más el turno de ellos o sea que hacía doce horas todos los días, y a veces salía un traslado a La Plata y tenía que viajar”.
En una audiencia con la comisión directiva, el enfermero fue acusado de “vender o pasar pacientes de CAMI a la Chacabuco”, contó y agregó que en ese momento “había sospecha de que gente del Círculo (Médico) pasaba gente a la Chacabuco, pero a mí no me compete eso, yo quería trabajar, seguir en lo mío”. 
Explicó que decidió reclamar su indemnización porque “tenía que hacer algo. Once años (de servicio) no son porque sí, entonces me fui a ver un abogado”. 
Como su prioridad era trabajar y no le interesaba un juicio, decidió enviar una carta para recuperar su puesto “porque yo amo mi profesión, pero no la amo con el bolsillo como otros colegas, yo la amo con el corazón”.
Sin éxito en su intención de volver a su puesto, cobró la indemnización pero desde el juicio oral que llevó adelante el Tribunal de Trabajo no pudo desempeñarse más enfermero porque “quedás como persona conflictiva. Si yo hubiera matado, si hubiera medicado, si hubiera robado, como todo lo que está pasando hoy en el ambiente de la medicina, yo aceptaba mis consecuencias, pero yo no hice nada mal”.
 
Nuevo intento
 
En 2004, José Guillermo se presentó y ganó un concurso de enfermería para Atención Primaria de la Salud del Municipio. Comenzó a trabajar en las salitas de los barrios Maggiori, Villa Italia y de calle Jujuy.
“Fue uno de los tantos concursos que gané, que fueron doce para más precisión”, destacó. 
“Cuando paso a la sala de Jujuy y Pizzorno, 25 días antes de terminar mi contrato de 3 meses, me agarro una neumonía atípica. Quedo internado en terapia intermedia del Sanatorio y estando internado, me mandan la carta de despido, que había cesado mi trabajo. Si yo fuera una persona conflictiva, como alegan, yo podría haber hecho un juicio. El doctor Marcos Nicolini me manda la carta que había cesado mi trabajo estando internado”, indicó.
Agregó que “dejé pasar el tiempo pensando que me iban a reincorporar, pero de ahí nunca más” pudo trabajar para el Hospital ni para el Municipio. 
 
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Ante todo, un trabajo
 
 
En estos años, tras sus buenos desempeños en los concursos pasó por exámenes preocupacionales con perspectivas para ingresar a terapia y guardia del Hospital, situación que nunca se concretó bajo el argumento de ser conflictivo, de falsificar una declaración jurada y hasta que tenía una discapacidad del 80 por ciento con el consiguiente otorgamiento de una pensión.
Guillermo sostuvo que hace un año realizó las pruebas para chofer de Vialidad de la comuna, donde lo catalogaron como apto para cualquier tarea, le mandaron la tarjeta de cobro, número de cuenta en el Banco Provincia y de legajo.
Sin bajar los brazos, siguió estudiando en Ayacucho y en 2009 se recibió de enfermero profesional con el mejor promedio, de 9,75. 
Se volvió a presentar en el Hospital con los papeles de aptitud para trabajar, pero le indicaron que había gente que no lo quería. “Esto es personal, es una persecución que tienen contra mí para que yo no ingrese. Todo fue por examen, yo no gané ni por acomodo político ni porque mi carita era linda ni nada, yo todo me lo gané a pulmón”, expresó.
Con sólo 37 años, “yo estoy pidiendo trabajar. Me siento denigrado, mal; cobro una pensión que no quiero, pero la tengo que cobrar porque no tengo trabajo. Lo que le pido al Intendente, tuve dos oportunidades de charlar con él, es trabajar. Nadie me da trabajo por esa pensión”.
“Quiero que el señor Intendente tenga una audiencia conmigo. Yo no quiero ningún tipo de acomodo, me quiero ganar el pan como se lo gana cualquier enfermero. Si no me quieren en enfermería en el Hospital, que me mande a barrer”, expresó entre lágrimas. u  
 
 
 
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Todo a pulmón
 
Sin lograr un acuerdo con la empresa de salud, José Guillermo ganó el juicio y cobró su indemnización. Mientras tanto, como “me sé desenvolver desde muy chico en todo trabajo, porque todo lo que tengo y tuve fue poniendo la espalda, empecé a manejar camiones”.
Contó que trabaja desde los 9 años y que se ganó la vida junto a su padre “cirujeando. Comía del basural, no me da vergüenza decirlo. Soy de los que salimos de muy abajo y con una doctrina, con una forma de ser: siempre la verdad y respetando a mis pares. Para adelante, pero por el camino derecho”. 
Incluso, relató que como chofer de camión atendió a personas en las rutas, al llegar tras algún accidente, y manejando un colectivo “le salvé la vida a una nena en la Escuela de San Antonio, que tengo la carga de agradecimiento de las directoras. La chiquita se había ahogado con un caramelo bolita y haciendo lo que sé, le salvé la vida porque no llegaba a Tandil”. u
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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