Una dramática votación decidida por Cobos hizo caer la ley de retenciones móviles y abrió una crisis política

“Que la historia me juzgue y me perdone si me equivoco”, fueron las palabras finales de Cobos antes dar su pronunciamiento contrario a la iniciativa que pretendía ratificar las retenciones móviles anunciadas el 11 de marzo pasado, que produjeron una protesta masiva de las entidades agropecuarias en todo el país.
El mayor desafío que debió enfrentar el matrimonio Kirchner en sus cinco años de gestión se dirimió en una votación cuyo resultado estuvo en duda en todo momento, con dos senadores indecisos que anunciaron su voto dentro del recinto. La paridad provocó una situación que pocas veces ocurrió en el parlamento: el desempate de una votación en el Senado y el hecho de que por primera vez un vicepresidente vota en contra del Gobierno que integra.
Según pudo saber Noticias Argentinas, cuando se veía venir el empate desde el oficialismo se le ofreció a Cobos “una salida elegante” consistente en retirarse del recinto y dejar la conducción de la Cámara en manos del presidente provisional del cuerpo, José Pampuro, quien en ese caso hubiese tenido doble voto y hubiera permitido al Gobierno contar con la ansiada ley.
Si bien Cobos no había anticipado su decisión públicamente, su crecientemente deteriorada relación con el kirchnerismo había sembrado dudas sobre su alineamiento con el oficialismo. En la oposición se recordaba que recientemente Cobos había declarado que apoyaba “cualquier solución que tuviera consenso”, por lo que se esperanzaban en que pudiera negarse a ratificar la polémica resolución 125.
Y así fue. En el discurso que pronunció, dijo que “la sociedad no espera un desempate, sino que de acá salga algo consensuado” y pidió por eso a los senadores “un cuarto intermedio en busca de un acuerdo”. Pero, paradójicamente, el único acuerdo que hubo entre las bancadas del FPV y del radicalismo fue en exigirle que desempatara de inmediato. Cobos admitió que tenía “una responsabilidad institucional con el Gobierno”, pero confesó con la voz casi quebrada: “mi corazón me dice otra cosa”.
Dijo que quería “seguir siendo el compañero” de la Presidenta Cristina Kirchner y confió en que ella “sabrá entender” los motivos de su decisión. Por eso le pidió al poder Ejecutivo que envíe un nuevo proyecto que contemple todos los aportes que hubo en el debate parlamentario. La sesión había comenzado el miércoles a la mañana y duró más de 18 horas, pero durante su largo desarrollo pocos prestaban atención al debate, y todos estaban pendientes de la novedades respecto de los dos últimos votos por definir, el del justicialista catamarqueño Ramón Saadi, y el del radical K santiagueño, Emilio Rached.
El primero de ellos se pronunció a media tarde por el sí, pero el caso de Rached pareció escrito por un autor de novelas de suspenso: primero llegó al Congreso cuando el debate llevaba cinco horas, y luego entró y salió un par de veces del palacio, sin indicar qué haría con su voto. En el oficialismo se aseguraba que votaría con ellos, pero por la noche se reveló que se sumaría a la oposición, con lo que dejaba la cuenta empatada en 36.
En un recinto donde aún resonaban los ecos de los dos multitudinarios actos que se realizaron el martes pasado en la Capital Federal, a favor y en contra de la iniciativa, los voceros de un oficialismo mermado por la diáspora de varios legisladores justificaron con énfasis las bondades de este proyecto.
Con el mismo ardor, desde la oposición senadores de diferentes extracciones ideológicas cuestionaron el proyecto tanto por el valor de las alícuotas por considerarlas confiscatorias”, como por la supuesta inconstitucionalidad” del artículo dos que faculta al Poder Ejecutivo a modificarlas. Poco antes de las 3:00 de la madrugada, el jefe de la bancada radical, Ernesto Sanz, empezó su discurso pidiendo “con humildad al vicepresidente que venga a pedir la sesión por la enorme responsabilidad que va a tener”, en lo que definió como “una noche histórica”. Sanz reiteró este pedido tres veces en momentos en que la sesión era presidida por el salteño Juan Carlos Romero porque querìa que Cobos escuchara su mensaje, ya que “tendrá una misión fundamental”.
Dirigiéndose a Cobos -que aún no había vuelto al recinto- dijo que tiene que tener la tranquilidad para honrar el cargo de vicepresidente de la Nación”, y destacó que en los últimos 20 días tuvo acciones de entereza y racionalidad” al diferenciarse del gobierno en este tema. Como pocas veces en la historia parlamentaria ?y nunca desde que los Kirchner llegaron al poder con el acompañamiento de cómodas mayorías en ambas cámaras- el oficialismo debió trabajar a destajo, no ya para conquistar votos ajenos sino para mantener los propios.
La victoria en Diputados por sólo siete votos preanunció las dificultades que el oficialismo iba a tener en el senado, aunque nadie imaginaba semejante deselance. Ocho integrantes del bloque del frente para la victoria, Roberto Urquia, Carlos Reutemann, Roxana Latorre, Ruben Marin, Juan Carlos Romero, Sonia Escudero, Teresita Quintela, y Elena Corregido se atrevieron a desafiar el mandato de votar a favor. Hubo también otros legisladores oficialistas que estuvieron a punto de cruzar la raya aunque fueron convencidos a último momento de mantener la disciplina partidaria mediante intensas gestiones, algunas llevadas a cabo por la propia presidenta Kirchner. Del mismo modo, el panorama por fuera del bloque no fue muy reconfortante para el kirchnerismo: ninguno de los tres senadores radicales k (aliados al gobierno a través de la Concertación) apoyo la iniciativa inicial, y tampoco lo hizo el renovador salteño Juan Pérez Alsina, cuyo partido integra una coalición con el oficialismo que gobierna su provincia.
En cambio, la oposición no demostró fisuras a la hora de votar en contra, aunque no logró ponerse de acuerdo detrás de un proyecto único, y por eso hubo cuatro dictámenes de minoría. “No nos une el amor, sino el espanto”, reflexionó uno de los legisladores opuestos al proyecto oficial. La plabra final por el oficialismo la tuvo el jefe de la bancada del FTV, Miguel Ángel Pichetto, quien cuestionó a aquellos dirigentes “que hace seis meses salían en afiches junto a la Presidenta” durante la campaña electoral, y ahora critican el proyecto oificial.
También fustigó a los gobernadores que se alinearon junto al campo, cuando antes del conflicto “se peleaban por estar junto al gobierno”. Pichetto se preguntó luego “dónde quedó la Concertación” que el gobierno hizo con otros partidos, en una critica que apuntó en especial a los tres senadores del radicalismo k, que votaron en contra.
También le apuntó a Cobos, al criticar a “los que no pueden alinear” a sus propios legisladores, y recordó que hace unos días le preguntaron qué pensaba que haría el vicepresidente en caso de empate, y que respondió: “no puedo concebir que no acompañe al gobierno”. Ese fue el ultimo intento de torcer el rumbo de una decisión que Cobos venía meditando desde hace varios días en la más estricta reserva.
Antes, durante la sesión, los argumentos vertidos por los senadores no se apartaron de los que se oyeron abundantemente en los últimos cuatro meses por parte de quienes respaldan o rechazan las retenciones móviles, pero suscitaron especial atención las palabras de los oficialistas que negaron su respaldo a la iniciativa que giró diputados. Uno de ellos, el justicialista cordobés Roberto Urquia, advirtió que por el conflicto agropecuario “se está cortando la cadena de pagos” en el interior del país, y pidió que “más allá de la votación de hoy, se convoque a una mesa de diálogo para un plan agropecuario a mediano y largo plazo”.
El dueño de la Aceitera General Deheza fue el primer legislador kirchnerista que anuncio su desacuerdo con el proyecto oficial, y renuncio a la comisión de presupuesto y ascienda que presidía. Tras aclarar que es “partidario de las retenciones móviles”, señalo que lo que cuestiona es la escala de alícuotas, porque impedirá el funcionamiento de los mercados a futuro, “a los que hay que proteger porque son elementos de arbitraje, y no de especulación”. Remarco luego que no apoyaba la iniciativa porque “el gobernador de Córdoba, la legislatura y 450 jefes comunales me pidieron que no la acompañe”.
Otro discurso esperado fue el de Elena Corregido, una de las integrantes del bloque del FTV que voto en contra, quien enfatizó que no es “golpistas” que sus convicciones son “absolutamente peronistas”. Destaco el rol que Cristina Kirchner desempeño como legisladora durante el gobierno menemista, en defensa de las instituciones y halagó que como presidenta “no hay firmado ningún decreto de necesidad y urgencia”. En este sentido, comparo su situación con la de la mandataria, al indicar que “ella rompió varias veces la disciplina partidaria” cuando era legisladora. En tanto, el justicialista Carlos Reutemann advirtió que el conflicto del campo podría llevar a la “desintegración del pueblo argentino”.
“Frente a nosotros tenemos una situación tan grave que si no nos unimos seremos los culpables de la desintegración del pueblo argentino”, resalto Reutemann en el resinto, al fundamentar su voto en contra.
Desde la otra vereda, la senadora del FPV Silvia Giusti realizó una férrea defensa de la política del gobierno, y cuestionó “la concentración de las tierras”. La representante de Chubut, miembro informante del bloque oficial, negó que el proyecto de Retenciones se haya tratado a libro cerrado”, y afirmó que las modificaciones que se le introdujeron en la cámara Baja “favorecieron a los pequeños productores”.

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