Una familia compró el lote, está terminando la casa y será la primera en habitar el barrio Smata

Las cincuenta casas están detrás de un alambrado, clara señal de la protección que se volvió imprescindible luego del traslado de las familias que las ocuparon masivamente el lugar en 2009. A unos metros está ubicado el obrador de la empresa constructora, que en 1999 encaró el proyecto y que aún aguarda su reactivación.

Desde que tomaron posesión de su bien, Oscar Revelli y Rosana Ledesma están permanentemente en el lugar por miedo a que les roben el techo, las ventanas o herramientas y materiales. Por las noches, él duerme en una carpa, mientras que ella está decidida a mudarse, sin más preámbulos, la semana próxima.  

“Mi marido tenía ganas de estar tranquilo, en paz, así que nos vamos a venir con mis hijos Camila y Walter para tener una vida nueva”, contó Rosana Ledesma, quien recibió a El Eco de Tandil mientras su esposo regresaba desde la Usina de realizar gestiones para conectar la luz.

En principio, esperan que otra familia -en este caso de los adjudicatarios originales- se mude a la vivienda número 46. “Dentro de poco van a estar con nosotros, vamos a ser vecinos, los dos primeros acá”, celebró.

El ser los primeros tiene una carga simbólica importante para este barrio cargado de sueños truncados, que se ha visto plagado de dificultades y de conflictos, como el de la masiva usurpación.

 

La situación legal

 

Oscar Revelli le contó a este Diario que “la compré a uno de los adjudicatarios que le habían pegado. No quiso seguir más, no quiso saber más nada con la casa. Entonces, se la compré y me vine con la carpa para poder instalarme y armar todo porque si no, clavo que ponés, clavo que te sacan”.

En cuanto a la compra, precisó que adquirió el lote a 135 mil pesos y ya tiene la escritura. “Están todas las firmas certificadas por escribano y con abogado”, aclaró.

La construcción pertenece al Instituto Provincial de la Vivienda. Por esta razón, el nuevo dueño indicó que sacó fotos desde que tomó posesión de la casa y guarda todas las boletas de las compras realizadas. 

Por otro lado, confirmó que habló con César Trapote, secretario general del gremio Smata, a quien le comunicó que iba a vivir en el barrio. Por otro lado, le facilitó un plano de las parcelas para tramitar la conexión de la luz.

“La Usina me está dando una mano bastante importante, me agiliza bastante los trámites. De hecho, hay que poner tres palos para hacer una línea, lo que pasa es que no tengo nombres en las calles. Yo estoy en un pasaje, al no tener nombre ni dirección, me cuesta un poco más tener la luz”, explicó.

En simultáneo, está estudiando la extensión del servicio de agua potable, que está a unos 200 metros, sobre el obrador del barrio. “Ojalá que alguien se acerque y todo sea más fácil”, confió.

Revelli, a favor de urbanizar la zona, aguarda que algunos adjudicatarios que hoy alquilan se puedan mudar al Smata y confirmó que la segunda familia en radicarse pondrá en condiciones la casa número 46.

En este sentido, lamentó el estado de las casas en contraposición con la necesidad de viviendas que se registra en Tandil. “Hay cincuenta viviendas que se podrían terminar con muy poco, con un plan de pago accesible”, consideró.

Y agregó que “es una pena que estén derrumbándose, porque hay muchos chicos que vienen, juegan y se va rompiendo, se va destruyendo todo”.

 

Desastre “increíble”

Cuando recibieron la vivienda, no tenía el techo. “Todo era un desastre. Está todo destruido, prendido fuego. El desastre que han hecho en las casas es increíble”, describió Rosana Ledesma.

Oscar Revelli, su cuñado e hijos arrancaron restaurando el techo, con maderas y chapas nuevas; luego colocaron las aberturas blancas y ahora se encuentran trabajando en el interior de la casa número 15.

Ante las reiteradas denuncias por los saqueos a las viviendas, esta familia ha tenido que dar explicaciones. “La policía ha venido como nueve veces, y se sorprendió cuando vieron que estábamos techando, no robando”, explicó la mujer.

 

 

Un comienzo

 

Por otro lado, Rosana Ledesma anheló que “se acerquen los propietarios de las casas, porque las cincuenta tienen dueño. Entre todos se puede hacer algo”.

La casa número 15 tiene un grafitti de protesta que dice: “Soluciones para este barrio ya”. La nueva familia lo toma como un designio, ya que espera poder convertirse en un impulso para el resto de los beneficiarios.

“Yo ya me instalé. De acá no me muevo. Si vienen adjudicatarios que se sumen y va a ser mejor para todos. Creo que con poco la casa se termina. Si pagan un alquiler, en lugar de pagarlo lo meten en su casa, y se puede”, describió Oscar Revelli.

Estimó que invertirá unos 60 mil pesos para poder habitar la casa, entre el techo, maderas, aberturas y revoques, pero además la mano de obra la realiza él junto a su cuñado e hijos.

De este modo, la familia Revelli Ledesma llegará al sueño de la casa propia impulsando un barrio que lleva más de una década de demoras y sueños postergados.

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