Una familia que abrió un comedor en La Movediza lucha para ampliar el edificio y seguir ayudando

Hace algunos meses una familia abrió un comedor en su casa, ubicada en Iraola y pasaje Los Rosales en el barrio La Movediza, y hoy recibe a cerca de 70 chicos. Por ese motivo, necesita ampliar el espacio para poder continuar brindando el servicio ya que su vivienda es pequeña y no hay comodidad para tantos niños.

Andrea Olivera contó que todo comenzó hace alrededor de 6 meses, cuando en su vivienda tenía una despensa y los niños del barrio se acercaban a pedir pan oreado o algo para comer.
“De a poquito empezamos a ayudar. Tenemos gente conocida del campo donde mi marido trabaja que nos donaron leche. Entonces, cerramos el negocio y le empezamos a hacer la leche a los chicos con facturas oreadas”, relató.
En tanto, su esposo, Fernando Membrilla, contó que “salía de trabajar y recorría con ella y mi hija más grande las panaderías en moto. Juntábamos el pan y las facturas para darles a los chicos con la leche”.
De ese modo, comenzaron con el merendero y fueron sumando algunas donaciones. “La casa de cerámica del Parque Industrial nos donó la vajilla, y empezamos a hacer comedor dos veces por semana. Después fuimos implementando más cosas y así es que hoy tenemos más de 60 nenes a los que les damos de comer tres veces por semana, merendero el sábado y el domingo entrega de mercadería cuando sobra en la semana. Siempre damos el domingo lo que sobra en la semana para que los chicos siempre coman algo fresco”, explicó Andrea Olivera.

Una firma para
seguir ayudando

Fernando Membrilla contó que “nosotros compramos mucho del Banco de Alimentos. En este momento tenemos una pequeña deuda que la vamos a pagar, pero estamos necesitando unos permisos, para lo que nos vamos a reunir con (el secretario de Desarrollo Social) Oscar Teruggi para ver si nos puede firmar para que sigamos comprando en el Banco de Alimentos. Requiere una personería jurídica o un permiso que esté firmado por el Intendente o por alguien que esté dentro del área”.
“Es solamente un reconocimiento de que saben que estamos trabajando. Para nosotros es muy importante porque muchas veces estamos comprando de nuestro bolsillo en la despensa y se nos pone muy difícil porque son casi 70 chicos, que es muy difícil mantenerlos. Por eso necesitamos esa firma urgente”, explicó.
En cuanto al mantenimiento general del comedor, explicaron que tienen personas que colaboran y que la cooperativa Impopar apadrina 5 chicos y realiza una donación anual cuyo dinero destinan a comprar alimentos.
Empero, Andrea Olivera reconoció que “no siempre aparece alguien que done, entonces nosotros ponemos de nuestro bolsillo para que tenga continuidad”.

Una responsabilidad
Y su marido confió que “enero y febrero lo hemos venido poniendo de nuestro bolsillo porque no hemos recibido ayuda. En un momento con lágrimas en los ojos los dos, porque para nosotros son como hijos los chicos del barrio, pensábamos si seguir o no porque no recibíamos ayuda de nadie”.
“Muchos nenes nos dicen mamá y papá. Es hermoso, pero a la vez es un compromiso muy grande. Es complicado, pero la verdad es que no vamos a largar el comedor porque no podemos moralmente”, aseguró.
A lo que Andrea Olivera agregó “no podemos jugar con el hambre de los chicos. Es una responsabilidad que lunes, miércoles y viernes nosotros debemos tener a las 20.30 la comida lista para ellos que directamente entran, se acomodan y se sienten como en su casa”.
Su esposo explicó que “nosotros tenemos 5 hijos propios y aparte los casi 70 que vienen al comedor. Algo que no puedan tener en la casa tratamos de brindárselo nosotros”.
“Una persona nos trajo 40 pares de zapatillas nuevos para donarle a los chicos y no quiere que demos su nombre. Y ahora nos va a traer guardapolvos. Esas son las cosas que nos incentivan a seguir y pensar que no estamos tan solos. Pretan va a hacer todo lo posible por donar todos los bloques que necesitamos para hacer el salón, porque tenemos chicos comiendo hasta en la pieza de nuestros hijos. No entran en el comedor, los tenemos a algunos parados esperando a que los otros terminen”, afirmó Andrea Olivera.
En ese sentido, señalaron que necesitan sillas, mesas y muchas cosas para equipar el comedor.
“Es un lugar chico, entonces queremos hacer el salón para que ellos tengan la comodidad de un roperito. tenemos muchos proyectos para este año. Vamos a hacer un festival aproximadamente en tres meses”, adelantó.
Además, afirmaron que tienen muchos profesionales que se ofrecieron para dar talleres o colaborar de algún modo con la institución, como médicos, psicopedagogas, psicólogos, grupo de lenguaje de señas, profesores de folclore, italiano e inglés.
Por último, afirmaron que “necesitamos el salón porque acá no tenemos comodidades”.

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