Una mujer busca desesperadamente a su hijo y denuncia que se lo robaron en Tandil en 1977

 

María Antonia Piaggio es una mujer oriunda de Entre Ríos, que relató que la que trajeron a esta ciudad bajo un engaño y le robaron a su bebé, que nació en el Hospital Santamarina el 23 de abril de 1977. Hace varios años que esta madre decidió contar lo que le sucedió y buscar a su hijo. “Me arruinaron la vida”, dijo en diálogo con El Eco de Tandil.
 
El comienzo 
de la historia
 
En diciembre de 1977 María Antonia Piaggio tenía 17 años y vivía en Gualeguay, en la provincia de Entre Ríos, cuando una persona le propuso ir a trabajar a Villa Gesell. En esa oportunidad María Antonia recuerda claramente que su madre dijo: “Llévesela, porque ¿qué voy a hacer con ella acá?”. 
“Mi familia era mejor perderla que encontrarla. Ellos aparentemente sabían todo, con el tiempo me di cuenta de que fue una entrega o algo similar”, afirma. 
María Antonia trabajaba desde los nueve años en casas de familia, no sabía leer ni escribir y su padre había fallecido. “Prácticamente me crié a la deriva”, reseña. 
Así fue que la llevaron a Villa Gesell, donde estuvo unos días hasta que descubrieron que estaba embarazada. “Yo no sabía que estaba embarazada, cuando se descubrió, la persona que me trajo me dejó y se fue. Me dejó sola a la deriva con una gente que me llevó a un campo. Me acuerdo que había muchos eucaliptus, perros y armas en la casa, y gente mala, eran militares”, recuerda. 
Allí estuvo un par de días hasta que el 31 de diciembre la trasladaron a Tandil, al Hospital Ramón Santamarina. 
“A mí me trajeron acá en un Falcon verde rodeada de gente maldita, yo no tenía ni idea de dónde estaba. Lo único que les pedía es que me mandaran a mi pueblo, a Gualeguay”, relata. 
La mujer asegura que a partir de ese día estuvo secuestrada en un pequeño cuarto del Hospital hasta el 23 de abril de 1977, cuando nació su hijo. 
“Me quise escapar, y uno de uniforme me agarró del brazo, me apuntó con el arma en la cabeza y me llevó de vuelta para adentro a los empujones. Me decían para qué quería yo el bebé, que era muy joven, que había gente que necesitaba el bebé. Y me acuerdo porque sufrí horrores cuando decían: 'Este va a salir para España'. Es lo único que me quedó grabado. Yo estaba sola, no sabía dónde estaba parada, lloraba, tenía dolores, era un caos todo”, recuerda. 
Luego la encerraron en un cuarto con llave y “cada tanto dos damas rosadas me sacaban a un patio chiquito y ellas paradas al lado mío, yo lo único que hacía era llorar y pedir que me mandaran a Gualeguay”.
“Apenas tuve al bebé, me lo sacaron y me taparon con una sábana negra”, explica. 
 Y agrega: “Era gente maldita, yo estaba a la deriva, indefensa, y querían la criatura y yo no me sabía defender”.
“Después de que tuve el nene, me sacaron del Hospital y me tiraron en una estación de trenes. No tenía plata, ni ropa y estaba toda roñosa, pasó una chica que me vio los dos días que estuve ahí y me auxilió ella. Creo que era de Madariaga”, señala. 
Luego, esa chica la ayudó a conseguir trabajo en una casa de familia para que pudiera juntar dinero para irse y continuar con su vida. “Yo trabajaba con cama ahí, eran malos, no te daban de comer ni nada, hasta que pude juntar unos pesos y escaparme. Fui a Buenos Aires y de ahí a Entre Ríos buscando mis raíces. Así como llegué me volví, porque no querían saber nada de mí y me vine a trabajar a Buenos Aires”, relata. 
 
La búsqueda
“Yo me sentí culpable durante muchos años hasta que los psicólogos me sacaron un poco eso de la cabeza”, concluye sobre su desgarradora historia. 
María Antonia vivió muchos años con ese dolor guardado adentro hasta que decidió sacarlo a la luz y comenzó a buscar a su niño. Se contactó con las Abuelas de Plaza de Mayo, con el Conadi, con la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y con Raíz Natal. 
Alrededor del año 97 comenzó su búsqueda en esta ciudad, donde se dirigió al Hospital y le explicó su situación al director de ese momento, el doctor Angel Roigé. 
“Me dijo: 'Usted no pretenda venir acá y dañar a alguien. Tampoco pretenda venir a decir que es la madre'. Y yo le dije: 'No voy a dañar a nadie, porque ya me dañaron a mí y sé lo que es'”, relata. 
“Recorrimos el Hospital, me llevó a recorrer Tandil para ver si no estaba equivocada, luego volvimos a las oficinas de él y me dijo que en 15 días me iba a contestar”, cuenta María Antonia, que realmente tuvo a su bebé donde hoy está el Hospital de Niños, pero que en ese momento era el Centro Materno Infantil.  
Ese mismo día cuando estaba en el micro de regreso a Buenos Aires, la llamó el director del Hospital para avisarle que había encontrado el acta de nacimiento del bebé. Entonces María Antonia supo que había sido un varón. 
“Abuelas de Plaza de Mayo no me están ayudando, no les interesa el caso porque no es específico de la época militar. Una chica que estaba buscando también a su hijo de acá de Tandil lo encontró, es médico, está en Estados Unidos y no la quiere reconocer. Yo estoy preparada para eso, el grupo de psicólogos que me atendió me dijo las opciones, pero yo lo quiero conocer”, asegura.  
 
Muchos años de dolor
 
Hace años que realizó la denuncia pero aún sin ningún resultado. “Yo quiero que me digan cara a cara por qué hicieron eso conmigo. En la fiscalía me dijeron que es muy difícil, que la partera murió, que un médico está sordo. En el Conadi me dijeron que tengo que poner un abogado”, clama María Antonia. 
Esta madre se pregunta hoy cómo fue que pudo seguir adelante con su vida y realmente dice que no lo sabe. “No fue fácil, hoy tengo a mis hijos grandes y quiero encontrar al que me quitaron, me encantaría contarle la verdad”, expresa en diálogo con El Eco de Tandil. 
“El daño psicológico que me causó esa situación no tiene cura y ahora cada vez que quería venir a Tandil a hacer esto me operaban del pecho de un cáncer”, explica.
“Yo quisiera tenerlos en frente a los que me hicieron esto y decirles lo que se me venga a la mente en el minuto, porque yo no tuve vida. Los 31 de diciembre para mí son una tortura total, sufrí toda mi vida, me la arruinaron. Yo no sé si es mejor o peor para mí tenerlos en frente, son 34 años que tendría que escupírselos en la cara como sea”, expresa María Antonia con lágrimas en sus ojos. 
“Es muy doloroso, hoy por hoy estoy media entera, medicada, operada, son golpe tras golpe, pero la bronca y el odio los tengo, eso no te lo saca nadie. Eso no te lo sacás más de la cabeza, no te podés olvidar, de esa arma que me pusieron en la cabeza aún hoy siento el zumbido”, concluye María Antonia con profundo dolor. 
Para contactar a María Antonia Piaggio hay que llamar al (011) 4731-2421 o  (011) 156-2855078 o al mail: piaggiomaria@hotmail.com. Para aportar datos: Fiscalía Federal de Azul, avenida Mitre 515, Azul. *

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