Una mujer denunció que su marido falleció por la mala praxis

Mónica Dacosta se acercó a El Eco de Tandil para contar la desgarradora historia que le tocó vivir y que culminó con la muerte de su marido en el Sanatorio Tandil, lo que denunció como “negligencia” de una médica de guardia. Exige que separen del cargo a la doctora que lo atendió y que no vuelva a ejercer.

De acuerdo a la denuncia, que fue radicada en la fiscalía interviniente, José Luis Olivera, de 54 años, fue atendido el 30 de junio en el Sanatorio Tandil por un dolor abdominal y posteriormente, operado de una piedra en el riñón, el 7 de julio. Al día siguiente fue dado de alta, pero el 16 de julio “ante un estado de alta fiebre e inmovilidad del brazo derecho concurrieron nuevamente al Sanatorio donde la doctora Lucía García Collar diagnosticó que padecía flebitis y le suministraron paracetamol Raffo, manifestando que no era necesaria la internación”.

Un día después ingresó nuevamente al mismo centro asistencial “con un cuadro de shock séptico, totalmente desmayado, volando de fiebre, donde le realizaron los estudios de rigor, quedando internado”.

Según consta en la denuncia, el cuadro empeoró y falleció “debido a que el 16 de julio la doctora antes mencionada había atendido en forma negligente y superficial a mi marido, no tomando en cuenta la gravedad del caso, suministrándole medicación para otra patología y enviándolo a nuestro hogar”.

 

“No hay cama”

 

Dacosta contó que después de la operación del riñón su marido se sentía bien, hasta que un día le comenzó a doler mucho el brazo.

“Yo pensé que podía ser de tanto suero que le habían puesto, tenía 40 de fiebre. Entonces, cuando llegó mi hijo lo llevamos al Sanatorio. Había mucha gente en la guardia, pero la médica empezó a llamar y en 5 minutos no quedó nadie. Llegó el turno de mi marido y lo llevábamos agarrado porque ya casi no podía caminar de la fiebre que tenía”, relató.

Mónica le explicó a la doctora lo que le sucedía a su marido, sin obviar el hecho de que había sido intervenido quirúrgicamente unos días atrás. Sostuvo que “le miró el brazo rápido y desde lejos, y le dijo que tenía flebitis, que es una infección que le agarró por el virus hospitalario a través del suero cuando estuvo internado. ´Les aviso que no hay cama para internarlo. Pueden llevarlo mañana al consultorio´, nos dijo”.

Entonces le dio la receta del medicamento que se lo aplicaron mediante una inyección en la farmacia y se fueron a su casa.

“El no quería comer, yo me tuve que ir a trabajar porque de noche cuido a una abuela y se quedó con mi hijo. Cuando llegué al otro día, me dijo ´no doy más del dolor´. Entonces yo justo tenía un turno con mi doctor de cabecera y fuimos para que lo atendiera a él en la Clínica Modelo. No lo podía levantar, no lo podía vestir, llegó mi hijo y no lo podíamos cargar en el auto”, expuso.

Cuando fue atendido en la clínica el médico le indicó que lo internara inmediatamente y le mandó a hacer varios estudios.

“El no caminaba, su cuerpo estaba muerto. Entonces lo subí en un remís y lo llevé al Sanatorio, porque toda la vida nos atendimos ahí. Me dijeron ´no hay cama´. Había que esperar que a alguien le dieran el alta para que él entrara, mientras tanto me dijeron que le fuera haciendo los análisis”, indicó.

Y añadió que “para hacerle la radiografía no podíamos ni levantarlo, le tenía que sacar tres y le sacó sólo una porque no lo podíamos mover”.

 

En estado de shock

 

Luego de un largo rato “la chica que estaba dando turnos llamó al piso y dijo que era una vergüenza tener en el pasillo a un paciente en ese estado. Cama había, el problema era que la única que había era de las que se pagan aparte, es una habitación con una sola cama. Ellos no me la habían ofrecido. Cuando esta señora llamó, lo internaron ahí”.

“Yo lo llevé a las 9 y se hicieron las 12 del mediodía dando vueltas, porque nadie nos hacía caso. Yo lo veía muy mal y le dije a la caba, pero me explicó que teníamos que esperar al doctor. El me decía ‘por favor que me pongan un calmante’”, relató sin poder contener las lágrimas.

Mónica les pidió que aunque sea le pusieran suero pero “eran ya como las 14 y no le habían puesto nada. Se le habían reventado todas las venas del brazo y le caía agua de transpiración. Una enfermera que estaba cuando lo habían operado pasó por ahí, fue a mirar a mi marido y empezó a los gritos a llamar a los médicos de terapia. El ya había entrado en estado de shock”.

Destacó el trabajo de los médicos de terapia que fue “excelente”. “Le hicieron una tomografía y me dijeron que tenía una trombosis. Al día siguiente falleció.

Mónica aseguró que el virus hospitalario le agarra a mucha gente pero “el médico te interna, te cura y al otro día estás tomando mate en tu casa. Esta bestia no le hizo nada a mi marido. Si ella, en el momento en que lo llevé, lo hubiera internado y le hubiera dado la medicación que correspondía, hoy probablemente estaría vivo”.

“Ella lo debería haber internado inmediatamente, ni siquiera le tomó la fiebre, lo atendió sentada del otro lado del mostrador. Nadie se merece que lo atiendan así”, cuestionó.

Luego de que su marido murió, intentó averiguar el nombre de la médica en el Sanatorio pero “todos se lavaban las manos, no me lo quisieron decir. Fuimos a patear la puerta para que diera la cara, pero no salió, se escondió como una rata. Así que el Sanatorio sabe todo lo que está pasando y jamás me llamó nadie para hablar conmigo. El nombre de la médica lo conseguí por una fotocopia que me hicieron de la receta en la farmacia”.

“Quiero que no siga atendiendo, porque hay mucha gente que realmente tiene ganas de trabajar. Yo creo que mi marido se hubiese salvado. Tenía 54 años, no fumaba, no tomaba, no comía milanesas para no tener colesterol. No es justo, estuvo tanto tiempo esperando a sus nietas y ahora tiene sus nietas mellizas y sólo las pudo disfrutar siete meses”, expresó con gran dolor.

Y enfatizó que “hoy le tocó a mi marido, pero mañana le puede tocar a cualquiera. Yo hablo con mucha gente y todos dicen algo de esa doctora, pero nadie hace nada,

En el Sanatorio saben qué clase de gente es, pero no sé porqué la tienen”.

“Voy a seguir con mi denuncia hasta lo último. No quiero plata porque no me va a devolver a mi marido, yo quiero que esta mujer deje de atender”, sentenció.

Y remarcó que “nunca voy a volver a pisar el Sanatorio, prefiero morir en mi casa”.

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