¿Valió la pena?

El sábado pasado en Alemania, en un mega festival con dos títulos del mundo en las peleas principales, el argentino Marcos Maidana, poseedor de un envidiable record de 25 peleas, todas ganadas con 24 nocauts, realizó su último combate antes de enfrentar a Andreas Kotelnik, titular de los superligeros de la AMB, con su cinturón en juego.
La única perla negra en el rosario de nocauts del ?Chino? fue con Daniel Carriqueo, que le aguantó todos los rounds, con la salvedad de que Maidana peleó con un anormal peso que lo ubicó dos categorías arriba de la que es natural en él. La potencia se diluyó y le sirvió también para darse cuenta de que las aventuras boxísticas no son el camino adecuado,  al que a veces los conducen la comodidad, o el alejamiento del gimnasio. Por suerte tomó debida nota.
Con este record, el argentino se ha convertido en el retador número uno del ucraniano campeón del mundo -un protegido de la poderosa empresa alemana Universum regenteada por Peter Khöl- quien seguramente montará la pelea bajo su promoción.
Para este último combate antes de enfrentar al campeón, se lo programó con Paul ?La Verdad? Delgado, un buen boxeador pero sin una pegada convincente. A último momento el rival fue cambiado y dos días antes de la pelea, desde México viajó hacia Alemania Silverio Ortiz, un boxeador mediocre que además tenía problemas en dar la categoría, no por demasiado pesado, sino tener que subir unos cuatro kilos para llegar a la división de Maidana.
En dos rounds el argentino lo liquidó. Su estudiada y potente zurda al hígado hizo el trabajo al que nos tiene acostumbrados.
Recorriendo la historia de algunos de nuestros campeones mundiales y las experiencias ganadas al exponerlos ante verdaderos boxeadores nos dejan pensando qué era lo que se pretendía de Maidana en esta pelea preparatoria, a ocho rounds y con un improvisado rival. La respuesta es: un fácil triunfo ante un don nadie, que no le reportó absolutamente nada.
¿Es que han cambiado tanto las tácticas del boxeo? Pascual Pérez cuando le ganó a todos los boxeadores sudamericanos y cuando no le quedó nadie por vencer,  vino el campeón del mundo Yoshio Shirai. Horacio Accavallo estuvo por diez años peleando con quien fuere hasta que finalmente le dieron la chance, con la experiencia de haber peleado con Salvatore Burruni, Salvatore Manca, Chucho Hernández, Júpiter Mansilla y Eugenio Hurtado, ganador de Pascual Pérez. Ni hablar de Locche, Joe Brown, Ismael Laguna, Carlos Ortiz, Sandro Loppopolo, Langston Morgan y Eddie Perkins antes de Paul Fuji. Monzón también tuvo su experiencia internacional aunque no fueron tantos los buenos que le trajeron, igualmente no fue un trámite enfrentar a Bennie Briscoe, Charlie Austin, Tom Bethea, Johnny Brooks y Eddie Pace. Todos estos nombres rutilantes les dieron experiencia y sentido de compromiso a nuestros futuros campeones que bien lo aprovecharon a la hora de la verdad.
En cambio, Maidana tiene una potencia impresionante, pero jamás ha sentido el rigor de la lucha. Ha pegado y ha volteado. No sabe lo que es ?sufrir? una pelea ni nadie lo ha exigido tanto como para que corrija los vicios defensivos que tiene y que nacen de la propia confianza que le da la endeble seguridad de que en los cruces siempre va a ganar él.
No hay nombres para el asombro en su record. Tampoco en los de campeón de mundo. Salvo dos referencias tal vez desequilibrantes; el ucraniano es ganador de Mohamad Abdulayev y de Soulymane M?Baye, ex campeón del mundo que superó cómodamente a Walter Saporiti y destrozó a Pepe Balbi. Es una experiencia que Maidana no tiene.
Se habla de que la pelea podría ser en enero. Allí se verá si sus 24 nocauts le servirán para ser campeón del mundo o, si por el contrario, tanta facilidad le jugará en contra.
Cuando viajábamos en el avión hacia Nueva Orleáns, el entonces director de El Gráfico, Fontanarrosa, sentenció: ?El problema de Ramón La Cruz es que no tiene experiencia internacional?, refiriéndose a la calidad de sus oponentes. Y tuvo razón.

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