?Voy a ver si Lunghi cambia de opinión?

“Y bueno, está bien, no tengo ningún problema”, precisó, muy sereno. “Formamos parte de un espacio y cada uno tiene que ir con el que se siente cómodo”. Seguro de sus chances en las Paso y sin perder la sonrisa añadió: “ahora, luego hay que reconocer el liderazgo que defina la ciudadanía, porque esa es una participación mayor que la de los afiliados radicales…”.

-Se lo ve muy tranquilo, ¿será porque si bien Lunghi es imbatible algunos sostienen que en esa interna presidencial por ahora no lo siguen todos sus  simpatizantes en Tandil?, ¿tiene encuestas?

-No tengo encuestas y no me preocupo. Me preocuparía si Lunghi estuviera con Massa o con Scioli; pero si está con Binner, Sanz, Carrió, no importa, todos vamos a aportar un porcentaje de representatividad. Lo que sí debemos lograr es que esa suma de partes sea una suma aritmética. Eso es más difícil.

-De todos modos un liderazgo de tantos años y en una ciudad como Tandil no es para descuidar.

-Ya vamos a ir a visitar a Lunghi, a ver si cambia de opinión (risas). Tengo que ir.

-Sorprende su calma, ¿puede ser que tenga que ver con lo que se dice por estos días?

-¿Qué se dice?

-Que si Gerardo Morales y José Cano están en condiciones de ganar las gobernaciones de Jujuy y Tucumán respectivamente, lo mejor para la UCR es que Cobos se postule a gobernador en Mendoza.

-Ya lo he dicho: yo voy a presidente nomás, es mi destino. He sido gobernador, vicepresidente, acumulé gestión, antecedentes y ganas, y bueno, me falta eso: la presidencia. Si me lo permiten (risas).

-¿Aunque su partido se arriesgue a perder Mendoza?

-Mendoza no necesita de Cobos para ganar. Tiene buenos candidatos. Para mí lo más importantes es la alternancia, porque permite nuevos liderazgos. Fíjese: sólo Santa Fe y Mendoza no tienen reelección y de ahí venimos Binner, Sanz y yo.

-Pero la presidencia está difícil, Cobos.  No lo quiero desanimar pero parece muy, muy lejana.

-Sí, está difícil, pero el país es dinámico. Mire, en 2003 en Mendoza veníamos de la caída de la Alianza y me pidieron que sea candidato desde el radicalismo. Tres meses antes de la elección, ¿sabe cuántos puntos estábamos abajo? 21. Tapa del diario Los Andes: “Imposible remontar”, “Cobos no puede remontar”. Y ganamos por siete puntos. Falta todavía para la presidencial, mucho. Más de tres meses (risas).

-Hermes Binner es su preferido, ¿no cree que con él harían una fórmula demasiado…

-(Interrumpe) ¿Mesurada?

-Algo así.

-Acá lo que necesitamos es sentido común. No necesitamos construir relato sino realidad. Le cuento: cuando yo estaba de gobernador y Kirchner de presidente, me opuse a la re-reelección de Rovira. Le dije: “Mirá Néstor, te vas a equivocar, lo sé porque vengo de una provincia sin reelección” Al otro día me llamó y me dijo: "Tenías  razón. Lo voy a bajar a Solá y a Fellner, de inmediato”.

-¿Lo tuteaba?

-Siiii. Teníamos buena relación.

-O sea que con Kirchner tal vez el tiempo hubiese dado la posibilidad a una reconciliación.

-Y…a lo mejor. De hombre a hombre uno tiene que decir “te estás equivocando”.

Sus adversarios en Unen deben envidiar la fama que usted consiguió la noche de la 125. Pero, a esta altura, ¿no le pesa que aquel pueda ser el capítulo más importante de su vida? ¿Y que no haya otro?

 -Y bueno, sí, el gran capítulo puede ser si soy presidente de la Nación.  

-Le pesa entonces…

-Yo soy un agradecido, soy fruto de la movilidad social. Mis padres sólo tenían estudios primarios, vivíamos en una casa muy humilde, de dos dormitorios y yo no tenía pieza para dormir, me educaron en una escuela pública -pero buena- y trabajé toda mi carrera universitaria (estudiaba de noche) y con esfuerzo me recibí joven, o sea: las cosas me costaron, pero valoro el esfuerzo de mis padres y eso es lo que quiero para el país: recuperar los valores culturales que hemos perdido.

-Si en una de esas vuelve a dar vuelta la rueda del destino y se repite aquella remontada a la mendocina y es presidente en 2015: ¿se dio cuenta quién le tendrá que poner la banda?

-(Carcajada) Sí, claro.

-¿Y?, ¿Qué le parece?

-¡Problema para Cristina! 

 

Rencor, mi viejo rencor

Sabe, por obvias razones políticas, que Tandil es una ciudad sojera. Pero también “quesera y salaminera” por la que elige pasar cada vez que sale de vacaciones –ha pernoctado varias veces aquí- y le encanta: “Tandil es uno de los paisajes más bonitos que conozco”, asegura.

Sabe también -lo tiene muy asumido- que el afecto público dura menos que el de la militancia.

Está al tanto de que un sector del partido de Tandil celebró la devaluación que decidió el ex presidente Duhalde en 2001con el mismo fervor que su votación en contra de las retenciones móviles y sin embargo aquella empatía con el ahora diputado nacional de alguna forma se diluyó, inevitablemente, con el tiempo. " Es así –justifica- van cambiando las generaciones y las cosas pasan al olvido”.

-¿No cree que tal vez exageró con ese protagonismo casi cinematográfico que tomó al otro día de votar en contra del gobierno?

-La gente lo valora todavía. Ando por todos lados y siempre la gente me reconoce, me agradece y me lo dice. A diario. Siempre hay uno que me lo dice.

-Más allá de los buitres y otros enemigos, ¿es consciente de que Julio Cobos es y será el hombre más odiado por el kirchnerismo?

-Claro, uhhh y fíjese: el bloque mío me propuso para presidir la comisión de Educación en Diputados y me rechazaron. No se puede ser tan rencoroso…

-Pensémoslo a la inversa: si usted era el presidente y Cristina la titular del Senado que termina definiendo en contra una ley clave para su gobierno, ¿la hubiese perdonado?

-¿Sabe qué le hubiera dicho? Bueno, Cristina, arreglame vos el problema.  A ver, decime: ¿qué es lo que hay que hacer? Eso es lo que yo hice con mi vicegobernador. el se sentaba en mi escritorio cuando yo estaba afuera y él iba, firmaba, porque eso tiene que ser un equipo. Una relación de dos.

Luego del 18 de julio de 2008 tuvo que seguir siendo vicepresidente, pero como opositor. Y fue así durante más de tres años. Parecía muy seguro de permanecer en el lugar,  sin embargo…

-Perdón: la pasé re mal, re mal.

-A eso iba. Más allá de lo que siempre dijo: ¿en ningún momento pensó en irse y terminar con todo?

-Irme era lo más fácil. Pero yo prometí cumplir con el período institucional. Y aparte no sabía qué podía pasar, ¿y si el país me volviera a necesitar? Y así pasó, en cierta forma, cuando desempaté por el tema de los jubilados. Decían que el vicepresidente nunca votaba… y yo voté dos veces. 

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