WALTER FERNANDEZ, EX MONTONERO ?Queríamos tomar el poder. No éramos boys scouts?

Los recuerdos no son para nada gratos y Walter era prácticamente un adolescente cuando decidió comenzar a militar, fue durante la época del gobierno democrático peronista en la década del 70. Tenían fuertes ideales, estaban convencidos que había que cambiar al país y que la única manera de llegar al poder era a través de las armas.
-¿Cómo fue su caso?
-Militaba en la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), iba a la Escuela Técnica, junto con Ricardo Cuesta, Omar Marocchi y otros compañeros que están vivos.
Omar desapareció y a Ricardo lo mataron en Bahía. Seguí estudiando en la Normal nocturna y allí la conocí a Andrea Calvo (desaparecida) y a Gustavo Yotti… el tema de él fue algo especial porque le hablamos de la importancia de que empezara a militar en la UES y él lo hizo con muchísima fuerza, convicción y cuando se va de acá, a fines del 75, lo matan en Bahía Blanca. A Carlos Saglul, el hijo de Ovidio y a mi compañera, Mabel, los conocí también en la Escuela Normal, todos éramos parte de la UES.
-¿Qué actividades tenían?
-Acá en Tandil planteábamos lo mismo que los chicos de ?La noche de los lápices?, mejoras en la escuela… Este 24 de marzo le dije a la directora ?la escuela sigue con la misma pintura que en el 74?. Nosotros bregábamos por mejores condiciones, que los salones fueran cómodos, que tuvieran todo, porque para estudiar, educarse, es muy importante el entorno. En este país a la educación cada vez se la tiene menos en cuenta y es por eso que los chicos cada vez aprenden menos, pero nosotros luchábamos por conseguir mejoras.
Después teníamos alguna actividad barrial en conjunto con la Juventud Peronista, trabajábamos también con los chicos, la gente del barrio. Tenía entonces 16 años.
-¿Por qué iba a la escuela nocturna?
-Trabajaba de día, habíamos entrado todos a Magnasco, teníamos muy en claro que veníamos de familias trabajadoras e íbamos a ser parte de una sociedad de trabajadores, entonces nos teníamos que preparar para eso.

DISPUESTOS A MORIR
-¿Qué es lo que buscaban los jóvenes militantes de entonces?
-Queríamos el poder para cambiar el país y equivocados o no, -la discusión se dará en algún momento-, queríamos el socialismo nacional. Y esto no lo oculto más porque cuando se dice en los discursos oficiales que nuestros muertos eran prácticamente boys scouts, pibes buenos qué íbamos a los barrios, sí éramos buenos, teníamos muchos ideales pero la verdad era que queríamos tomar el poder,
-¿Eso significaba terminar con el gobierno democrático?
-En algún momento sí… se puede llegar al gobierno por las urnas pero la toma del poder se hace inevitablemente por las armas y eso fue lo que pasó en los setenta que para enfrentarse a los grandes grupos económicos había que hacerlo a través de las armas.
-Todo es discutible…
-Pero era lo que a nosotros nos movía. Nuestra ideología nos daba fuerzas y era nuestro gran acto de amor, en esos momentos se hablaba mucho de ?dar la vida por?, y era así. Escuchabas a los peronistas y decían ?dar la vida por Perón?. Y estábamos dispuestos a darla, dispuestos a morir, pero a este mundo había que cambiarlo.
En el 75 ya se veía que se había puesto pesada la cosa y llega una orden de irnos todos de Tandil por cuestiones de seguridad ya que el grupo Montoneros había pasado a la clandestinidad. Y era una risa porque, por ejemplo, al papá de mi compañera yo le llevaba todas las semanas el diario del Partido Peronista Auténtico y se lo daba en la mano. Cuando pasa montoneros a la clandestinidad le llevaba el diario pero se lo pasaba por debajo de la puerta.
-¿Qué hicieron ustedes?
-Algunos se fueron a Bahía; Omar y su compañera a Mar del Plata, Quique a Buenos Aires y yo con Mabel y Carlos Saglul a La Plata. Hoy, mirando treinta años hacia atrás, que nos sacaran de Tandil por razones de seguridad y nos mandaran a La Plata, Bahía, Buenos Aires…
-Los lugares más conflictivos
-Nos mandaron a morir. Esa es la verdad, acá hubo una conducción de montoneros que no estuvo a la altura de las circunstancias. Hay cosas que uno no podía entender, por ejemplo que a la mujer de Firmenich la detuvieran y la dejaran en libertad.

LAS CONTRADICCIONES
DE HEBE DE BONAFFINI

-Actualmente hay unos cuantos montoneros en el poder.
-Sí… o al menos eso dicen. A mí me dio mucha vergüenza escuchar a Dante Gullo en el programa de Chiche Gelblung decir ?nunca usé armas?. Pienso que hay que hacerse cargo de lo que hicimos porque los muertos están diciendo ?no nos dejen solos?. Es como que nuestros muertos no valen nada. He discutido mucho con las comisiones, inclusive con Hebe (de Bonaffini) porque hasta hace dos años nos acompañaba a las marchas (Por las marchas contra el hambre de los niños) y en un momento nos dijo que no lo iba a hacer más porque ?el enemigo no estaba en la Casa Rosada?. Recuerdo que, sin faltarle el respeto, porque sus hijos están desaparecidos, le respondí ?Hebe tus hijos murieron pidiendo no este modelo, sino el socialismo nacional. Y este gobierno no tiene nada que ver con eso?.
-¿Cuál es su mirada sobre la señora Hebe de Bonaffini?
-Está entrando en grandes contradicciones. Ella apoyó a este gobierno que dice ser el de los derechos humanos porque en la Esma descolgó el cuadrito, o está llevando adelante juicios cosa -que los vemos bien-, pero se le mueren los pibes de hambre, también los viejos. Tenemos un 37% de pobreza, millones de chicos que abandonan las escuelas y D?Elía que defiende al gobierno y sale a las piñas por Plaza de Mayo. Este gobierno ha instalado esto nuevamente y se enfrenta con distintos sectores, con la Iglesia, con el Vaticano, pero no por fortalecer la democracia sino para acumular poder.

 

LA CONDUCCION DE MONTONEROS
HIZO LAS VALIJAS Y SE LAS TOMO
-¿Qué paso con ustedes fuera de la ciudad?
-Pasamos a formar parte de una célula y era difícil justificar nuestra estadía en La Plata, porque íbamos a estudiar a un colegio secundario cuando nos agarró el golpe y quedamos boyando en La Plata, que estaba llena de militares dando vueltas por ahí…
Nosotros habíamos caído en La Plata en plena época del Rodrigazo, un tiempo muy activo de la organización, nos enfrentábamos todos los días a la burocracia sindical, los centros peleábamos dentro de las facultades, con la UES apoyábamos éstas y otras actividades, de modo que se estaba desempeñando un trabajo muy fuerte. Por otro lado, se veía venir el golpe, Perón ya no estaba, Isabel estaba muy manejada por López Rega y la Triple A funcionando a full en todo el territorio nacional.
-Y ustedes boyando en la ciudad de La Plata
-…después nos dimos cuenta, que la conducción de montoneros no nos estaba acompañando, estaba haciendo las valijas con los dineros de la organización para mandarse a mudar y nosotros estábamos quedando desprotegidos… y así fue cuando llegó el golpe.
Vivíamos con Mabel y Carlos en una Villa en Ensenada, un ranchito que nos habían dado y después del 24 de marzo nos fuimos, de modo que no teníamos un lugar fijo… y fíjese lo que era la mentalidad de los del interior en esa época: no se me ocurría, desde La Plata, salir a la ruta y hacer dedo, era como pensar que estaba en Europa. La única forma que veía para salir era irme a Buenos Aires porque conocía a una familia y de allí subirme al tren y venirme a Tandil.
-¿Lo sentía como una necesidad?
-Y, claro, porque allá habíamos quedado a la deriva y, además, Mabel estaba embarazada, Carlos quedó por otro lado. Salimos de la Plata en junio, fuimos a un campo en Lobería y allí estuvimos hasta febrero. Y así, en medio del campo, vivimos sin enterarnos de nada, y fue una mala evaluación: pensamos que todo había pasado y volvimos. ¡Teníamos tantas ganas de volver!
-¿Qué pasó cuando regresó?
-Comencé a trabajar en un taller mecánico enfrente de mi casa, vivía en 14 de Julio y Constitución, después empecé a trabajar en el Industrial y una tarde se nos apareció la policía de la seccional primera y nos llevó. Fue el 29 de abril del 75. No sabía muy bien lo que estaba pasando hasta que el 1 de mayo nos metieron en el fondo de la comisaría, nos taparon la cabeza con una capucha y nos interrogaron.
Al día siguiente nos llevaron a algún lugar ?que no era La Huerta- y en la causa declaro que esa noche mataron a alguno que parece que era Moreno.
-¿Por qué lo dice, qué escuchó?
-Golpes. Y cuando nos llevan por segunda vez , en esta ocasión a La Huerta, comentaban los guardias que alguien se había escapado y que lo habían matado a golpes, algo así…

 

?CON CARLOS FUIMOS
LOS ULTIMOS EN CAER?

-¿Fue sometido a torturas?
-Sí, la primera vez fue el 1 ó 2 de mayo, querían saber nuestro recorrido en La Plata, no les interesaba lo que habíamos hecho en Tandil. Ahí supe lo que era la picana… pero no imaginaba lo que vendría después.
Con Carlos fuimos los últimos de Tandil en caer… los demás ya estaban muertos… a Yotti lo habían matado y a Cuesta también, Andrea estaba desaparecida en La Plata, Omar en Mar del Plata… fuimos los últimos.
Después de ese 1 de mayo nos llevaron nuevamente a la comisaría y allí nos dejaron 15 días, pero otra vez nos llevaron al fondo, nos colocaron las capuchas y nos llevaron a La Huerta donde estuvimos bastante tiempo.
-¿Cómo era un día en ese lugar?
-Te tenían atado todo el día, las dos piernas y las dos manos, una con una esposa y la otra con tientos, comías sentado en la cama con una mano atada. Al baño ibas encapuchado y después te sacaban de donde estabas y te llevaban a un galponcito para torturarte. Recuerdo que la primera vez que nos torturaron ?por eso le decía que no sabía lo que vendría después- con Carlos nos la aguantamos y después conversábamos que ?si era así nos la bancábamos?. Cuando nos llevaron por segunda vez a La Huerta, eso ya fue una locura. Ahí conocí el terror.
Llega un momento en que querés que te maten, yo lo provocaba al tipo para que me matara, era inaguantable. Además, era la sensación del no saber en qué momento te van a matar porque, encima como estás encapuchado, no ves, pasan cosas alrededor tuyo pero no sabés, en realidad, qué es lo que pasa. Y la picana era terrible, sobre todo cuando nos mojaban porque con el agua se potencia…,  además nos sometieron a otras torturas como el submarino o colgarnos de una cumbrera tomados de un dedo de cada mano. Primero sentís que los brazos se te empiezan a acalambrar y después el dolor es inaguantable porque parece que se te desgarran los hombros. También nos hacían simulacros de fusilamiento, o nos ponían pesos en los pies y nos tiraban al agua, pensábamos que era un río o una laguna y después resultaba que no era más que un charco, pero nosotros al estar encapuchados no lo sabíamos.
-¿Qué pensaba en esos momentos más allá de que quería que todo eso terminase? Porque tenía una mujer a la que no sabía qué le había pasado.
-Y una hija, cuando me detienen hacía una semana que la habíamos bautizado. Pensaba muchas cosas porque vivir así era el infierno. Conmigo había una piba que también era de Tandil, que si tengo posibilidad quiero volver a encontrarla, es una voz de la que no tengo rostro. La escuchaba, había una guardia que nos sentaba a los cuatro que estábamos en una mesa: Carlos, esta piba, un tipo que nunca supimos quién era y yo y cruzábamos algunas palabras. Esta chica la pasó muy mal, porque a ella venían a interrogarla de Mar del Plata y era salvaje lo que le hacían…, tan salvaje que la tuvieron que dejar en el hospital con una hemorragia que se moría. Ella es como que se escapó del mundo, está viviendo en el sur con su pareja y no quiere saber nada… A mí me gustaría poder hablar con ella.
-¿Cuánto tiempo estuvo en La Huerta?
-Aproximadamente dos meses y después me llevaron al penal de Azul (Unidad 7). Allí había dos clases de internos, los presos comunes y los que iban pasando a disposición del Poder Ejecutivo. Nosotros, como comunes, también teníamos el riesgo de que nos volvieran a sacar de la cárcel… de modo que siempre teníamos ese pensamiento, pero hubo una amnistía porque se venía el mundial, nos largaron. En la primera salida se fue Carlos Saglul, entre otros, y yo en la segunda.
Pero me pasó una cosa rara, cuando me tocó salir ?yo veía que los presos se iban tipo las dos de la tarde- era viernes y no me largaban dije ?no salgo?. Trajeron la cena a las seis y alrededor de las 9 de la noche vienen y me dicen ?prepará todo que te vas?. Les digo a los otros presos ?¿qué es esto?? Tenía mis dudas pero los comunes me aseguraban que me iba, que me quedara tranquilo. ¿Tranquilo?, ¿cómo iba a poder estarlo después de todo lo que me había pasado? Cuando llego a la salida, le digo al oficial ¿me permite llamar un taxi? ?De acá no?, me respondió, entonces dije ?no salgo?… tiempo después nos reíamos con algunos amigos cuando les decía que me habían hecho entrar a los garrotazos y salir también.
-No tuvo más remedio que enfrentar la soledad de la noche y la oscuridad ¿qué hizo?
-Salí y empecé a correr cortando campo, encontré un kiosco y como yo tenía plata de la que depositaba mi viejo en la cárcel para la proveeduría, entré, no sabía no dónde estaba parado y lo primero que hice fue comprar caramelos… era como una necesidad de sentir que estaba vivo. Y cuando le conté al hombre del kiosco de dónde venía, me llamó un taxi, así fui a la terminal y cuando llegué a Tandil estaba esperándome mi familia.
-Me imagino lo que debe haber sido el reencuentro.
-No, no se lo puede imaginar.
-Tiene razón, sólo si hubiera vivido lo que usted vivió.
-Exactamente (largo silencio)

HACERSE CARGO
-¿Cómo se vive después de una experiencia semejante?
-Tuve miedo durante muchísimo tiempo, veía un patrullero y me volvía loco… aún después que volvimos a la democracia, veía un patrullero y me convencía de que me estaba siguiendo. Siempre le dije a Mabel ?a mí, vivo no me llevan más?. En una oportunidad, estábamos durmiendo en casa, un barrio de avenida Estrada, y vemos las luces de las linternas filtrándose por las persianas, le dije a Mabel ?atendé?. Le aseguro que si escuchaba mi apellido, no sé, no sé… pero se habían equivocado de domicilio (dice sonriendo)
-¿Ser sobreviviente ?en este caso-, es una carga?
-Con los compañeros muertos fue muy pesado. Y sí, es como una carga porque muchos te miraban como que vos estabas vivo ¿y el compañero por qué no?
Y siempre la pregunta explícita o no de ?¿y vos, por qué te salvaste?? Y qué sé yo porque me salvé… hubo compañeros que hablaron, y sí, a lo mejor, no lo sé.
-En algún momento se puso a pensar en los soldados que no tendrían más de 18 o 20 años, por ejemplo, en Monte Chingolo donde murieron por cumplir órdenes, como ustedes las cumplían. Esos chicos también tenían ideales y un futuro. ¿En alguna oportunidad le causó dolor la muerte de la hija de quince años, de un militar sí, Lambruschini, pero que no tenía nada que ver? Y ahora, ¿dónde se intenta catalogar al asesinato de Rucci como un crimen de lesa humanidad y que al parecer lo habrían cometido los montoneros?, ¿qué siente?
Usted dijo algo muy importante hace unos momentos, hubo un grupo de montoneros que preparó las valijas, se llevaron la plata y los dejaron solos, a la buena de Dios.
-Es que es así y son esas cosas que no se entienden… por eso no me callo más y digo que nosotros queríamos el socialismo, no éramos boys scouts, enfrentamos a Perón, no podemos mentir porque nuestros muertos están. En la quinta (Granja Los Pibes) tengo cuatro piedras con cuatro nombres, mucho antes de que hicieran el monumento (en la Plaza Independencia).
Y respecto a lo que usted comentó, hay algo que a mí siempre me dolió mucho: la mamá de Marocchi también fue muy golpeada ?por decirlo de alguna manera- porque su compañero era militar… era como que Omar hasta tenía malos padres y parecía que el dolor de la mamá de Omar era menor que el de otras madres. El padre lo buscó por todos lados hasta el cansancio y la mamá comenzó a ir a la quinta, esa mujer no tenía ni un lugar donde ir a ponerle una flor a su hijo, entonces un día se me aparece en la quinta y me dice ?si Omar estuviera, estaría trabajando con vos… son parecidos?. A mí me produjo un dolor tremendo y así pusimos las piedras con los nombres de nuestros muertos, de modo que esa mamá tuviera dónde poner una flor. Nunca le hicieron un homenaje a esa señora, a Cuesta recién hace poco en el Partido Peronista, no quise ir porque me pareció producto de una especulación… y la madre de Omar no fue ni será nunca menos madre que otras que también perdieron a sus hijos. Por eso pienso que hay que decir las cosas como son y hacerse cargo de lo que cada uno hizo.

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