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La comunidad educativa de Polivalente le dijo adiós al edificio viejo, en un acto cargado de emoción

En vísperas de la inauguración del nuevo edificio, que será hoy, colocaron una bandera con la leyenda “Por todos estos años compartidos, te decimos gracias” y plasmaron sus manos en la fachada. Así fue que dejaron atrás ese espacio con miles de historias de vida para comenzar una nueva etapa.

Rody Becchi

“Para comenzar algo nuevo es importante soltar y agradecer lo viejo”, fue el lema con el que ayer por la tarde la comunidad educativa de la Escuela Polivalente de Arte se congregó en la puerta del viejo edificio de Alem y Pinto, que los albergó durante tantos años, para simplemente decirle adiós y gracias, a horas de la inauguración del nuevo edificio.

Minutos antes de las 18 colgaron una inmensa bandera realizada con retazos de guardapolvos en la fachada del antiguo edificio, donde podía leerse la frase: “Por todos estos años compartidos, te decimos gracias”.

Poco a poco fueron llegando alumnos, exalumnos, docentes, exdocentes, autoridades actuales y de otros años y todas aquellas personas que formaron parte de esta familia que es Polivalente para compartir sentimientos que sólo aquellos que por allí transitaron pueden comprender. Una larga lucha con miles de obstáculos pero que nunca abandonaron y gracias a la cual hoy están a un paso del nuevo edificio.

Egresados con sus respectivas remeras que se reencontraron, se fotografiaron, se abrazaron y no pudieron contener las risas ni el llanto al rememorar miles de anécdotas que vivieron en ese espacio que es mucho más que un edificio. Fue para ellos un hogar. Su segunda casa. El lugar donde vivieron momentos inolvidables. Miles de historias de vida escondidas en las paredes, en las aulas y en cada rincón de ese espacio al que hoy despidieron con una mezcla de nostalgia y alegría por lo nuevo que está por venir.

Era meritorio entonces despedirse, dejarlo atrás para abrirse camino a algo nuevo, a este sueño que hoy se hará realidad cuando se inaugure el nuevo edificio.

“A Poli viejo lo llevo en el alma y en las lágrimas”

Manuela Rabitti, alumna de sexto año, leyó unas emotivas palabras que escribió a modo de despedida del edificio viejo y expresó que “hace unos días una profe que estaba organizando este evento me llamó y me pidió que escribiera una palabras para leer acá. Inmediatamente pensé: debo hacer de este lugar una poesía, lo mínimo que puedo hacer para devolverle todo el amor que me brindó”.

“No iba a ser sencillo tornar en palabras tantas emociones juntas, entonces me acordé de mi primer día, tenía tanta emoción encima. Desde jardín venía esperando este momento. Mi hermana y hermano también vinieron a esta escuela, así que los vi crecer como artistas desde pequeña, y mi mayor aspiración era poder convertirme en artista como ellos y tener el orgullo de decir ‘voy a Poli’”, afirmó.

Y rememoró que “era el año 2014 y luego de un mes entero de paro, una mañana me levanté y me puse el guardapolvo a cuadritos. Quién iba a imaginar que esa tela iba a terminar por convertirse en una parte de mi piel. Hoy me encuentro acá, cerrando las puertas del Poli viejo, con él dejamos encerradas en el sótano montones de corridas jóvenes y pícaras escapando de clase. Ahora duermen tranquilos los besos adolescentes que algún día fueron dados en algún rincón. El mástil de la entrada se siente solo, ya no hay guitarra que se apoye en él”.

“El altillo extraña ser escondite de travesuras, ya no hay quien juegue al juego de la copa, los espíritus no tienen niños que los invoquen”, señaló.

Asimismo, expuso que “los caños de calefacción del patio reclaman abrazos, el invierno será duro para la biblioteca, no habrá amontonamiento de niños que combatan el frío allí adentro. Las ratas ya no están a disfrazadas de fantasmas, ya no hay quien arme historias de terror cuando se escuchen sus pisadas debajo de las maderas rotas del piso”.

“El miedo ya no tiene a quién asustar porque ya nadie sube las inestables escaleras del altillo”, sostuvo, a la vez que “las bachas del patio se mueren de ganas de inundarse con restos de óleos, pegamentos, pintura y agua. Las canillas no ven la hora de limpiar algún pincel y congelar algunas manos artistas”.

“Algunas plantas me contaron que a veces escuchan al piano llorar, ruega por unas manitos que jueguen un rato con él”, indicó y añadió que “los parlantes siguen con ganas de volver a reproducir bien fuerte las voces de Juanita (Vallarino, exdirectora), de Nancy (Mazza, directora actual) y de Silvana (Castro, vicedirectora), de algún otro alumno que quiera comunicarle algún chiste a toda la escuela o que quiera guitarrear alguna canción”.

“Los calefactores se arrepienten de no haber andado y no haberle dado calor a algunas aulas. El sótano tiene el orgullo de saber que nunca dejará de ser el misterio de Poli, aunque está un poco aburrido, era mucho más divertido cuando escuchaba a los jóvenes susurrar sobre travesuras ahí abajo”, manifestó.

En tanto, sostuvo que “tengo una reunión con el sol en unos días. Hay que pedirle que deje de esperar a que los pasillos del Poli viejo se llenen de atriles, y se traslade ahora al nuevo hogar y sea iluminación de nuevas pinturas”.

“Dejamos en silencio cada partecita que nos dio amor algún día, retumban las risas que algún día sonaron, las guitarras que se tocaron, las clases que se dieron, las luchas que llevamos”, expresó.

“Poli viejo es la escuela que fue catarata, que fue inundación, fue lluvia, fue pared electrificada, fue frío. Fue el gallinero, es la escuela que fue hotel, fue tambo, fue Juanita (Vallarino), fue la (profesora) Jaramillo, fue hogar cálido y dulce. Poli viejo es a cuadritos, a Poli viejo lo llevo en el alma y en las lágrimas”, afirmó.

“Invito a que cada uno arme una mochila en su alama y meta todo el amor que le dejó Poli viejo para recargar de guitarreadas, de besos adolescentes, de corridas pícaras, para enchastrar con arcilla, para llenar de atriles nuestro nuevo hogar, porque para arrancar algo nuevo debemos soltar y agradecer lo viejo”, finalizó, desatando aplausos y cientos de lágrimas.

Por último, todos dejaron plasmadas las huellas de sus manos en la fachada del edificio viejo y se llevaron consigo las ansias de estar presentes en la inauguración que será hoy 10.30.

“Este edificio tiene magia”, dijo una exalumna

Un grupo de egresadas del año 1993 expresó su emoción por dejar atrás el edificio en el que compartió tantos años.

Natalia Naranjo aseguró que “ya lloramos todo. Hemos pasado muchas cosas acá adentro. Eran épocas en que entrábamos a las 7.45 y salíamos 19.30, así que estábamos todo el día acá. Nosotros fuimos la generación que puso la piedra fundamental, hace 30 años”.

Natalia Lodi contó que “nos comunicamos con compañeros que están viviendo en otras ciudades y les estamos mandando el minuto a minuto”.

“Este edificio tiene magia. Polivalente esta acá, el edificio nuevo es muy lindo pero las paredes, los pisos de madera, el altillo, las ratas, todo es una magia que sólo está acá”, expresó.

Mientras que Naranjo recordó que “tenía sus problemas edilicios y tenía complicaciones que rozaban los grandes riesgos. Yo me clavé una tabla con un clavo y me tuvieron que poner la antitetánica. Pasaban cosas de un edificio viejo, por eso hubo que insistir para que llegara el nuevo. Pasa que la despedida de éste implica historias de vida”.

“La pertenencia que tiene este colegio no la tiene ninguno”

Laura Chicopar pertenece a la primera promoción, la de 1978. “Yo fui del grupo que empezó arriba del salón San Pacífico, después a la Cámara Empresaria, luego a 9 de Julio al 800 y finalmente, en este edificio. Además, trabajé y me jubilé acá; fueron 36 años más los 5 de estudiante. Hemos pasado muchísimas peripecias sobre todo para obtener aquel edificio, muchas promesas que no se cumplían, protestas, mudanzas”, recordó.

Y sostuvo que “es muy emotivo porque la pertenencia que tiene este colegio no la tiene ninguno”.

“Fue muy esperado y gracias a Dios, llegó”, dijo la vicedirectora

Virginia Reynoso, una de las profesoras que organizó la despedida del edificio viejo, contó que “hace 30 años que trabajo acá. La idea es agradecer por todo lo vivido en este edificio, hemos pasado mucho tiempo, muchas historias, muchas luchas, entonces nos pareció algo muy lindo poder agradecer el habernos contenido para poder empezar a disfrutar lo nuevo, por lo que hemos luchado tanto. Es una emoción muy grande”.

En tanto, la directora,  Nancy Mazza adelantó que “ya dejamos el edificio preparado, estuvimos decorando, estamos muy ansiosos porque es algo que esperamos hace mucho tiempo y estamos muy emocionados. Esto va a ser un festejo, el edificio está en condiciones para poder empezar, van a quedar algunos detalles de terminación, pero tampoco podíamos esperar más tiempo ni postergar las clases mucho más”

“Fue muy esperado y postergado muchas veces pero gracias a Dios, llegó”, dijo la vicedirectora Silvana Castro.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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