La puja entre la tradición y los derechos de los caballos

Los jinetes desplegaron sus destrezas en el campo de doma.

El Eco

Los primeros meses del año suelen estar marcados por festivales donde los caballos son protagonistas, como el caso de Jesús María en Córdoba, reconocido a nivel nacional, y en el área local la ya tradicional fiesta de La Pastora. Estas muestras de doma y jineteadas si bien resultan parte de la tradición del país, y están en cierta forma arraigadas a la cultura sobre todo campestre, vienen siendo cuestionadas hace tiempo por los grupos que defienden a los animales y están en contra de su maltrato.

Así como tiempo atrás han logrado que se sancione la Ley 27.330, que prohíbe la realización de carreras de perros en todo el país y prevé penas de tres a cuatro años de prisión a quien incumpliera la norma, proteccionistas de todo el país esperan poder lograr algo similar con los caballos.

En su momento, la Protectora de Animales Tandil (PAT) celebró la sanción de dicha ley y formó parte de una reunión con autoridades del Ministerio de Agroindustria de la Provincia de Buenos Aires para impulsar la normativa que termine con las domas, jineteadas y carreras, con el fin de defender los derechos de los equinos.

Gustavo Desiati, presidente de la Protectora de Animales de Tandil (PAT), cuenta que hace mucho vienen luchando para que de forma paulatina se puedan disminuir hasta eliminar en algún tiempo estas actividades. “Si bien es cultural y tradicional, vemos que como ha ocurrido con las corridas de toros en España puede llegar a ocurrir lo mismo acá”.

“Es mucho más difícil, porque está más arraigada la carrera de caballos que la de galgos. Entonces, desde ese punto de vista, el único acuerdo que hemos comenzado a hablar es que la gente vaya tomando conciencia del castigo que recibe el animal, mucho más en la jineteada y en la doma que en la carrera de caballos”, explicó.

Es cierto que a lo largo del país, en las diferentes provincias y ciudades es común que el entretenimiento pase por este tipo de demostraciones donde el caballo se somete al jinete, donde quien lo monta lo golpea con el rebenque y lastima al apretar sus espuelas para lograr su objetivo. También es cierto que más allá de los espectáculos, en el interior el uso del caballo como herramienta de trabajo es casi fundamental y su amansamiento en muchas ocasiones también se logra a partir de golpes o sufrimiento del animal. Para Desiati el problema es el consumo. “La gente que vive en la ciudad está muy a favor nuestro, pero la que vive en el campo lo ve como un divertimento y lo consume. Esto es lo que genera que prospere el espectáculo, además siempre está el gancho de la cooperadora de las escuelas o de alguna ayuda para el hospital, entonces en ese contexto la gente acude al evento”, sostiene. Sin embargo, también asegura que hay mayor conciencia, ya que “muchos creen que van a ver un lindo espectáculo, pero la mayoría se vuelve desilusionada porque ve que hay una violencia excesiva hacia el animal, en algunos casos hasta la muerte”.

En relación al turf, el tema es más complejo aún, ya que es el Estado provincial el que subvenciona la actividad de los hipódromos debido a que esta industria genera empleo para cuidadores, vareadores y jockeys entre otros. De todas maneras, se puede llegar a aceptar en tanto y en cuanto se realicen los controles que garanticen el bienestar de los animales.

Gustavo Desiati, presidente de la Protectora de Animales de Tandil (PAT), se refirió al maltrato animal.


Educar es proteger

Sin ánimos de apuntar directamente a la prohibición de esas actividades, el objetivo de la PAT es ir educando a los chicos y lograr en pocos años que esto quede desactualizado y que caiga solo por su propio peso. “Prohibir es lo mismo que clandestinidad” remarcó Desiati.

A lo largo de todo el año pasado desde el grupo proteccionista llevaron adelante charlas en las escuelas y jardines con distintos resultados. “Un gran porcentaje está de acuerdo, pero hay una porción que lo ve como algo cultural y cree que si se lo elimina se termina la tradición argentina”, cuenta, pero destaca que él pondría la palabra tradición entre comillas, porque lo considera más bien algo totalmente antiguo. “Si la gente llegase a ver morir un caballo de la manera en que muere a veces apoyarían lo que promovemos. Lo que pasa es que la palabra jineteada es muy liviana, el término de las palabras cambia la violencia de la situación”, enfatiza.

Por eso la intención es seguir en la misma línea de trabajo, educando a las nuevas generaciones que ya vienen con otra conciencia y sensibilidad, y de esta forma lograr poco a poco el fin del maltrato de los equinos. Sostienen que dando a conocer el sufrimiento del animal y las consecuencias que esto acarrea, en algunos casos hasta alcanzar la muerte, pueden lograr seguir defendiendo y protegiendo su integridad y derechos.

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  • ElEcodeTandil

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