Llueve sobre mojado: la odisea de caminar los días de lluvia

El Eco

Los días lluviosos son amados cuando podemos quedarnos en casa viendo caer el agua a través de la ventana. Pero, ¿qué pasa si tenemos que salir y andar de acá para allá caminando?

Calles anegadas, autos que salpican, esquinas imposibles de cruzar, si hay viento se arruina el paraguas, gente desprevenida buscando refugio en los techos de los negocios.

Cuando uno circula de a pie en Tandil, puede notar algunas cuestiones. Por ejemplo, en las esquinas en las que no hay semáforos los autos nunca ceden el paso a los peatones. En un acto de coraje sublevado hay que arremeter y cruzar igual confiando en que alguno va a detenerse. Y cuando un automovilista bondadoso se detiene y deja cruzar, el alma del caminante se conmueve ante tan generoso gesto y no para de agradecerle con ademanes, casi con cierta incredulidad frente a ese auto que para que crucemos.

La lluvia intensifica este tema, ya que el peatón queda parado a merced de la lluvia y las salpicaduras por el agua que levantan los vehículos al pasar.

Como muchas calles se llenan enseguida de agua porque los desagües pluviales no dan abasto, la persona que anda caminando deberá improvisar sofisticados saltos  de ballet para llegar a la vereda, u optar por mojarse los pies de lleno.

Claro que estas cuestiones no revisten mayor gravedad, pero sería bueno contar con más solidaridad de parte de los automovilistas, los días de lluvia y todos los días.

Y esperar que no haya anegamientos importantes en las calles de la ciudad, que redunden en el ingreso de agua a los hogares.

Como siempre que llovió paró, al mal tiempo buena cara.

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