Miles de fieles participaron del Vía Crucis de la Familia y celebraron la vida, muerte y resurrección de Cristo

Pasadas las 22, la noche ya se había tornado más fría, pero no impidió que todos siguieran la ceremonia con el mismo entusiasmo que al principio.

El Eco

En una noche de clima ideal, de poco frío, cielo despejado y a 75 años de inaugurado el Monte Calvario, miles de personas se unieron para celebrar juntos el Vía Crucis de la Familia. Con fe incuestionable, familias, grupos de amigos, niños, adolescentes y adultos se congregaron en las escalinatas para compartir una misma intención: recordar la vida de Cristo.

Sobre la avenida Monseñor de Andrea, los alumnos de diferentes colegios ofrecían café, alfajores, rosarios y velas entre otras cosas para juntar fondos. Mientras que los voluntarios de Cáritas recibían las donaciones, con alegría, ya que contaron que este año pareciera que la gente ha tomado más conciencia con la colaboración, dado que la recaudación de alimentos no perecederos resultó muy exitosa.

Las antorchas comenzaron a encenderse apenas pasadas las 20 y a medida que los fieles se adentraban por los caminos de piedra titilaban marcando el rumbo. Con la tranquilidad marcada por la música religiosa que acompañaba a través de los parlantes, los feligreses se abrieron paso entre el bosque, repasando sus oraciones y compartiendo su espiritualidad. Siguiendo la Cruz, que en lo alto con unos ramos de olivos, encabezaba la marcha.

“Por nuestro país y sus representantes”, oraban a través de los altavoces. “La cruz nos enseña a mirar a todos con misericordia y amor”, leyeron las palabras del papa Francisco, justo antes de dar los primeros pasos.

A las 20.30 exactamente con el rezo “En el nombre del Padre, del hijo…”, dio inicio el Vía Crucis repasando la vida, muerte y resurrección de Jesús en cada una de las 14 estaciones.

“Que al seguir tu camino hacia la Cruz, continuemos tu huella hacia un mundo feliz”, leían y el silencio por momentos se hacía más fuerte que los mismos parlantes.

Sentir las Estaciones

Mientras la luz de la luna se colaba entre los árboles, la multitud avanzaba “y no volver atrás”, como decía la canción del coro de la Iglesia del Carmen, formado por un bombo, guitarra y seis voces, que acompañó todo el trayecto.

“Que al seguir tu camino hacia la Cruz, continuemos tu huella hacia un mundo feliz”, leían y el silencio por momentos se hacía más fuerte que los mismos parlantes.

A medida que ascendían, la ciudad parecía tener la misma serenidad que el monte. El camino iluminado serpenteaba sin fin y las voces cantaban “aquí estoy para hacer tu voluntad”.

Los oradores invitaron a los fieles a detenerse, al reflexionar en la cuarta estación, cuando Jesús se encuentra con su madre: “Deja pasar el instante y vive el momento”.

Más adelante, la meditación se orientó hacia la necesidad de ayuda y la importancia del perdón: “La familia hoy está envuelta en un contexto que poco ayuda. El perdón es un regalo”.

Las paradas avanzaron, los caminantes también y entonaron sus rezos en pura introspección.

“Dígnate a abrazar, camina hacia el otro, hacia la valentía”, invitó la oración.

Metros de luces y silencio, Jesús cae por segunda vez en la séptima estación. Todos son invitados a pensar sobre lo que comparten con su entorno: “¿Hacia dónde encaminamos nuestros pasos y corazones?”.

Quitarse las ataduras poniendo la confianza en Dios fue una de las frases que se dio cerca del final. “El amor es lo contrario del temor”.

Un final con olor a café

A los pies del Cristo y copando el playón todos los fieles llegaron a la resurrección. Ahí mismo, los padres Raúl Troncoso, Luis Bove y Marcos Picaroni escuchaban las oraciones y disfrutaban del momento.

“Es un día lindo, una semana donde realmente nos sentimos cerca del Señor y de la Virgen. Nos vamos dando cuenta que cuando los tenemos en el corazón encontramos el camino que nos lleva a la verdad. Debemos dar gracias por este lugar (Monte Calvario), vengo y repaso cómo se fue construyendo y noto que María y Jesús están realmente presentes aquí”, compartió Raúl Troncoso su reflexión con este Diario.

Pasadas las 22, la noche ya se había tornado más fría, pero no impidió que todos siguieran la ceremonia con el mismo entusiasmo que al principio.

El olor a café que ofrecían los estudiantes en las escalinatas resultaba más tentador que al comienzo. “Que los jóvenes encuentren su apoyo en la familia y su camino a la verdad”, fue la reflexión que enmarcó el momento.

“Debemos dar gracias por este Monte Calvario, noto que María y Jesús están realmente presentes aquí”, compartió el padre Raúl Troncoso.

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