Nuevos reclamos tras la denuncia del cuerpo trasladado al osario en el Cementerio de María Ignacia

El Eco

La  reciente denuncia que hizo un vecino de María Ignacia contra funcionarios del Gobierno municipal por mal desempeño del cargo público tras descubrir que movieron los restos de su abuelo, que se encontraban en un nicho en la pared en el cementerio de María Ignacia (Vela), a un osario por una presunta deuda, removió viejas heridas de otra vecina que años atrás sufrió un hecho similar pero nunca lo denunció.

Se trata de Carmen Alicia Cano, cuyo suegro murió en 1957 y su cuerpo se encontraba en un nicho en la pared del Cementerio de Tandil.

Según relató a El Eco de Tandil, cuando hacía 25 años que se encontraba allí, los familiares solicitaron reducir el cuerpo, pero no les permitieron hacerlo bajo el argumento de que estaba intacto y no era conveniente.

“Entonces lo dejamos y seguimos pagando.  De hecho, si nos lo hubieran  permitido aún estaríamos pagando.  Ibamos cada 15 días pero un día fuimos y estaba el nicho vacío”, contó.

Explicó que eso les produjo una “amargura terrible”  y aseguró que todos los años abonaban la suma correspondiente. “Habíamos pagado 30, por supuesto que íbamos a pagar 31. Y no había papel, no había aviso, no había nada. No nos notificaron”, lamentó.

“Tiraron los restos

al osario”

“Era muy notable que el nicho estaba vacío porque justo era el segundo de la orilla, lo vimos ni bien entramos. Me agarró tanta bronca que le tomé aversión al Cementerio. Fuimos a hablar y no nos dieron respuesta y no hicimos juicio tampoco. Los empleados no tienen la culpa, no podemos enojarnos con ellos”, afirmó.

En cuanto a los restos de su suegro, aseguró que “los tiraron al osario” y el único consuelo que les quedó fue que estaba con el hermano, “que también lo tiraron al osario pero en ese caso no habían pagado”.

Si bien del hecho ya pasaron 30 años, expresó que “algo que te queda, el dolor no se va más”.

Y consideró que “no quisimos hacer juicio ni nada porque en realidad no tiene sentido”. En ese contexto, opinó que el vecino de María Ignacia que hizo la denuncia de que trasladaron a su abuelo al osario, “se va a amargar, no va a lograr nada, porque si ya lo tiraron al osario no se puede hacer nada. Le aconsejo que no vale la pena, que si  él amó a su abuelo no tiene sentido hacer más nada”.

No obstante, admitió que “igualmente no corresponde lo que hicieron y la bronca te queda por siempre. No se puede explicar lo que se siente al ver el nicho vacío”.

“Esas injusticias me ponen mal y peor aún cuando nosotros fuimos a decir que lo queríamos reducir a los 25 años y no quisieron. Si lo hubiéramos reducido, podríamos haber llevado las cenizas a nuestra casa o arrojarlas en algún lugar”, lamentó.

Confió que la publicación del caso de María Ignacia en El Eco de Tandil le hizo revivir toda su historia y una herida que nunca se cerró.

Además, recordó que era común que se pusiera un papel en el nicho avisando cuando iban a retirar el cuerpo, lo cual en su caso no sucedió ya que ellos concurrían cada 15 días al Cementerio, con bastante frecuencia.

“Correspondía haber puesto un papel o habernos avisado cuando fuimos a pagar. Pero es lógico que si uno pagó 30 años va a seguir pagando”, aseguró.

 

 

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