Un informe de la Cepit refleja el bajo porcentaje de mujeres en la industria del software

Es bajo el porcentaje de mujeres trabajando en la industria del software, según el informe elaborado por la Cepit.

El Eco

La igualdad de género dentro del mundo IT, las ciencias de la computación y la industria del software es todavía una deuda pendiente. En Tandil, por ejemplo, dos de cada diez estudiantes de la Facultad de Ciencias Exactas son mujeres, mientras que en la carrera de Ingeniería en Sistemas, por cada 20 estudiantes tres son mujeres. Dentro de las empresas, el número es más difícil de rastrear: según la Cepit, a grandes rasgos, se puede asegurar que del total de los trabajadores del sector el 20 por ciento son mujeres.

La brecha de género en disciplinas relacionadas a la industria del software no es una problemática de Argentina sino una realidad en todo el mundo: según la organización internacional Girlswhocode, de cada cinco graduados en ciencias de la computación solo una es mujer. Mientras tanto, las empresas del sector demandan personal femenino para ampliar la diversidad de miradas y muchas organizaciones buscan incentivar a las más jóvenes a mirar hacia el futuro a través del estudio de carreras afines a la tecnología. El desafío está planteado.

Cifras

Pese a que gran parte del trabajo del futuro va a requerir conocimientos de informática, cada vez menos mujeres eligen estudiar Ciencias de la computación o carreras afines. Así lo demuestra un estudio sociológico realizado por la Fundación Sadosky en 2014. El estudio confirma, además, que lo que en la década del ‘40 fue considerado una profesión femenina -la programación-, hoy es un área en donde predominan con fuerza los hombres. Entre las estadísticas que brinda el informe se encuentra el porcentaje de mujeres en las carreras de ciencias de la computación y licenciatura en ciencias de la computación en la Universidad de Buenos Aires (UBA) a través de los años: en la década del ‘60 eran el 67 por ciento, en los ‘70 el 75 por ciento, en los ‘80 el 61 por ciento, en los ‘90 el 46 por ciento, en la década del 2000 el 19 por ciento y en 2010 apenas el 11 por ciento.

En Tandil, según cifras de la Facultad de Ciencias Exactas de la Unicén, en 2018 de un total de 1677 estudiantes, 400 son mujeres (un 23,8 por ciento). Ese número se mantiene estable desde 2014. Las carreras más elegidas son la Ingeniería en Sistemas (de 977 alumnos 142 son mujeres), la Licenciatura en Educación Matemática (de 101, 75 son mujeres) y la Tecnicatura Universitaria en Desarrollo de Aplicaciones Informáticas (de 278, 49 son mujeres). En cuanto a la Tecnicatura Universitaria en Programación y Administración de Redes, solo 4 de 44 son mujeres, mientras que en el Profesorado de Informática, 11 de 26 alumnos en total son mujeres. A partir de estos números, que no varían de forma significativa desde 2014, se puede asegurar que las mujeres en mayor medida se inclinan por carreras ligadas a la docencia.

Mujeres
se buscan

La Cámara de la Industria Argentina del Software (Cessi) estima que cada año hay unos 5000 puestos de trabajo que no se ocupan en la industria del software por falta de profesionales. Y muchos de esos profesionales faltantes son mujeres. ¿Por qué el mercado laboral demanda ingenieras y profesionales mujeres en programación? Porque el gran porcentaje de hombres dentro de las empresas no permite una correcta diversidad de miradas, ni la potencialidad de la variedad de puntos de vista valiosos.

¿Qué pasa en Tandil? Todavía el número de mujeres dentro de las empresas del sector es muy dispar en relación al número de hombres. Según datos de la Cepit, alrededor del 25 por ciento del total de trabajadores del sector es mujer. Lo mismo sucede dentro de los espacios de mando y decisión: dentro de los 12 integrantes de la comisión directiva hay una sola mujer (la realidad es similar a la de la Cessi, una institución que trabaja a nivel nacional). Pese al poco acceso de mujeres al sector, tanto Cepit como los trabadores del sector coinciden en que hombres y mujeres cuentan con las mismas condiciones de trabajo y que los sueldos, como sí sucede en otros ámbitos, no difieren si un trabajador es hombre o mujer: todos cobran igual remuneración por igual tarea. “Nunca hacemos diferencia por género, ni en las entrevistas ni tampoco en el sueldo. Todos tienen las mismas oportunidades de crecimiento. De hecho hay muchos gerentes/directores en la compañía que son mujeres”, explicó un gerente y account manager de una de las empresas más grandes que se instaló en la ciudad y que integra, además, la Cepit. Una de las trabajadoras de la misma empresa aseguró, por su parte, que nunca tuvo un trato distinto por ser mujer, ni durante sus años de estudio ni ahora como empleada del sector, y que la remuneración que recibe es la misma que la de cualquier compañero.

Motivos

En una columna escrita por Sabina Schneider, executive vice president de Globant, y publicada en el portal CanalAR, la autora explica que durante los años ‘40 la programación era considerada como una profesión femenina. Sin embargo, luego de la Segunda Guerra Mundial, los salarios comenzaron a incrementarse y se relacionó a la actividad como un desafío a nivel intelectual, razón por la cual los hombres empezaron a interesarse en la programación. Además, la llegada al mercado masivo de las computadoras personales y el marketing realizado por sus vendedores resinificó su uso, lo asoció con el entretenimiento y puso el acento en esa actividad como “cosa de hombres”. Con el tiempo, esa tendencia fue en aumento -reforzada, incluso, a través de la construcción cultural de la figura del “nerd” o el “geek”, que siempre fue masculina- hasta llegar a las cifras actuales.

El desbalance, hoy significativo, empezó a movilizar a las propias mujeres y alertó incluso a la industria, siempre a la búsqueda de profesionales femeninas. ¿Por qué aun hoy son pocas las mujeres que eligen estudiar ciencias de la computación? “Porque los perjuicios y la falta de apoyo de sus contextos, hacen que (las mujeres) consideren que es muy complicado y relacionan que lo complejo ‘es para varones’. Esto último se justifica en que actualmente tanto en las universidades como en las empresas hay una amplia mayoría masculina, generando un círculo vicioso”, explica Schneider.

Presente y futuro

Bajo el lema “Transformemos la Industria del Software”, Chicas Programadoras busca, a través de clubes gratuitos para chicas de secundaria que se realizan en distintos puntos de Buenos Aires, enseñar a programar y transmitir el entusiasmo por la informática y su potencial transformador. Durante los encuentros, las adolescentes juegan con la tecnología y pueden crear aplicaciones en poco tiempo. El objetivo del programa, impulsado por la Cessi, es empoderarlas y ayudarlas a ganar confianza en sí mismas durante los años en los que deciden, en general, qué tipo de carrera profesional o futuro laboral que quieren tener. Esta no es la única experiencia que busca equiparar la participación de hombres y mujeres tanto en las aulas como en las empresas. A esta iniciativa se suman Media Chicas y Chicas en TICs, por un lado, y las distintas mesas de género que diferentes cámaras y organismos de todo el país organizan sobre la temática. En Tandil, la decana de la Facultad de Ciencias Exactas explicó que el tema está instalado dentro en toda la Universidad. “Se ha aprobado un protocolo que incluye las cuestiones relacionadas con género y hemos tenido una etapa de sensibilización. Nuestra facultad ha estado muy activa y muy presente en toda esa etapa, y participaron tanto varones como mujeres”.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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