Críticas al juego “peligroso” del gobierno independentista catalán

Desbordado por la violencia de su base más radical, el gobierno independentista catalán fue acusado de practicar un doble juego “peligroso”, un año después de la fallida tentativa de Cataluña de separarse de España.

Independentistas radicales intentaron –el lunes- irrumpir en el Parlamento catalán.

El Eco

Hace un año, la violencia de los policías enviados por Madrid para evitar el referéndum de autodeterminación ilegal del 1 de octubre daba la vuelta al mundo.

Pero en el primer aniversario, las imágenes reproducidas en todos los medios eran las de independentistas radicales intentando irrumpir en el Parlamento catalán, rechazados por cargas de los Mossos dEsquadra, la policía controlada por el ejecutivo regional.

Los enfrentamientos ocurrieron al cierre de una jornada de movilización callejera liderada por los llamados Comités de Defensa de la República (CDR), defensores de la vía de ruptura unilateral con España.

Abucheado por los manifestantes frente al Parlament, el propio presidente catalán, el separatista Quim Torra, había saludado horas antes a los “amigos” de los CDR, diciéndoles: “Hacéis bien en apretar”.

Esto le valió una dura reprimenda del gobierno central español este martes.

“La política catalana tiene que volver al Parlament. El presidente Torra debe cumplir con sus responsabilidades y no poner en riesgo la normalización política alentando a radicales”, tuiteó el socialista Sánchez.

“La violencia no es el camino”, abundó.

 

Ultimátum de Torra a Sánchez

 

Mientras su gobierno aparca la vía unilateral hacia la secesión fracasada en 2017 y negocia con Sánchez, Torra mantiene en público un discurso encendido llamando a la movilización permanente de los suyos.

En un discurso ante el Parlamento regional, Torra marcó distancias y exigió que la protesta “sea siempre no violenta”.

Pero lanzó un ultimátum a Pedro Sánchez: si no ofrece en un mes un referéndum de autodeterminación pactado a Cataluña, los partidos independentistas le retirarán su fundamental apoyo en el Congreso español, donde los socialistas solo disponen de 84 diputados sobre 350.

“La paciencia de los catalanes no es infinita, el margen del presidente Pedro Sánchez se ha terminado”, afirmó.

“La cúpula independentista practica un doble juego insostenible”, acusó el martes en su editorial el diario catalán El Periódico.

Para Oriol Bartomeus, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Barcelona, Torra está jugando a algo “muy peligroso”.

“En el fondo yo creo que Torra comparte la idea de los CDR, lo que pasa es que sabe perfectamente que por esta vía el independentismo pierde”, señaló Bartomeus, estimando que el secesionismo está dividido porque “está desorientado” y “no tiene un horizonte”.

Los únicos con un plan claro, añadió, son los radicales “defensores de romper, de provocar y de desobedecer” que lideraron las últimas protestas.

Además de los incidentes del lunes, el sábado ya se vivieron choques con la policía catalana cuyo director advirtió que han detectado un “cambio de comportamiento en algunos grupos radicales que buscaban claramente la confrontación”.

“El discurso del gobierno de Cataluña como tiene poco que ver con la realidad, genera frustración y violencia en los seguidores más radicales”, fustigó Miquel Iceta, líder de los socialistas catalanes.

 

Puigdemont critica la violencia

 

Hace un año, un frente independentista unido impulsó el referéndum de autodeterminación ilegal, con el que justificaron el 27 de octubre la proclamación de la independencia de esta región de 7,5 millones de habitantes.

Pero la república catalana no se materializó y el gobierno español, dirigido entonces por el conservador Mariano Rajoy, no tuvo problemas en destituir al presidente regional Carles Puigdemont y su ejecutivo y disolver la cámara para convocar nuevos comicios.

Siete de los responsables de ese intento de secesión, como el mismo Puigdemont, se encuentran ahora en el extranjero y otros nueve están en prisión a la espera de ser juzgados por rebelión, delito por el que pueden condenarles a hasta 25 años de cárcel.

Ahora, el campo secesionista está partido entre quienes apuestan por continuar con la vía de ruptura unilateral y los partidarios del diálogo iniciado por Torra con el gobierno español del socialista Sánchez.

Incluso Puigdemont, que pareció primero marcar distancia con la estrategia de la negociación, criticó después la violencia del lunes.

“Si van encapuchados no son del 1-O [1 de octubre]. Si usan la violencia no son del 1-O. Nosotros lo hicimos a cara descubierta y de forma pacífica”, tuiteó. AFP-NA

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