El gobierno de Nicaragua tomó el control de la ciudad de Masaya

Fuerzas leales al presidente Daniel Ortega celebraron la toma de control de la ciudad rebelde, tras una violenta batalla de seis horas, al acercarse el 39º aniversario de la Revolución Sandinista.

Policías y paramilitares encapuchados recorrían la ciudad en camionetas.

El Eco

 

Policías y paramilitares encapuchados fuertemente armados recorrían la ciudad en camionetas, mientras otros limpiaban las calles de los adoquines usados en las barreras levantadas por manifestantes antigubernamentales que habían tomado la ciudad.

El tráfico recuperó algo de normalidad en Masaya, 30 kilómetros al sur de Managua, mientras pobladores circulaban por las aceras y algunos negocios volvieron a abrir.

Sin embargo, un organismo de derechos humanos denunció que unos 200 pobladores huyeron por las laderas de la laguna de Masaya perseguidos por la policía por su participación en las protestas.

“En este momento, estas personas que se refugiaron en el bajadero (laderas) de la laguna de Masaya están siendo perseguidos para su captura por la policía y paramilitares, que están usando perros para su búsqueda”, dijo el secretario de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), Álvaro Leiva.

Masaya fue el último bastión opositor tomado por las fuerzas gubernamentales, en medio de la ola de protestas iniciada el 18 de abril en Nicaragua, en las que han muerto unas 280 personas.

 

Disparidad de cifras

 

No quedó claro cuántas personas murieron en la toma de Masaya.

El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) documentó dos muertos, mientras el gobierno informó de un policía fallecido, aunque una pobladora comentó a AFP que fue “una masacre”. Un paramilitar aseguró que no hubo víctimas fatales.

“Fue una batalla de casi seis horas el día de ayer (martes), y la idea fue desalojarlos para que tengan la ciudad libre (de) los tranques”, afirmó a AFP Francisco, un paramilitar de 45 años que participó en el violento operativo realizado para recuperar el control de Masaya.

Francisco aseguró que “la población lo recibe bien y nos lo agradecen”.

Los paramilitares encapuchados con armas de grueso calibre y camisas azules celebraron la victoria, echando vivas a Ortega.

Livia Castillo, una ama de casa de 38 años, advirtió que “no sabemos (lo que va a pasar), yo me siento muy asustada, nunca había pasado esto. Tengo un hijo varón de 16 años, y tengo miedo de que se lo lleven. Nos sentimos muy tristes”.

“Ya nos ganaron la batalla (aunque) los muchachos dicen que no están derrotados, que van a seguir, pero nosotros como madres nos preocupamos por nuestros hijos, porque andan muchos jóvenes”, dijo Castillo.

 

El último bastión

 

Otros vecinos de Masaya celebraron la operación que removió a los manifestantes.

“Ya gracias al Señor todo se compuso, porque volvió la paz. Esas personas malas que busquen cómo pagar el daño que hicieron (…) solo esperamos prosperidad y trabajar, nada más, y que vuelvan los turistas, que no tengan miedo”, dijo a AFP Giovania Valitán, 34 años.

El ataque a Masaya fue un abierto desafío a la comunidad internacional, que en los últimos días intensificó los llamados a Ortega a cesar la violencia.

Los choques del martes estuvieron centrados en el barrio indígena Monimbó, cuna de la rebeldía de Nicaragua que encendió la chispa de la insurrección popular que el 19 de julio de 1979 derrocó al entonces dictador Anastasio Somoza.

El actual presidente Ortega emergió entonces como líder de la Revolución Sandinista. Pero 39 años después y nuevamente en el poder, enfrenta cuestionamientos por la violenta represión a los manifestantes.

El secretario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Paulo Abrao, comentó a AFP que la situación en Nicaragua continúa “alarmante”.

“Hay una escalada de la violencia y una diversificación de las formas de represión. Ahora hay secuestros, toma de tierras, invasión de casas en las madrugadas. La situación de Nicaragua es alarmante y cada día empeora aún más”, advirtió Abrao.

 

Operación limpieza

 

La toma de Masaya forma parte de la llamada “operación limpieza” que policías y paramilitares iniciaron semanas atrás para desalojar de las calles a los manifestantes que exigen la salida del poder de Ortega, de 72 años, que gobierna desde 2007.

Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, son acusados por sus opositores de instaurar una dictadura que controla todos los poderes del Estado.

La policía tiene “el compromiso de limpiar los tranques (bloqueos de vías) a nivel nacional al costo que sea”, dijo horas antes de los ataques el jefe de la policía de Masaya, Ramón Avellán.

El secretario de la presidencia nicaragüense, Paul Oquist, aseguró a AFP en Bruselas que “el intento de llevar a cabo un golpe de Estado en Nicaragua ya está acabado” y abogó por terminar de resolver la crisis mediante el diálogo. AFP-NA

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