La última gran batalla de ETA

El Eco

Barcelona (Télam) La disolución de la organización separatista vasca ETA, que presumiblemente se materializará el primer fin de semana de mayo, deja un último “frente” abierto en la sociedad vasca, la política y el mundo cultural, que pugnan por escribir los renglones de la historia sobre la verdad de lo ocurrido durante cinco décadas de violencia.
En las ciudades y pueblos vascos, en sus mercados, bares, playas, conviven víctimas y victimarios, testigos y protagonistas de un pasado de terror que dejó más de 900 muertos, en su mayoría por la violencia del grupo separatista, que mató a 850 personas en su afán por crear un País Vasco independiente de España y Francia.
En el corazón de la turística ciudad de San Sebastián, un día tiene lugar un emotivo homenaje a una víctima de ETA y, al siguiente, un grupo de personas victorean a un etarra recién salido de prisión tras cumplir una larga condena por delitos de sangre.
Sucede pacíficamente, pero no sin polémica. La mayoría de la sociedad vasca pide que acaben los actos de enaltecimiento.
Desde que hace seis años y medio tres encapuchados anunciaron que ETA cesaba su actividad armada, el País Vasco intenta cerrar sus heridas, saldar cuentas con el pasado, reparar en lo posible el daño y consensuar un relato común, de cara al futuro.
Aún quedan crímenes sin resolver, más de 300 etarras en prisión, y resentimiento, tanto de víctimas que reclaman Justicia y que no aceptan el perdón de ETA, como de las que piden reconocimiento por los crímenes cometidos por el Estado.
El pasado 20 de abril, en la antesala de su disolución, el grupo separatista dio un paso histórico, esperado hace mucho tiempo, y emitió un comunicado pidiendo perdón y admitiendo el daño y el sufrimiento infligido. Sin embargo, el pedido de perdón vino acompañado de un intento por justificar su pasado violento.
“La ‘batalla por el relato’ es el desafío más importante que tiene por delante la sociedad vasca y española una vez que ETA desaparezca por completo. Nos jugamos mucho”, dijo a Télam el historiador Santiago de Pablo, autor de numerosos libros sobre el nacionalismo vasco.
El fin de ETA es un hecho histórico que marcará un hito, de ahí el temor tanto del gobierno español como de las asociaciones de víctimas, de que el grupo lo utilice para contar los hechos de forma que pueda blanquear su pasado.
A la historia de la “guerra entre dos bandos”, se contrapone la de una “organización criminal” que en plena democracia, basándose en unos supuestos derechos históricos del País Vasco, asesinó e impuso el terror sobre personas inocentes.
“Es importante tener en cuenta si ETA presenta su disolución como algo voluntario o acepta que han sido derrotada”, sostiene de Pablo. “Muchos motivos explican la disolución, pero hay uno claro, que es la derrota policial y social, ya que el entorno que durante mucho tiempo dio apoyo a ETA se dio cuenta de que la situación era insostenible”, apuntó el catedrático de la Universidad del País Vasco.
Cerrar medio siglo de violencia no será fácil, y la reconciliación llevará décadas. Pero la convivencia se afianzará con las próximas generaciones, las que sólo conocen el terror por los relatos de lo ocurrido.
En su última obra, “Creadores de Sombras”, de Pablo aborda el tratamiento que se hizo de ETA a través del cine a lo largo de la historia, y, en ese sentido, destaca que en los últimos años proliferó la filmografía que intenta hacer una “justificación histórica” de la existencia del grupo armado.
Uno de los ejemplos es el polémico documental “Ventanas al Interior”, que cuenta la vida de cinco presos de ETA desde “el punto de vista humano” pero sin autocrítica.
“Desde el entorno se preparó la pista de aterrizaje”, subraya de Pablo, quien recuerda, por ejemplo, que en su comunicado más reciente ETA afirma que el bombardeo de Guernica, durante la guerra civil española, era el origen de la organización, cuando “no tiene absolutamente nada que ver”, ya que “los que sufrieron ese ataque eran luchadores contra el franquismo, nacionalistas y socialistas que en su inmensa mayoría actuaban por medios pacíficos”.
En la disputa por el relato, el cine y la literatura tuvieron un papel central, que evolucionó como reflejo de la propia sociedad vasca, mientras la política viene un poco por detrás.
“Al principio de la Transición a la democracia, se tendía a ver a ETA como un grupo de guerrilleros románticos, que luchaban por la libertad, a los que no había que condenar. Poco a poco aparecieron las críticas, hasta que hubo un planteo más claro que situaba a ETA como banda criminal y que comenzó a recoger los testimonios de las víctimas, que estaban ausentes”, dijo de Pablo.
Según el historiador, en esta “guerra” por el relato hay tres bando, incluyendo uno que quiere que quede claro que ETA es un grupo criminal derrotada y otro, la izquierda abertzale (patriótica), que durante años apoyó a ETA y que ya no defiende la violencia y admite que ha sido un mal para la sociedad vasca.
“El tercer espacio es el de la reconciliación, que mete todo en el mismo saco y dice que la violencia de ETA fue la peor, pero hay que enmarcarla en otras violencias ejercidas, como el terrorismo de Estado de las GAL. El problema de este planteo es que existe el riesgo de que la responsabilidad de ETA quede diluida”, advierte este historiador.
“La pelota vasca”, de Julio Medea, en 2003, es uno de los trabajos cinematográficos más comprometidos con el intento de analizar la complejidad de lo ocurrido, en aras de la reconciliación. Pero “Patria”, el reciente libro de Fernando Aramburu, en el que se afirma que “matar por un ideal es un crimen”, ya se convirtió en un hito.

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