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Necrológicas

V JUAN CARLOS VILLAGRÁN (RAÚL)

Un 12 de julio de 1952 nacía, en Balcarce, Juan Carlos Villagrán. Hijo de Juan y “Chila”, creció junto a sus tres hermanos en las calles de esa ciudad hasta que, en su adolescencia, decidió emigrar hacia Mar del Plata en búsqueda de nuevos proyectos y aspiraciones.

Allí, con su corta edad, se desempeñó en diversas labores que fueron desde mozo de un hotel prestigioso hasta encargado de un expreso. Aunque su vida ya estaba encaminada, nunca abandonó su sueño de jugar al fútbol, deporte que aún trabajando seguía practicando con amigos.

Rondando el año 1987, conoció al amor de su vida: Beatriz, a quien persiguió hasta Tandil, dado que ella era oriunda de aquí. Este amor siguió creciendo hasta que, a mediados de los ´90, él decidió radicarse en la ciudad, para poco después casarse con Beatriz y tener a su primer y único hijo: Juan Augusto, a quien crió de forma excelente, estando siempre muy presente y apoyándolo, junto a Beatriz, en todos sus proyectos.

Juan Carlos “Raúl” (para su familia de Tandil) fue un hombre muy bueno, honesto, humilde, y muy generoso con todos. Estos adjetivos, entre muchos otros, fueron los que lo llevaron a cosechar muchos amigos y a ser una persona muy querida por su familia, la cual hoy, a casi un mes de su inesperada partida, lo recuerda con mucho cariño.

“Querido papá, pronunciando estas palabras siento que te tengo un poco más cerca y que mi dolor se alivia un poco. Perder a un padre no es algo fácil de superar, y menos con 20 cortos años. Nos quedaron muchas cosas por hacer: viajes de pesca, de paseo, idas a la cancha, entre otras tantas. El que te hayas ido tan de pronto no me deja más que tristeza y dolor, pero también, a su vez, tengo tranquilidad porque sé que fuiste una persona feliz y que nos acompañamos siempre en todo momento, desde que empecé con el fútbol, allá por la niñez, hasta la reciente entrega de diplomas del secundario. No me queda más que agradecerte por el legado que me dejas, lleno de valores, enseñanzas, vivencias y mucho respeto. Te pido seas la luz que nos guíe desde el cielo y que en paz descanses querido viejo”.

 

V MARÍA DELIA DÍAZ VIUDA DE RODRÍGUEZ

Días atrás falleció la señora María Delia Díaz viuda de Rodríguez. Había nacido en Tandil, en el año 1934. Con el paso del tiempo se casó y fue madre de once hijos, para los que trabajó incansablemente con el fin de poder criarlos y soportando el dolor más grande que fue la pérdida de cuatro de sus hijos, en distintas ocasiones.

Vivió en Las Tunitas, un barrio muy popular donde era una reconocida vecina de la comunidad. Quedó viuda en julio de 2015 y desde entonces vivía con una de sus hijas. Falleció el pasado 26 de febrero de 2019, luego de padecer la enfermedad de Alzheimer desde hacía varios años, dejando inmenso dolor en sus hijos y familiares.

 

V JULIO OSCAR CAVALLI

Julio Oscar Cavalli, más conocido como “Cacho”, nació en María Ignacia, el 26 de marzo de 1935, y fue el menor de dos hermanos. A los 5 años se fue a vivir a la localidad de Gardey, de donde nunca más se fue. Solía decir que ese era su lugar en el mundo.

Fue donde comenzó a trabajar a los 18 años; donde jugó al fútbol en la Primera división de Racing Club de Gardey; donde inició una familia junto con Margarita Acacio, casándose el 20 de julio de 1959. Fruto de ese amor nacieron tres hijos, los cuales le dieron siete nietos y dos bisnietos. En los casi sesenta años de matrimonio, no sólo vio a sus hijos, nietos y bisnietos crecer, sino que también pudo ver crecer a tres generaciones diferentes de casi todas las familias de la zona, gracias al kiosco frente a la escuela primaria, negocio que con muchísimo esfuerzo abrió el 12 de febrero de 1965 y que desde entonces nunca cerró sus puertas.

“El 27 de febrero nos dejó una excelente persona. Un buen padre, un gran abuelo, a quien más de una vez pude considerar un amigo. Nos deja el alivio que todo lo que vivió, lo hizo con la mayor conciencia y con el afán de no molestar a nadie a la hora de vivir. Me queda la deuda pendiente -no importa cuántas veces más lo pudiera volver a ver- de una charla más, unas risas más, un chiste más, un gol más que no veía por ir a atender el kiosco. Nos volveremos a ver, y nos reiremos mucho, como siempre. Hasta siempre Cachito”.

 

V SUBTENIENTE DOMIGO HORACIO BIDEGAIN

Nació en Tandil, el 19 de octubre de 1924, y desde los 21 años se desempeñó como policía de la Provincia de Buenos Aires. A los 24 años, se casó con Irinea María Iñiguez, con quien formó una hermosa familia por 70 años y tuvieron cuatro hijos varones: Jesús Alberto (f), Miguel Ángel (f), Raúl Horacio y Juan Domingo.

Con el tiempo se sumaron sus hijas políticas, Susana Bustamante y Norma Beatriz Izarriaga, luego llegaron los nietos, bisnietos, tataranietos, sobrinos, familiares y amigos.

En sus ratos libres se dedicaba a nacarar volantes de autos, camiones y de colectivos, siendo él colectivero de la Línea 500.

A los 51 años se retiró de la policía con el cargo de Sargento, con retiro activo, y comenzó junto a su hijo “Cacho”, el más pequeño, a cortar montes leñeros. Esa era su pasión, por eso cortó leña hasta los 84 años y viajaba en su camioneta.

Fue una persona intachable, muy conocida y querida, que falleció a los 94 años con una lucidez total. Que en paz descanse.

 

V ANGÉLICA ANA MALINARICH

El pasado 22 de febrero se produjo el deceso de Angélica Ana Malinarich, generando una profunda consternación entre familiares, amigos y vecinos.

Había nacido en Tandil el 14 de marzo de 1926, siendo hija de Antonia Barac y Esteban Malinarich. Su padre era empleado canterista y su madre ama de casa, y tenía ocho hermanos más: Juan, María, Carlos, Nene, Luisa, Tomasito, Vera y Rosita.

A los 32 años se casó con Juan Manuel Alfonso, el 20 de septiembre de 1958, y tuvieron un hijo, Jorge Eduardo Alfonso, quien a su vez le dio un nieto: Yonathan Jesús.

Angelita, como la llamaban, trabajó en Textil Sanllorente, como bordadora. En marzo de 1985 ingresó como portera en el Jardín 904, del cual se jubiló en octubre de 2001, ganando así, reconocimiento por su tarea, dedicación y el inmenso amor por el Jardín.

Su desaparición física entristece a todos aquellos que la rodearon en su vida. Fue una gran mujer que ahora descansa en paz.

 

V PEDRO RICARDO SERÉ

El 24 de febrero de 2019 falleció Pedro Ricardo Seré, a los 72 años, causando su deceso un profundo dolor entre sus seres queridos. Su familia lo recuerda con el siguiente texto.

“Frente al mar pega una bocanada honda al cigarrillo rubio. Está recostado sobre la reposera. Descalzo, los pies descansan en el agua salada. Cierra los ojos y respira. La caña todavía no tuvo pique. Se recuesta hacia atrás con el sol pegándole en la cara. La gorra verde con visera bordó le protege la vista. Se cag… de risa. Catalina otra vez metió las patas en el agua. Le ladra a las olas, retrocede, avanza. ‘Qué perra hdp’, se sonríe.

Pega otra bocanada al pucho, la caña todavía no tiene pique. Lo acaricia un viento cálido. Se le pega la arena en las piernas y suspira. Catalina se acuesta a los pies de su reposera. Mira el mar. Ese mar, esas olas, ese viento, esa perra, ese pucho, esa caña. Todo eso es la felicidad. Que sea tuya, viejo”.

 

V HÉCTOR OSCAR BAUER

El 17 de febrero último se produjo el fallecimiento de Héctor Oscar Bauer, a los 60 años de edad, dejando mucho dolor en sus hijos, hermanos, familia y amigos.

Su vida no fue fácil, tanto en su niñez, juventud y adultez. A pesar de todo, fue un gran trabajador, y quien lo conoció lo sabe muy bien. Siempre luchó por sus hijos, que fueron el regalo más grande que Dios le dio, así como sus nietos. La vida lo golpeó muchas veces con injusticias y aún así supo perdonar, porque entendía que el perdón libera y él se liberó.

Se fue muy pronto, en tan sólo quince días, sin poder terminar lo que quería. Pero Dios hace todo perfecto, él lo sabía y todo se cumplirá a su tiempo.

“Viejito, qué rápido pasan los días, ya hace tres semanas que me dejaste. Te llevaste una gran parte nuestra con vos. Qué tristeza y dolor sentimos. Papá, todos los días me acuerdo cuando te prometí que de ahí salíamos caminando juntos, de la mano. No te saqué como te dije. Tantas cosas me quedaron para decirte. Jamás voy a olvidar cuando me dijiste ‘hija, te amo’, ese día se me llenaron los ojos de lágrimas. La peleaste hasta el final. Con la tía Moni, siempre firmes al lado tuyo y luchándola con vos. Se nos cayó el mundo cuando partiste, porque nos dejaste y teníamos tantas cosas por compartir. Pero tenemos la seguridad y la fe que algún día nos volveremos a encontrar para vivir en la casa del Señor por siempre. Sabemos que sólo dormís, papá”.

 

 

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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