¿Aborto legal o clandestino?

Pañuelazo en la puerta del Hospital Santamarina en reclamo de la legalización del aborto.

El Eco

Este 13 de junio se debate en la Cámara de Diputados el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, luego de un debate que duró tres meses y dividió las aguas de la sociedad con opiniones encontradas.

Para quienes nos manifestamos a favor de la legalizacion, la cuestión es tan simple como pensar el aborto en términos de clandestinidad -como es en la actualidad- o de regulación de la práctica con todas las garantías que la salud pública pueda proporcionarle.

Quienes se hallan del otro lado, esgrimen que el aborto interrumpe una vida por lo tanto es un “asesinato” y consecuentemente un delito, y que hay que salvar las dos vidas.

En primer lugar, no voy a permitir que, como manifestó en su ponencia ante el Congreso de la Nación la escritora Claudia Piñeiro, nos roben la palabra vida. “Cada vez que alguien dice que está contra la ley porque está con la vida nos excluye a todos.” Esta operación perversa del lenguaje apunta a distorsionar lo que en realidad sucede. Quienes estamos de acuerdo con la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo estamos a favor de la vida.

El eje del debate no debe ser puesto en la realización o no de una práctica que efectivamente ocurre, sino en regular las condiciones de existencia para evitar la muerte materna. La legalización no va a crear una nueva realidad sino a legislar sobre lo que ya sucede.
Sin embargo, para llegar a pensar el debate en esos términos fue necesario dar un paso anterior, que generalmente es invisibilizado e incluso negado por algunos/as: para pensar el aborto en términos de un conflicto de derechos se tuvo que construir antes al feto como un sujeto, cuya vida tiene un ‘valor’ y debe ser protegida.
Muchos/as confunden los términos que se debaten, asumiendo que la disputa en torno al aborto legal se vincula con ‘el inicio de la vida’. Esto es un error porque antes del comienzo de los primeros signos de actividad cerebral, de la implantación o incluso de la fecundación, ya hay vida. Óvulos y espermatozoides son, de hecho, células vivas de la especie humana, como también lo son las células de la piel, de los órganos internos, etc.
Así que lo primero que sería preciso dejar en claro es que el debate sobre la vida que se da en torno al aborto corresponde más específicamente al del inicio de la vida ‘de un nuevo individuo humano’, y no en el inicio de la vida como tal. Yendo un poco más al hueso, el debate central es desde qué momento comenzamos a otorgarle valor y protección a esa nueva vida individual.
El concepto de persona está normatizado y establecido. Un embrión no es una persona.

A pesar de las objeciones de algunos sectores de la sociedad las mujeres van a seguir abortando, por los motivos que sea. Las que no puedan hacerlo en una clandestinidad privilegiada van a sufrir terribles consecuencias, incluyendo la muerte.

Duele el desprecio que profesan quienes se asumen “provida” hacia las mujeres, sus cuerpos, sexualidades y deseos. Ninguna persona debería ser obligada a atravesar un embarazo y parto que no desea. A maternar por obligación. Los niños no son un objeto que deben ser “alegremente” entregados en adopción para salvarles la “vida”.
La maternidad será deseada o no será.

En este tiempo tuve ocasión de leer y escuchar algunas afirmaciones dignas del Siglo XV. Por ejemplo, que si el embarazo no es producto de una violación, la mujer debe bancarse las consecuencias porque “le gustó abrir las piernas”. Además de lo soez y ofensivo de la frase, dicha aseveración evidencia dos cuestiones que subyacen. Por un lado, la asignación de menos valor (de acuerdo a lo que postulan los autodenominados “provida”) a la existencia del embrión hijo de un hecho violento e involuntario con respecto al concebido de otro modo. ¿Si toda forma de vida debe ser protegida cuál es la diferencia entre uno y otro embrión?

Y por otra parte, en ese violento “si te gustó abrir las piernas bancátela” persiste el profundo miedo y desprecio a la sexualidad y el goce femenino. Lo que critican, en el fondo, es el libre ejercicio de la sexualidad en la mujer. El oprobio y la condena para quienes se atreven a vivir libremente y disfrutar el sexo tanto como los hombres.

El proyecto de ley contempla una perspectiva integral que brega, además, por la educación sexual y la provisión de anticonceptivos para decidir de manera libre y autónoma sobre nuestra capacidad reproductiva. Ninguna persona gestante va a utilizar el aborto como método anticonceptivo.

La cuestión religiosa debe ser separada del debate. Las creencias personales no son un punto de partida para construir consenso, ni gobernar, ni legislar sobre la salud pública.
Una subjetividad no puede pretender imponerse para decidir sobre otras voluntades. La religión que cada sujeto profese es una convicción íntima que no debe interponerse en una discusión política que atraviesa la vida de miles de argentinos. La religión no constituye una razón de estado.

No se construye una sociedad más justa negando derechos.

No estamos a favor del aborto. Estamos a favor del Aborto legal, seguro y gratuito. Estamos a favor de que se legisle sobre un tema de salud pública. Estamos a favor de que se reduzca la mortalidad materna. Estamos a favor de que se achique la brecha entre las más pudientes y las más vulnerables. Estamos a favor de la autonomía y libertad. Estamos a favor de la emancipación de nuestros cuerpos.

Aborto legal, seguro y gratuito. NO OBLIGATORIO.

QUE SEA LEY.

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