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Corazones fundidos

El Eco

Podría ser este un relato de las épocas de gloria. Un repaso de la era dorada de la industria madre que catapultó a nuestra ciudad como una de las urbes más pujantes por décadas.

Podría también elaborar un recuento de datos, de anécdotas, de nombres, de generaciones enteras que entregaron su vida y su valor agregado a la icónica Metalúrgica Tandil.

O plasmar un homenaje a Santiago Selvetti, pionero de la actividad, que supo forjar las bases de la explotación metalmecánica y cuyo enorme aporte se recuerda con una estructura de pistones, tapas de cilindro y otros elementos que se yerguen como monumento.

Pero no. Dolorosamente no. La realidad es otra. Tan angustiante y categórica que cautivó las almas de quienes hoy fundimos el corazón en esta agonía.

De una u otra manera el cierre de la emblemática empresa que le dió vida a la barriada de Villa Italia, se hace carne en los tandilenses porque muchos tuvimos o tenemos un pariente, un amigo, un vecino que cumplió o cumple funciones en la fábrica.

Reconocemos a los uniformados que aún marchan sobre las calles aledañas para iniciar su jornada laboral y que reimprimen con sus pesados botines las huellas de miles que abrieron el camino y alimentaron la historia que por estas horas encuentra su desenlace.

Operarios, mecánicos, técnicos, herreros, soldadores, electricistas, torneros, ingenieros, profesionales, mantuvieron las chimeneas humeantes durante décadas que hoy revelan la cara más desgarradora de los hornos hambrientos de hierro.

Es la crónica de un final irremediable que escribió sus primeros trazos desde las propias entrañas que denunciaron vaciamiento, escasas medidas de seguridad, inexistencia de inversión y mantenimiento. Un desguace que se fundía a fuego lento.

La planta que supo contar con 2000 trabajadores y que actualmente alberga un manojo de operarios y administrativos, redujo sus tareas para proveer a un solo cliente luego de tener cientos de órdenes y pedidos que se replicaban dentro y fuera del país.

Poco a poco se pararon máquinas por obsoletas, cayeron mercados, desaparecieron insumos y se despidió personal con el pago de abultadas indemnizaciones bajo la sombra de otros emprendimientos locales del rubro que mostraban capacidad de subsistencia y crecimiento.

Metalúrgica es el resultado de una debacle que se fue construyendo a la luz de nuestros ojos, testigos de incesantes reclamos gremiales, de manifestaciones callejeras y de numerosas advertencias de la mala praxis empresarial que solo lograron la respuesta acomodaticia de la política cuyos argumentos se diluyen entre la burocracia y el límite que impone la gestión privada.

Los trabajadores tomaron las instalaciones. Se cobijan en sus paredes. Esas que aún se mantienen erguidas con el orgullo de quienes la hicieron grande y el esfuerzo de quienes buscan sostener esa grandeza a través de la dignidad del trabajo. Las que guardan el olor del estaño, el cobre, el plomo y el recuerdo de los ríos de fuego que se llevaron la vida de Luciano, de Lucas y Juan Cruz.

García Márquez escribía en su novela Crónica de una Muerte Anunciada: “estaba más sano que nosotros, pero cuando uno lo auscultaba se le sentía borboritar las lágrimas dentro del corazón”.

Fuerza muchachos.

Nota proporcionada por :

  • ElEco

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