Cosmética lunghista

No sin sorpresa se recepcionó en la Redacción la gacetilla de prensa municipal anunciando la “buena nueva” del avance de un plan de forestación (desde tiempos de Mabel Cocina -directora de Parques y Paseos- se prometía), eligiendo como escenario el, al menos poco feliz, espacio que la propia imagen que acompaña la información expone.

Sin el menor sentido de la oportunidad, el intendente Lunghi se luce en plena recorrida por las flamantes plantaciones junto al responsable de la Dirección General de Espacios Verdes Públicos, Luciano Jaureguiber, sobre ambas manos de las Colectoras de la Ruta Nacional 226, con el telón de fondo de camiones estacionados, vehículos que dejaron de serlo para transformarse en chatarra, situación recurrentemente denunciada y alertada cada vez que un accidente ocurre, cada vez que una vida se apaga.

Efectivamente, al decir del parte de prensa oficial, en la mañana de este miércoles el intendente Miguel Lunghi recorrió los lugares en los que fueron emplazados, para supervisar los trabajos, léase las plantaciones, en el tramo que se extiende entre las rotondas de las calles Rauch y la de Falucho, donde se plantarán unos doscientos árboles de diversas especies, entre las que se destacan plátanos, alcornoque, álamo plateado, fresno americano, magnolia grandiflora, cedro deodara y pino piñonero, señala el detallado informe.

Según los dichos del jefe comunal, se trata de “un trabajo estratégico” realizado, tanto en ese lugar como en otros sitios de Tandil “para sumar árboles y forestación en general, algo sumamente importante para mejorar el medioambiente y el entorno urbano”.

Siguiendo con el discurso, el pediatra sostuvo que el objetivo es “construir un Tandil verde, sustentable y en armonía con el medioambiente, también como una de las líneas de trabajo hacia el Tandil del Bicentenario”.

Sin pausa, aludió a que se trata de un patrimonio de todos y que por eso “necesitamos de la ayuda de la población”.

A su turno, Jaureguiber, como experto en la materia, explicó que la intervención en el espacio que separa la Ruta 226 de las colectoras Pugliese y Macaya, se ampliará en el futuro hacia ambos lados, llegando hasta la intersección con la Ruta 30 y al acceso al Campus.

“La idea es generar un ingreso más amigable a la ciudad, tratar que esos espacios no se usen de estacionamiento de maquinarias ni autos y, a su vez, aprovechar los enormes beneficios de los árboles que sirven de filtro de los gases que producen los vehículos que circulan por ahí. También son un filtro sonoro para el resto de la ciudad, ayudan a la retención de partículas en el aire y bajan la temperatura del ambiente”, agregó el funcionario.

A la vez se aprovechó la ocasión para reiterar sobre “la prohibición de fijar o colocar elementos extraños, de cualquier tipo y naturaleza, en las especies vegetales de la ciudad. Algunos ejemplos son los canastos de residuos, clavos, telas, lanas o cualquier otro objeto que pueda dañar a los árboles”.

La normativa -se acotó con rigor- también establece la prohibición de lesionar o mutilar la anatomía o morfología de los árboles, ya sea por la acción de objetos cortantes o punzantes, o por aplicación de sustancias nocivas o perjudiciales, o por la acción del fuego. Tampoco está permitido pintar las especies con ningún tipo de sustancia.

Y así se cierra el comunicado indicando que por mayor información se podrá dirigir a Ruta 226 y Ameghino (exBuxton), llamar al 0249- 4432164 / 4428521 o escribir a espacios_verdes@tandil.gov.ar.

Hasta allí, el mensaje literal que impulsó la comuna para con esta iniciativa que, sin dudas, debe celebrarse.
¿Quién se puede negar a que planten árboles acá y más allá también? Pero no deja de llamar la atención que el mismísimo anuncio, con recorrida e imagen de por medio, esté acompañada con una escenografía que evidentemente las autoridades no ven o se hacen las distraídas.

Detrás de las humanidades de los funcionarios lucen sin piedad vehículos varios mal estacionados (prohibido por normas vigentes) y todo transucrre como si no pasara nada o como que nada puede hacerse al respecto. Tal vez sea ese el espíritu. Al menos se desprende de las últimas declaraciones resignadas del encargado de Control Urbano, Walter Villarruel, que al ser consultado precisamente por dicha problemática dijo que no eran competencia del Municipio las colectoras. Parece, entonces, que sí pueden plantar árboles… pero no retirar vehículos.

A más resignaciones, el mismísimo Villarruel contestó ante el recurrente andar descontrolado y ruidoso de las motos que mucho no pueden hacer. Que cuando ellos van a controlar las motos molestas estas se escapan y cuando ellos se van, vuelven. Ni qué hablar cuando quieren interceptar a algún motociclista que audazmente hace el giro en U y deja desairados a los impávidos inspectores. Así de simple, así de impotente. Así de cruel.

Desde los albores de la irrupción lunghista en la comuna a la fecha, se debatió sobre la llamada cosmética lunghiana, por la cual la oposición achacaba siempre sobre las prioridades. La del interés del jefe comunal por los juegos de plaza, las fuentes y sendas peatonales por sobre otras demandas presuntamente más sensibles al quehacer comunal. Mal no le fue con dicha discusión y la respectiva elección del pediatra que trabaja de intendente hace 14 años. La gestión fue respaldada por la mayoría de la ciudadanía en cada elección que se cruzó en el camino.

Sin embargo, cuando se habla de un Tandil saludable y se puntualiza sobre la plantación de los árboles, en el mismo escenario trágico del desconotrol vehicular, genera ruido, casi como el de aquellas motos huidizas. Tal vez, justamente esos 14 años de gobierno tengan la respuesta a esta situación. Ya ni siquiera el que tomó la imagen de la noticia cuidó al propio Intendente de semejante descuido, en la que la cosmética sobresalió por sobre las problemáticas serias, como resulta la desidia ante la inseguridad vial que se lleva vidas, nada más y nada menos.

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