Rebelión en la Iglesia tandilense

El Eco

El papa Francisco le habría pedido al obispo Hugo Manuel Salaberry que viajara a Roma prontamente una vez conocidos los primeros hechos enunciados. La salida sin previo aviso de los llamados “curas sanadores” de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, Thomas Ayankudy, titular del templo y Joy, sacerdote del mismo. Esto se dio al inicio de diciembre del año pasado, cuando los feligreses acostumbrados a la celebración de la misa por parte de los nombrados, se encontraron con las puertas del templo cerradas. Todo fue conmoción y confusión, ya que con el correr de los días surgieron rumores acerca de que habría quienes presentaron denuncias contra los curas en el Obispado y que Salaberry les habría alentado a llevarlas ante la Fiscalía por tratarse de posibles delitos de carácter penal. Celos y malestar de parroquias, sería otra versión, porque la gente -de esta ciudad y vecinas, además del Conurbano bonaerense- se estaba volcando masivamente a las misas con imposición de manos de los indios. Y se habló de testimonios de curaciones y milagros. La comunidad religiosa se reunió, juntó firmas que se elevaron con notas al Obispado junto a la promesa de los curas de que si Salaberry se los pedía volvían a Tandil. Una tercera línea de ideas sobre este hecho: el ansia de poder del Obispado de la Diócesis de Azul por quedarse con la parroquia de avenida España, la capilla de Nuestra Señora del Rosario en Villa Laza, la capilla de La Elena, el Calvario que incluye la gruta de Lourdes y la capilla Santa Gemma.

El viernes 8 de diciembre, el Obispo estuvo al frente de la procesión en honor a la Virgen María, Patrona de la ciudad. Fue requerido por este Diario pero se negó gentilmente a dar una respuesta. Prometió llamar a los periodistas para dar una información fehaciente. Se tomó su tiempo y luego de varios días y anunciando su viaje a Roma dio su palabra que al regreso se reuniría con este Diario, cosa que tendría que darse en estos días.

 

El padre que dejó la Casa del Señor

El día que se ordenó como sacerdote Luis Daniel Malaspina, la iglesia matriz derrochaba oropel. Pantallas gigantes en las naves para que la multitud pudiera ver toda la imponente ceremonia. Al poco tiempo Luis viajó a Roma para continuar estudiando y posicionándose firme dentro del mundo clerical. Pasó luego a la Diócesis de Azul donde asumió el cargo de secretario general del Obispado hasta no hace mucho, cuando pidió la suspensión de su cargo a raíz de una serie de mails personales que se filtraron y viralizaron, viéndose envuelto en un verdadero escándalo. Fue poco antes de que Salaberry, que aceptó la renuncia, viajara a ver a Francisco.

Se dice que el exsacerdote Malaspina estaría viviendo su vida civil feliz por haberse despojado de la sotana.

 

El joven y controvertido Fernando

Desde hace días corría la versión de que el sacerdote Fernando Lede Mendoza había colgado los hábitos. Se lo trató de ubicar en los lugares donde se lo solía ver, principalmente en los templos. También se lo llamó a su celular, pero el religioso no contestaba. Fue por eso que se requirió a una alta fuente de la iglesia, al no lograr su palabra, que confirmó la especie: “Fernando Lede Mendoza no continuará en el ejercicio del ministerio sacerdotal”, lo que en lenguaje popular no es sino que ya no es, más cura. Colgó los hábitos.

Se recordará que Fernando tuvo un rol muy activo en lo que respecta a la actividad pastoral en Tandil, del lado de los menos protegidos y haciendo graves denuncias desde el púlpito acerca de la connivencia policial y la venta de drogas. Tal magnitud tomaron sus dichos que hasta el propio intendente Miguel Lunghi, bastante enojado, se ofreció a acompañarlo a la Fiscalía para hacer la denuncia. Y no estaba tan equivocado Lede Mendoza, por mencionar un dato, el allanamiento que se hizo en una vivienda de personal policial encontrándose, justamente, droga. Algunos feligreses también lo acusaban de ahondar en la grieta, cuestionaban sus ideas. Otros muchos necesitaban de sus palabras.

Sin duda la decisión de Fernando no debe haber sido de un día para otro, lo habrá charlado con sus superiores, es probable que haya recibido consejos y sugerencias. Lo habrá pensando hasta que su determinación se hizo firme. Hasta puede que haya dicho “hasta aquí llegué”. Claro, son especulaciones ya que desde la Iglesia no se explica el porqué, de un día para el otro, dejó de ser cura y pasó a ser un civil más. Por eso, se insiste, son especulaciones intentar escribir sobre su futuro ya que se desconoce qué lo llevó a tomar tal decisión.

Hay una sola persona que tiene la responsabilidad de aclarar todas estas situaciones, el obispo Salaberry que dio su palabra a El Eco de Tandil de que a su regreso de Roma se sentaría a poner en claro las cosas.

Se lo espera.

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