Recalculando

El Eco

Desde el Newsletter del Instituto de Economía de la UNICEN hemos escrito varios artículos en los últimos dos años donde íbamos alertando de los riesgos y problemas que presentaba el modelo económico elegido por Cambiemos. Para resumir, el modelo había elegido achicar el déficit fiscal heredado de manera gradual, financiándolo con deuda, pero al mismo tiempo se trató de bajar rápido la inflación con tasas de interés muy altas. Ambas políticas son inconsistentes entre sí y generan problemas a saber: favorece la bicicleta financiera (el famoso carry trade, fondos del exterior que ingresan al país para aprovechar las altas tasas de interés), desalienta la inversión real (quién invierte en algo teniendo opciones financieras de bajo riesgo a una tasa altísima?), aumenta los riesgos a cambios en el mercado de crédito internacional (por la dependencia de la deuda externa), y aprecia el tipo de cambio (y vuelve a nuestras exportaciones menos competitivas y hace a las importaciones más baratas). De esta forma, se había elegido ajustar lentamente el déficit fiscal, confiando en que la economía iba a crecer.

Para crecer se habían elegido tres pilares: a) exportaciones (para eso se bajaron las retenciones y se unificó el tipo de cambio), b) inversiones externas (Argentina había estado excluida de los flujos internacionales en los años previos por políticas poco amigables con el mercado, y había un gran interés por invertir en el país) y c) la obra pública. Lamentablemente se tuvo poca suerte. La Argentina tuvo dos años seguidos de malas cosechas y los principales socios comerciales de los productos manufactureros se estancaron (sobre todo Brasil), lo que llevó a que el país pierda exportaciones en lugar de ganar. En segundo lugar se frenó repentinamente los flujos de inversión extranjera a países emergentes, y en dos años de Macri el país recibió menos inversión extranjera que en el peor año de Cristina (pero esto le pasó a todos los emergentes). Además, la política monetaria que favoreció altísimas tasas de interés en dólares favoreció la timba financiera más que la inversión real. Los pocos que se interesaron por el país fueron a buscar renta financiera. El único motor encendido de crecimiento fue la obra pública, que explica en gran parte el crecimiento del año pasado. Pero todo esto a un gran costo, mucha deuda pública. Y mucha más vulnerabilidad, porque con déficit fiscal total de 4,5 puntos del PIB se depende de conseguir nuevo financiamiento para seguir funcionando. Y empieza a pesar de nuevo el famoso peso de los intereses de la deuda externa (hay que sumar al déficit fiscal primario de 4.5 puntos los dos puntos más que ahora se pagan de intereses).

Esta mayor vulnerabilidad quedó claro con la corrida que vivimos hace un par de semanas.

La corrida tuvo factores externos (aumento de las tasas internacionales y salida de capitales de emergentes, sumado a una muy mala cosecha en 2018), elementos coordinantes (el populista impuesto a la renta financiera) y mala praxis económica (el 28 D, las ventas de reservas del BCRA a un dólar barato, la política errática del BCRA, y la poca voluntad de reducir el déficit fiscal).

Buscando optimismo bajo el stress me gusta decir que no hay mal que por bien no venga: la crisis expuso las fallas de coordinación entre la política fiscal y monetaria, algo que venimos remarcando desde que Prat Gay era ministro. Lo interesante luego de la corrida es que el presidente tomó nota de los problemas, y como ha mostrado ya en varias ocasiones, no ha tenido problemas en asumir el error y realizar cambios. Se le venía remarcando que se requiere un ministro de economía con poder para controlar la política fiscal, y lo hizo, al nombrar a Dujovne como ministro coordinador. Se venía criticando el rol de Lopetegui y Quintana, en ese doble comando CEO que terminaba siendo un torniquete que todo lo trababa, y con poca visión de política pública y demasiada de control corporativo. Ambos quedaron debilitados. Se le venía criticando que la laxitud en lo fiscal iba a contramano con la dureza en lo monetario, y le hizo dar una conferencia de prensa al Ministro de Hacienda diciendo que ahora el foco es reducir el déficit. Sturzenegger salió fortalecido pero debilitado a la vez. Fortalecido, porque logró lo que venía reclamando, que la política monetaria sea elegida y manejada por el BCRA y que se ajusten las clavijas en la política fiscal para ayudarlo a controlar la inflación. Pero a la vez quedo debilitado, porque por error u omisión condujo la política monetaria en forma demasiado errática desde el 28 de diciembre, cuando sintió que debía renunciar, hasta el super martes, cuando logró refinanciar las LEBAC con gran éxito (aunque en realidad se pateó el problema para adelante y nos dejó una tasa de interés por los cielos).

Buscar el apoyo del FMI también fue una jugada temerosa. La crisis no estaba para esta carta, pero Macri decidió jugarla igual, quemando la bala de plata, como dando la señal fuerte que le preocupa más la economía del qué dirán y los votos. El FMI tiene muy mala imagen en la Argentina, y el 80% de la gente encuestada decía que fue un error que el gobierno acuda al Fondo de nuevo. Sin embargo a Macri poco le importó el qué dirán y jugó fuerte para blindar la economía, y esto lo veo como algo positivo. A su vez, al acudir al FMI nos da la señal que va a saldar los problemas que el FMI nos venía notando, que son los mismos que aquí hemos discutido, acelerar el proceso de ordenamiento de las cuentas fiscales (el FMI ya le pidió cerrar más el déficit). Es verdad que todo esto sucedió porque el mercado dejó en la lona a Cambiemos en tan sólo unos pocos días. Le hizo notar que el gradualismo depende del financiamiento, y que ellos no iban a financiar malas políticas o riesgos excesivos, en un contexto donde el financiamiento externo se encarece y se vuelve más escaso.

Así como criticamos al gobierno en ocasiones anteriores debemos también reconocer que se han tomado medidas correctivas que van en la dirección correcta. También es loable que el gobierno haya llamado a muchos economistas críticos, que estuvieron en los medios dando palos, para que en persona hagan sus críticas y presenten sus soluciones (siempre es más fácil criticar que proponer soluciones, y esto me pareció muy audaz).

Cambiemos no abandonó del todo sus dejos de populismo, pero se corrieron a otras caras, Vidal. Es una señal fuerte que Macri se endurezca en lo económico, que es necesario pero pianta votos, a la vez que surge Vidal con afirmaciones más propias de Moreno (Guillermo) que de un político del pro (como la amenaza a empresas que suban precios).

En el medio de este remolino volvieron a la mesa chicha nombres importantes y que habían estado en el freezer, como el economista Frigerio. También Macri volvió a sus viejos amores, pidiendo el consejo de su amigo Nicky Caputo. Nicky es crítico de lo que venía pasando, había afirmado que “falta un plan económico” y cuestionó a Marcos Peña y sus dos alfiles Lopetegui y Quintana. Que Macri se junte con Caputo es otra señal fuerte para Peña y asociados.
También es cierto, y esto hay que notarlo, que Macri es de lealtades a la italiana, no echó a nadie del gobierno, aunque hubo fuertes tirones de orejas. Uno de los pocos escarmentados públicamente fue en su momento Melconian, para que quede claro que hay algo que en este gobierno no se puede hacer, que es hablar mal del propio gobierno puertas afueras (aunque puertas adentro también es difícil). Lo que Macri ha mostrado con todas estas movidas es que tiene personalidad para tomar decisiones, que no es de la Rua, y que va a dar pelea, eso es bueno. También me parece muy bueno que los problemas que veníamos arrastrando y que nosotros veníamos criticando ahora tomaron visibilidad y el propio gobierno lo entiende así.

Otro aprendizaje importante de la corrida vivida es que el mundo desarrollado apoyará a esta Argentina, y que no quieren que nos lleven puesto. Esto no pasaba con el gobierno anterior, donde más bien el mundo prendía velas para que le vaya mal. La Argentina va a necesitar ayuda del mundo, y sobre todo de credibilidad.

Para alguien que intenta mirar el país con cierta objetividad (aunque sé que es imposible serlo), debo decir que los problemas económicos de nuestro país siguen estando irresueltos, están presentes. La Argentina sólo ganó tiempo. También mostró un gobierno que comete errores pero tiene la voluntad de corregirlos, aunque en un país que respira y transpira populismo esto cueste votos.

Pasó la corrida, y lo que queda para este año será menos crecimiento económico y más inflación. A la vez menores salarios reales, y una mayor presión social, que seguramente la oposición va a tratar de usar en su beneficio para sacar ventaja, en esta Argentina donde si algo falta es la humildad y voluntad para empujar todos juntos el carro para el mismo lado.

A la vez la corrida dejó bien claro lo que hay que hacer, ya no hay más espacio para el gradualismo de tortuga que venía aplicando el gobierno. El gradualismo de tortuga sólo nos llevará a un final, el shock, que vendrá en forma de crisis.

Tendremos que esperar para ver qué hacemos con el tiempo ganado. El enfermo está enfermo aún, y vulnerable a los resfríos del mundo. Esperemos mejore el clima. Y esperemos que Macri y el gobierno hayan tomado nota, y que las señales dadas en estos días se cumplan y no sea mero maquillaje, que se busque un cambio de verdad, que lo de Dujovne de ministro coordinador sea algo serio, y que Macri y su gente sientan la urgencia que el tema se merece.

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