Un viaje de ida

El Eco

De tanto en tanto, la ciudad recibe esos cimbronazos que consternan, preocupan, dividen aguas, polemizan. No resulta nada sencillo en tiempos en que lo más fácil es estar de un lado o del otro, sin posibilidad de grises de por medio, encontrar razonamientos honestos y productivos que permitan allanar un camino, en este caso, sobre el que viene hace años transitando una empresa casi centenaria del pago que, como todo emprendimiento con tanta historia, cuenta con adherentes como detractores, a partir de lo que resultó su largo recorrido.

Se trata de una de las pocas empresas familiares que aún subsisten en el mercado del transporte y, para la ciudad, con los pro y contra que eso representa, forma parte del ideario tandilense.

Paradójicamente,  podría trazarse un parangón con otras firmas con sentido de pertenencia y por el volumen de puestos de trabajo que generaron. Por caso,  Metalúrgica Tandil actualmente trabaja con menos operarios y por una angustiante situación casi similar. Con una salvedad, la empresa metalmecánica ícono del Tandil de aquellos tiempos industriales cuenta con otra espalda económica (de su capital foráneo Renault) para aún sostenerse con pinzas, y al que no le guste (a ellos o los obreros) se van, con indemnizaciones acordes a lo que marca la ley de retiros voluntarios.

No sería el caso de Río Paraná. Muy lejos de eso. Más bien, su comparación, por más cruel que resulte, está más cerca a lo que fue Ronicevi. Una herida que aún no pocos lograron suturar.

Que Mario Morel no supo, no pudo, no quiso, formará parte de los argumentos de aquellos que se solidarizan o critican a mansalva, según desde dónde se lo mire. Por lo pronto, lo urgente amenaza con dejar a unos cientos de vecinos en la calle, con sus respectivas familias a cuestas.

En ese mismo doloroso escenario están los castigados usuarios del monopólico servicio prestado por la empresa serrana que hace más de una década evidencia signos de agonía,  más allá de que el desembarco de esta nueva y poderosa firma resulte la estocada final.

Los reclamos y quejas de los usuarios son tantos como los millones que se le debe al fisco. Por razones que solo Morel sabrá responder, las moratorias, los subsidios, nunca alcanzaron (o no llegaron) para tapar agujeros financieros cada vez más tenebrosos. Y detrás de ello, un servicio deficitario que, por si hiciera falta señalarlo, puso en riesgo vidas.

El salvataje económico parece una quijotada.   Ninguna entidad crediticia dará un préstamo a una empresa que le debe millones a la AFIP. También es cierto que el Estado le debe y mucho a la empresa por servicios prestados y nunca abonados.  Solo la pata política, una decisión de los que hoy sostienen el mango de la sartén podría torcer la historia, con sus necesarios condicionamientos (la empresa no puede seguir prestando el servicio que presta).

Es imposible que un municipio absorba con asistencialismo a ese par de centenares de vecinos. Se habla de empleados de 44 a 55 años promedio, con unos 30 mil pesos de sueldo promedio.

Sin crédito, sin subsidio, tal vez el camino sería la fusión con otra empresa interesada en el recorrido, como al parecer tiene la que ahora se presentó con una concesión provisoria como curiosa y polémica.

Habrá que ver hasta dónde la clase dirigente es capaz de asumir el costo de semejante ayuda.  Salvando las distancias, alguna vez, con el consenso mayoritario de la población, una decisión política clausuró canteras (peleándose contra todo el lobby minero, la presión de los transportistas y hasta la sensible incertidumbre de los trabajadores de AOMA) y no se explotó más en las sierras comprendidas dentro de la Poligonal. Eso sí, Río Paraná no goza del mejor de los conceptos en el imaginario colectivo, como sí había un consenso mayoritario por preservar las sierras.

Alguna vez, también achicando distancias, el Municipio socorrió con recursos propios el club Hípico para preservar el Hipódromo, luego concesionado. Antes se pusieron al hombro, con presión política, la pelea para sostener y quedarse con la intervención de la Nueva Clínica Chacabuco (se había salvado aquel Titanic y no podía quedar en otras manos que no fueran del palo).

No tan lejos en el tiempo, con los socios de la Cámara Empresaria (de la cual la familia Morel es socia fundadora) a través de Usicom salvaron Cami, una criatura nacida de manos del pediatra que trabaja de intendente.

Entonces aquí, en la clase gobernante, donde se definen para bien o para mal las cosas, está el único camino. La única ruta que le queda transitar a un colectivo cargado de deudas, de quejas de pasajeros y de más de un centenar de familias que dependen de él.

Guillermo Liggerini

Guillermo Liggerini

Sec. de Redacción El Eco de Tandil

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