En el aniversario de la muerte de su hija, el pastor Olesen contó en una carta que “el muchacho sigue manejando”

El Eco

Dice el refrán que cuando el dolor es compartido, se divide. Pasaron apenas cinco años de la muerte de Josefina Olesen, y como cada aniversario su padre publicó en la red social las palabras dirigidas a ella. Pareciera que así la mochila de tristeza pesara unas milésimas de gramos menos.

Fue pasando la curva de la calle Brasil al 400, en el centro de Tandil, cuando el Chevrolet Vectra conducido por un menor se despistó, chocó contra el cantero central, dio varios tumbos y detuvo su descontrolada carrera tras embestir carteles publicitarios y un poste de alumbrado. Josefina tenía 17 años y murió. Otros cinco adolescentes resultaron heridos, cuatro de ellos de gravedad.

El pasado 20 las palabras de quien fuera pastor de la Iglesia Danesa de Tandil, Martín Olesen, emocionaron nuevamente. “Por acá mucho no ha cambiado. El muchacho que te quitó la vida sigue manejando. Espero que no mate a nadie más”, delineó, entre detalles familiares cotidianos.

Conducía Mateo Leunda, que en aquel momento tenía 17 años y estaba alcoholizado, era piloto de Promocional y TC 2000 del Atlántico, que anteriormente militó varias temporadas en el karting zonal.

Tras el accidente se instruyeron actuaciones por “homicidio culposo y lesiones graves culposas”. Al año del hecho, el joven piloto fue beneficiado con la suspensión del juicio mediante probation y con habilitación para conducir. Pero a fines del 2014 llegó la resolución final. Mediante un juicio abreviado la Justicia sentenció a Mateo Leunda a la pena de dos años de prisión de ejecución condicional e inhabilitación especial para conducir todo tipo de vehículos automotores por el plazo de 8 años.

El juez de Responsabilidad Penal Juvenil, Damián Pedro Cini, lo condenó por el delito de “Homicidio culposo agravado por la conducción de vehículo automotor y lesiones culposas agravadas por la conducción de vehículo automotor, tres hechos”, en referencia al fatal choque de la madrugada del 20 de abril de 2013.

Esta condena ratificó el acuerdo entre las partes (Fiscalía, defensa de Leunda y damnificados) quienes aceptaron un juicio abreviado, con el compromiso del condenado de no apelar la decisión del juez.

El joven no debería conducir hasta el 2022, sin embargo el pastor, hoy radicado en Tres Arroyos, publicó que “sigue manejando”. Olesen, que a raíz de su dolorosa pérdida se comprometió con la causa y se dedica a concientizar sobre la seguridad vial con el objetivo de prevenir más accidentes de tránsito, deslizó en su nota un mensaje que suena a anhelo: “Espero que no mate a nadie más”.

Los hechos

El accidente se produjo en las primeras horas del 20 de abril de 2013 en la curva de la calle Brasil al 400. Mateo Leunda con 17 años estaba alcoholizado, manejaba a gran velocidad y perdió el control.

Iban cinco adolescentes más con el, todos volvían de una fiesta. Josefina Olesen salió despedida del auto y murió al golpearse contra el pavimento.

Los heridos graves fueron el propio Leunda, de 17 años, Juan Ignacio Otero, de 17, Lara Ana Paula Ortija, de 16, y Tomás Puente Perrota, de 15. Los asistieron en el Hospital y luego fueron derivados a distintos centros médicos de la zona. Otro de los ocupantes del auto, un adolescente de 17 años, sufrió heridas leves.

Según declararon en aquel momento las familias, los pasajeros pedían por favor bajarse del auto, pero el conductor no los tuvo en cuenta. De hecho, Josefina habría pedido un remis y como el chofer aseguró no conocer la zona, decidió aceptar la oferta de Leunda de acercarla a su domicilio. En el camino pidió bajarse, 100 metros después ocurrió el fatal accidente.


La estrella amarilla pintada sobre el pavimento, recuerda a Josefina.

Palabras de un papá

“Hace 5 años te fuiste. Quiero contarte que estoy más viejo, que ahora tenés una hermana nueva, se llama Luz. Todos le vamos a contar la maravillosa hermana que tiene. Le harán falta tus risas, intentaremos dárselas, necesitará tus abrazos, le daremos por demás. Quiero contarte que Luz aprendió a caminar, si la vieras; es todo un amor. Jose, mi amor, tengo tantas cosas que contarte. Muchas de esas cosas me las guardo, te las diré al oído, el día que pueda abrazarte nuevamente. Por acá mucho no ha cambiado. El muchacho que te quitó la vida sigue manejando. Espero que no mate a nadie más. Siento que no ha cambiado, como cambiaste vos, como cambiamos nosotros. En casa todo es diferente. Sabés? Cambiamos de mesa, ahora tenemos una mesa redonda. Igual sigue faltando tu plato. Cambiamos de ciudad, igual sigue faltando tu entrada por la puerta de casa. Muchas cosas han cambiado lo que no cambia, ni cambiará, es mi amor por vos. Así en el cielo como en la tierra, siempre, siempre, juntos. Jose, mi amor, te amo, te amé y te seguiré amando. Esperame, angelito, pronto nos veremos. Papá”.

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  • ElEcodeTandil

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