CRIMEN DE MARITO MACIEL

Siete puñaladas, dos condenados y cuatro nuevos acusados sometidos a juicio oral

Entre el lunes y martes se desarrolló un nuevo juicio en torno al crimen de Marito Maciel, ocurrido el 3 de marzo de 2013. Por el homicidio ya habían sido condenadas dos personas como autoras materiales. Ahora fue el turno de los cuatro acusados de participar y de encubrir aquel sangriento hecho en las puertas de un boliche de la avenida Del Valle. El fiscal pidió siete años de prisión para dos de los señalados y tres para el resto.

Rody Becchi

La muerte de Marito Maciel tuvo un nuevo capítulo en las fojas judiciales volcadas a varios cuerpos de un expediente que data de cinco años, cuando una gresca a puños y cuchillo en las puertas del boliche del pasaje Murature y la avenida Del Valle terminó de la peor manera.

Tras haber sido condenados hace un par de años quienes empuñaban aquellas armas blancas que mataron a Maciel (Angel Jesús Molina y Matías Concha Rodríguez), en el Tribunal Oral Criminal 1 local la saga tuvo su correlato en Azul, donde ahora otros actores son los encargados de resolver la suerte procesal de cuatro jóvenes. Dos sindicados como partícipes secundarios de aquella agresión fatal; el resto como encubridores y por mentir ante aquellos primeros jueces por el homicidio, en pos de “salvar” a uno de los que resultó condenado como autor del crimen.

No hizo falta tanta presencia policial como en el primer debate, ante la amenazante y belicosa presencia de público conformada por familiares y allegados a víctima y victimarios, todos conocidos entre sí, desde nacer y ser criados en la misma barriada de La Movediza. Sin embargo, ahora, a pesar de pasados los años y a la distancia que significaba el juicio en Azul, la concurrencia sería menor pero igualmente la densa atmósfera que se respiraba en la antesala como en el propio recinto resultaba conocida. Eran los mismos rostros con un par de años más, cargando las mismas broncas, impotencias, recelos y códigos barriales más bien lejos, distantes del protocolo impuesto por la comunidad judicial terrenal bajo un Código Penal.

“La anécdota” que acompañaría las dos jornadas, en similar sintonía a lo ocurrido hace dos años en los estrados locales, tuvo que ver con la reacción de Marcela Aranda, la hermana incansable de Marito que clamó por justicia hasta pasar el límite de tener que afrontar su propio juicio por provocar daños en el frente de la comisaría Segunda (finalmente resultó absuelta).

La mujer no pudo contenerse ante el renovado titubeante testimonio de uno de los testigos e insultó en pleno recinto, lo que motivó que el Tribunal ordenara a la fuerza pública que fuera retirada de la sala.

Más luego, las audiencias se celebraron con normalidad, dentro de los parámetros esperables para testigos que fueron contestes como recurrentes en sus dichos a la hora de tener que declarar y recordar, a sabiendas que ponían en juego cierto “honor” y hasta el temor de acusar a quien en definitiva se cruzarán en el barrio más temprano que tarde.

Fueron los jueces del TOC 2 de Azul, integrado por Carlos Pagliere, Gustavo Abudarham y María Alejandra Raverta en este caso los que dirimieron el debate de las partes, encarnadas en el fiscal Gustavo Morey y el defensor Diego Prado.

En el banquillo de los acusados, Cristian Ezequiel Toledo, Leonardo Emanuel Romeo, como partícipes secundarios del crimen de Marito Maciel, y Walter Matías Alegre Marenco y Kevin Nicolás Cuadra por falso testimonio y encubrimiento.

Los cuatro imputados arribaron a esta instancia tras aquel primer juicio, cuando el condenado Concha los señaló como integrantes del grupo de violentos que arremetió contra los Maciel (padre e hijo).

 

Los testigos

 

Sobre los testigos citados para la ocasión, redundaron en aquel comparendo que ya habían propiciado en el tribunal local. Más allá de las declaraciones que se incorporaron por lectura, se prestó especial atención justamente a reeditar los dichos del condenado Concha, la de los testigos presenciales, los hermanos Graziano, el cuñado de Maciel, Ismael López, y una joven que no se haría presente en el juicio pero cuyos dichos (ahora incorporados por lectura) en su momento resultaron la clave para fundar prueba contra Molina y el resto.

El motivo de la ausencia de la testigo bajo identidad reservada respondió al temor que la joven tuvo desde iniciada la causa y que perduró hasta este presente. Hace dos años fue persuadida y logró dar su testimonio frente a los magistrados. Una vez más, no. El fiscal reconoció que fue ubicable pero que iba a resultar imposible traerla al nuevo juicio, y solicitó incorporar por lectura su versión, no encontrando oposición en la defensa, por lo que el Tribunal aceptó la petición.

Cabe consignar que no se trata de un testigo más. Fue la que sin dudas no contaba con ninguna “contaminación” del entorno y las relaciones entrecruzadas de víctima y victimarios. Ella presenció la agresión como otros tantos que habían salido del boliche, e incluso se interpuso en la agresión contra Marito para intentar que cesaran con los golpes. En ese instante advirtió que no se trataba de trompadas y puntapiés solamente. Había un cuchillo que se clavaba una y otra vez (siete puñaladas) en la humanidad del joven ya indefenso.

Sobre los demás testigos que sí desfilaron frente el Tribunal, a sus modos y sus formas ratificaron sus dichos, con la salvedad de que en algunos pasajes de sus respectivas versiones, estos se vieron vulnerados por el paso del tiempo y las presiones externas que nunca cesaron.

Si no, basta con escuchar al propio Concha cuando tras declarar casi a tono de súplica pidió a los jueces si podían trasladarlo de la Unidad 7 donde actualmente fue alojado, ya que convive con Molina, a quien lo nombró y terminó llevando a la cárcel.

O el propio defensor en su alegato, cuando intentó poner en crisis los dichos de los Graziano, contando que la mamá de Molina estaba fuera del edificio judicial y había sacado una foto de los hermanos junto a Marcela Aranda, buscando así demostrar una presunta complicidad e interés por ayudar a los Maciel.

 

La acusación

 

Ya arribado el mediodía de ayer, no quedaba más por escuchar que a los profesionales. El fiscal, primero, y el defensor, después, se encargarían de ratificar sus hipótesis.

Tras dar una pormenorizada cronología de cómo ocurrió el violento suceso, Morey fundó  su acusación en el testimonio directo e incriminante de Matías Alfredo Concha, quien oportunamente refirió que luego de aplicarle una puñalada en el tórax por debajo del lado izquierdo a Maciel, éste cayó al piso, lo cual motivó que dejara de agredirlo, y se retirara del lugar junto al “Peli” Molina (hermano de Angel Jesús Molina) en dirección hacia donde tenía su moto sobre la calle Lisandro de la Torre.

Indicó Concha que al llegar a su rodado se dio vuelta y observó que este muchacho quería levantarse pero no podía hacerlo, quedando apoyado como de costado. Que en ese momento vio que encima del cuerpo de Maciel se encontraban alrededor como agachados Jesús Molina, Leo Romeo y Cristian Toledo, además de otras personas que no conocía.

Posteriormente, ya en el marco del debate oral y público celebrado en Tandil, Concha amplió sus dichos respecto a la participación de Molina, Romeo y Toledo, señalando que una vez que Maciel cayó al piso producto de las puñaladas que él mismo le aplicara, y en momentos en que se retiraba del lugar, observó a estos tres nombrados alrededor del cuerpo de la víctima caída. Destacando en este punto que vio a Molina apuñalar en el piso a Maciel en la zona de la cintura para arriba de este, como yendo para la espalda.

Dicha declaración fue posteriormente ratificada y ampliada, cuando manifestó que mientras Molina apuñalaba en el piso a Mario Maciel, observó que “Leo” Romeo estaba agachado sobre el cuerpo de Maciel, con una rodilla en el piso y del lado opuesto al que estaba Molina, teniendo a Maciel como agarrado del cuello y haciendo un movimiento con su mano como de apuñalar hacia el cuerpo del caído, no alcanzando a ver qué era lo que Romeo tenía en la mano, pero sí era muy claro el movimiento en dicho sentido. Que mientras esto ocurría, Cristian Toledo se encontraba de pie pegado al cuerpo de Maciel aplicándole puntapiés a la altura de sus piernas.

Además de semejante testimonio, también se sumaron otras declaraciones, quienes fueron contestes con aquellos en el sentido de haber sido también testigos presenciales de la agresión que sufriera el grupo de personas integrado por la víctima.

Particularmente, el fiscal retomó los dichos de aquella testigo “estrella”,  quien si bien no pudo reconocer con certeza a los demás integrantes del grupo que atacaran a Maciel -a excepción de Molina y Concha-, sí confirmó los dichos del confeso Concha en lo atinente a que una vez que Maciel cayó al piso, fue rodeado por un grupo de cuatro personas que ya venían metidas en la pelea, de las cuales al menos tres lo pateaban mientras Molina lo apuñalaba.

El fiscal no obvió mencionar la circunstancia de existir una vinculación entre los imputados, la cual quedó demostrada por sus diversos testimonios que dieron cuenta de que los mismos resultan ser conocidos del barrio, teniendo trato frecuente y encontrándose en reuniones familiares o de amigos en común.

También aludió al indicio de mendacidad y mala justificación por lo declarado en las respectivas audiencias por Leonardo Emanuel Romeo y Cristian Ezequiel Toledo, quienes negaron cualquier tipo de participación en la agresión que terminó con el fallecimiento de Marito.

Para ambos señalados, Morey pidió siete años de prisión.

 

Los falsos testimonios

 

Ya arremetiendo sobre la imputación para con Marenco y Cuadra, Morey se encargó de subrayar las mil y una contradicciones a las que los señalados incurrieron a lo largo del proceso, desde iniciada la causa (a pocas horas del crimen), a los dichos que luego iban a exponer en indagatorias varias.

Al decir del fiscal, las declaraciones testimoniales que prestaran Kevin Nicolás Cuadra, Juan Osvaldo Iriart, Lucas Hernán Castillo y Walter Matías Alegre Marenco, a lo largo de las distintas audiencias del debate llevado a cabo por ante el TOC 1, continuaron con las mentiras y contradicciones en que habían incurrido con el claro e inocultable propósito de ayudar al coimputado Angel Jesús Molina. Bajo esa argumentación, solicitó que los sindicados sean sentenciados a la pena de tres años de prisión. u

 

Cómo mataron a Marito

Como oportunamente se informó sobre el caso, que nuevamente cobró relevancia en los estrados judiciales, el 3 de marzo de 2013, poco antes de las 6.30, en las inmediaciones del local bailable Sol Disco, del Pasaje Murature y la avenida Del Valle, Concha y Molina, que pertenecían a un grupo de al menos siete integrantes, provocaron de manera verbal y física a otro grupo de cuatro personas  que salían de bailar de la disco mencionada, compuesto por Ignacio Ismael López (quien fue el destinatario inicial de la provocación), Mario Eugenio Maciel, Julio César Arocha y quien finalmente resultara muerto: Mario Eugenio Matías Maciel.

Rápidamente se sumaron a las dos personas que iniciaron la provocación los restantes integrantes del grupo incitador, todos conocidos entre sí, y comenzaron a aplicarles golpes de puño y puntapiés a los Maciel -padre e hijo-, formándose dos grupos de atacantes que actuaban contra cada uno de los mencionados que solo atinaban a defenderse, mientras López se dirigió al interior del vehículo que se encontraba estacionado para evitar su participación frente a la superioridad numérica de agresores,  y otro tanto hizo Arocha, que se perdió entre la gente.

Cuando estas personas se encontraban arremetiendo contra los Maciel, Matías Concha, que estaba con el grupo que golpeaba a Marito cerca de la esquina de Del Valle e Yrigoyen, extrajo de entre sus ropas un cuchillo y con la intención de quitarle la vida a Marito le aplicó al menos dos puñaladas, ocasionando que Maciel diera unos pocos pasos más y luego cayera al piso herido.

Mientras esto ocurría y aún de pie la víctima, que solo se cubría el rostro y la cabeza con ambos brazos, otros cuatro sujetos (entre ellos Toledo y Romeo) comenzaron a aplicarle golpes de puño y puntapiés en distintas partes del cuerpo, favoreciendo de tal modo el ataque que otro de ellos (Molina), quien también, con un cuchillo que portaba en una de sus manos, le aplicó al menos dos cuchilladas que produjeron la muerte de Maciel.

 

La defensa y la versión de los acusados

 

Al tiempo del alegato defensista, Prado arremetió contra la exposición del fiscal, considerando que su acusación se fundó en la versión inverosímil e interesada del condenado Concha, quien buscó favorecerse a la hora de recibir sentencia al involucrar a otras personas. En un párrafo coloquial, llevado al llano de los protagonistas, señaló que Concha dijo para sí `si pierdo yo, pierden todos´.

También consideró que resultaron falaces los dichos de los hermanos Graziano, quienes a su entender resultaron muy endebles en sus argumentos y poco confiables.

Sobre la testigo “misteriosa” y clave del caso, sostuvo que no vino a este nuevo juicio porque “no quiso mentir”.

Según sus apreciaciones, se mantuvo la posibilidad cierta de que Maciel empuñara un cuchillo, tal lo expuso nuevamente uno de sus defendidos en pos de instalar la idea de una legítima defensa, para luego sin titubear afirmar que, en todo caso, cuando el padre de Marito le dijo `andá a buscar el cuchillo´ no hizo más que dictarle la sentencia de muerte.

Sin más, e insistiendo en la falta de pruebas y la inocencia de sus pupilos, exigió la absolución de los cuatro acusados.

Precisamente los imputados habían anticipado sus intenciones de prestar declaración. Así lo hizo Cuadra como Marenco, quienes volcaron su versión de los hechos, pero quedaron engrampados en nuevas contradicciones frente a lo que habían manifestado en otras oportunidades.

Percibiendo lo que habían “padecido” sendos acusados, Romeo y Toledo desistieron de la idea de enfrentar el interrogatorio del Ministerio Público, cerrando así la segunda y última jornada de debate, a la espera del veredicto y eventual sentencia.

 

RECUADRO

La condena previa

Vale reseñar sobre el juicio previo que, en abril de 2015, el Tribunal local condenó a 20 años de prisión a Angel Jesús Molina y a 12 años de prisión a Matías Concha por el homicidio de Mario Maciel, ocurrido el 3 de marzo de 2013.

En aquel entonces, el fiscal Gustavo Morey había solicitado 11 años para Concha y perpetua para Molina.

Luego de finalizada la lectura del fallo, se produjeron algunos incidentes entre familiares de uno y otro acusado, que en gran número acudieron hasta la sede del Juzgado de la calle Uriburu.

Marcela Aranda, hermana de Maciel, se mostró satisfecha con ambas condenas y ahora aguarda por el resto de las condenas, por la cual ella insistió casi en soledad durante estos cinco años.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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