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El huevo o la gallina

El Eco

Algunos temas, requieren un análisis desapasionado. Una mirada despojada que trate de ver más allá de las ideologías, las creencias o de la estructura cultural con la que cada individuo pudo dar respuesta o no a sus vacilaciones.

Pero hay un camino colectivo que transitamos en tanto humanos y en el que algunas preguntas no por infrecuentes, dejan de ser eternas incógnitas. ¿De dónde venimos?.¿Hay vida en otro planeta?.¿Quién fue primero el huevo o la gallina?.

Estas cuestiones comunes han sido una constante a lo largo de la historia. Algunas conclusiones se descartaron por erróneas, otras aún están es análisis y muchas resultaron ser tan ambiguas e inverosímiles que lograron el veredicto del olvido.

Hace unos días una publicación daba cuenta que finalmente la física cuántica fue la ciencia que pudo iluminar una de estas dudas existenciales: el huevo y la gallina, no son causa y efecto sino que tanto uno como el otro, surgieron juntos.

Un debate que los pensadores griegos no lograron dilucidar y que legaron durante generaciones, silenció las voces bajo este ingrávido argumento: los eventos pueden suceder sin un orden establecido. Así de fácil.

Personalmente, la sentencia me dejó sabor a poco y hasta en cierto punto me pareció simplista, apelable. Y en esta especie de angustia que genera el conformismo, otros enunciados empezaron a resonar en mi cabeza.

“Estamos mal, pero vamos bien”. En reiteradas oportunidades hemos escuchado esta frase acuñada por quienes intentan describir que transitamos por un oscuro túnel y buscan con un discurso aprendido, inyectar el primer haz de luz de la salida.

Pero la expresión en sí misma se enfrenta a una nueva analogía. No sé si encierra los dichos de un optimista mal informado o de un pesimista nutrido de datos. Cualquiera sea el caso, conlleva la pesadez de la fiebre cuando invade el organismo.

Este ha sido un síntoma recurrente en la sociedad y en la política argentina. La medicina a la que hemos podido acceder,  gobierne quien gobierne, no logró apaciguar el malestar e incubó el germen de una perfecta simbiosis entre lo que pudimos ser y lo que somos.

Creo que la Argentina viene arrastrando una profunda patología, pero quienes han estado a cargo de atender su dolencia, dosificaron por años un placebo.

Por estas horas nuestro país agravó su cuadro y la solución, es quirúrgica. Cambiemos evaluó el diagnóstico en una cumbre y junto a sus mejores hombres estudiaron qué extirpar y por dónde escindir el corte.

La sala de operaciones fue la quinta de Olivos. Un tándem de profesionales enrolados en la coalición partidaria acercaron sus voluntades con el propósito de ilustrar el camino a seguir pero una vez en el convite, buscaron posicionarse a través de cargos en la administración pública.

No quedó claro si la UCR, que prestó en 2015 la estructura de poder a regañadientes, mendigó los espacios para no perder esa pequeña porción de poder y de orgullo o si acudió a la convocatoria y con el paciente sobre la mesa, decidió no incurrir en mala praxis bajo el paraguas maltrecho de la alianza gobernante.

Se elucubraron varias hipótesis hasta que la palabra oficial, se hizo oír al día siguiente. Dos mensajes grabados y fuera del horario acordado terminaron con la agonía. El guión no tuvo arenga ni definiciones claras. La duda se ensanchó en su reino.

El descargo sonó a una terapia poco prometedora. Se tradujo como si esta Argentina enferma, infectada por la corrupción que diseminó sus pústulas de pies a cabeza, hoy tuviera que romper su cadena de ADN para gestarse de nuevo aunque en el proceso, aniquile estructuras celulares no contaminadas.

¿Pero cuántos estamos en condiciones de subsistir hasta que se encuentre la cura?.¿Cuántos quedaron y quedarán en el camino mientras el tratamiento promete sanear la integridad del cuerpo?.

Quienes rigen hoy nuestros destinos arguyen que la grave situación se debe a la mala medicación que suministraron los que estuvieron antes y éstos a su vez, a quienes los precedieron.

Es como si estuviéramos inmersos en un permanente embrollo donde el huevo, culpa eternamente a la gallina y viceversa.

¿Y cuál es el fármaco ahora? Una simple vacuna experimental que inocule la enfermedad para generar anticuerpos. Traducido en términos económicos, es endeudarnos para pagar las deudas con el alto costo que ello implica.

Nos cabe una responsabilidad cívica muy grande y hay que estar muy atentos.

No vaya a ser cosa que otra vez, sea peor el remedio que la enfermedad.

 

Nota proporcionada por :

  • ElEco

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