El mejor destino europeo para los fanáticos del astroturismo

El Eco

El camino sube de forma empinada. Cuando el coche pasa junto a peñas escarpadas de color rojo en dirección al Roque de los Muchachos, aparecen objetos extraños. Bolas blancas y plateadas junto a construcciones de acero con gigantescos espejos. El aire está cristalino, el cielo resplandece con un color azul oscuro. Para los astrónomos y los observadores de estrellas apenas existe otro lugar tan interesante en Europa como las islas Canarias, especialmente Tenerife y su pequeña hermana, La Palma.

“Aquí, la capa de nubes se forma a una altura de entre 700 y 1.500 metros, lo que tiene que ver con los alisios, que soplan desde el noreste”, explica la astrónoma Elena Nordio. Generalmente, las nubes no logran pasar sobre la Cumbre, un macizo montañoso que atraviesa la isla. En el punto más alto de la montaña, el Roque de los Muchachos, situado a una altura de 2.426 metros, las nubes están muy abajo, como un gigantesco campo de nieve.

Aquí, la nitidez del cielo, libre de turbulencias, solo es comparable a la de lugares tan lejanos como Chile o Hawai. Además, hay muy pocas industrias y tampoco una gran ciudad, por lo que la contaminación del aire es escasa. No es de extrañar, por tanto, que el Roque de los Muchachos fue elegido como lugar para instalar “una de las flotas de telescopios más amplias en todo el mundo“, como señala la página web del observatorio. Pegados unos a otros, los imponentes telescopios fueron construidos y son operados por expertos de muchos países que exploran planetas lejanos, agujeros negros, supernovas y otros fenómenos celestes.

Los telescopios de rayos gamma se asemejan a gigantescas antenas parabólicas. Actualmente se está construyendo el prototipo de una nueva generación de los denominados telescopios Cherenkov. El prototipo forma parte del observatorio CTA. Tiene un diámetro de 23 metros y los espejos abarcan una superficie de unos 390 metros cuadrados. Los investigadores esperan que la instalación les permita explorar fenómenos como explosiones gigantescas y colisiones entre estrellas y otros cuerpos celestes.

La principal atracción actual es el Gran Telescopio Canarias (GTC). Con un diámetro de 10,4 metros, es el telescopio óptico infrarrojo más grande del mundo. Sin embargo, el GTC perderá este récord en el futuro cercano, ya que en el desierto de Atacama, en Chile, se está construyendo el Extremely Large Telescope (ELT) con un espejo primario de nada menos que 39 metros y cuya inauguración está prevista para 2024.

Los investigadores analizan aquí datos que el telescopio les suministra por la noche. Cuando oscurece, la bola plateada se abre como una garganta. “Es como si se abriera una ventana al Universo“, susurra una visitante impresionada. Para tener una idea de la capacidad de observación del telescopio, Elena Nordio traza el siguiente símil: “Desde aquí se podría ver la luz de una sola vela en Nueva York”.

El logro más importante del GTC alcanzado hasta el momento se produjo en 2016 con la mirada más profunda desde la Tierra a una galaxia lejana, situada a 500 millones de años luz de nuestro planeta. “Sin embargo, ha habido muchos descubrimientos relevantes, por ejemplo de agujeros negros o planetas que no pertenecen a nuestro sistema solar”, señala Nordio. El cielo claro de La Palma es muy especial. “Por esta razón, muchos turistas vienen aquí. La noche estrellada aquí se ha convertido en un símbolo. El astroturismo es cada vez más popular“.

Para asegurar una vista libre sin contaminación lumínica, se promulgó en 1988 una Ley del Cielo, la primera de este tipo en todo el mundo. El alumbrado público blanco fue sustituido por lámparas de sodio especiales de color naranja con una intensidad reducida. Los anuncios luminosos están sujetos a controles rigurosos.

En abril de 2002, La Palma fue reconocida como primera “Starlight Reserve” de la Tierra. La reserva abarca toda la isla y algunas áreas marítimas. Actualmente, las atracciones celestes están por todas partes. En los últimos años se construyeron más de una docena de “Miradores astronómicos”, adonde se puede llegar por caminos o senderos.

“Polaris – 4.077.487.635.167.800 kilómetros”, señala un indicador de caminos. Una cifra que pone de relieve las dimensiones inconmensurables del cosmo. “Precisamente hoy, la gente busca esta relación con el cosmo y quieren comprender mejor el Universo“, dice Nordio. La pregunta más frecuente que le hacen los visitantes es: ¿Estamos solos en el Universo? “El Universo es grande. Tiene que haber otras formas de vida”, dice la astrónoma con una sonrisa. “Pero no tenemos pruebas. Todavía no“.

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