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Así era buscar trabajo en Tandil hace 142 años

Los clasificados de El Eco se convierten, más de cien años después, en una inesperada ventana a la vida cotidiana de la ciudad.

El proceso de digitalización del archivo histórico de El Eco sigue sacando a la luz pequeñas historias que, más de un siglo después, todavía sorprenden.

Si en una primera entrega nos encontramos con las particulares reglas que debían cumplir las mujeres en el Tandil de 1800, esta vez la mirada está puesta en los avisos clasificados. Esas pocas líneas, destinadas a vender, comprar, ofrecer o buscar algo, terminan convirtiéndose en verdaderas postales de la vida cotidiana.

En las páginas de El Eco de la década de 1880 aparecen trabajos, necesidades y situaciones que hoy resultan difíciles de imaginar. Dos avisos, en particular, permiten asomarse a una época en la que la infancia y el trabajo femenino estaban atravesados por realidades muy diferentes a las actuales.

Una niña de diez años para cuidar una criatura

“SE NECESITA” dice uno de los avisos. Debajo, apenas unas líneas:

“Una niña de diez a doce años de edad, para el cuidado de una criatura. Por informes a la imprenta de «El Eco» o a la casa calle San Martin número 19".

Eso era todo. Una búsqueda laboral publicada en el diario para una niña de apenas diez a doce años, que debía hacerse cargo del cuidado de un bebé.

La naturalidad con la que aparece publicado el pedido dice tanto como el propio texto. No hay explicaciones ni aclaraciones: en el Tandil de 1800, que una niña trabajara cuidando a otra criatura formaba parte de una realidad cotidiana.

Más de 140 años después, el aviso adquiere otra dimensión. Es un pequeño documento que permite entender cuánto cambió la mirada sobre la infancia, la educación y los derechos de los niños.

Recortes del archivo digitalizado de el eco de la década de 1880

“Leche fresca, de pocos días”

Otro aviso lleva un título que hoy llama inmediatamente la atención: “AMA de LECHE”.

El texto ofrece los servicios de una mujer joven:

“Se ofrece una mujer joven, de nacionalidad austríaca, para ama de leche. La leche es fresca, de pocos días. Se compromete a criar en su casa o en el domicilio de los padres de la criatura”.

Las amas de leche cumplían entonces un papel fundamental. Antes de que existieran las fórmulas infantiles y con enormes dificultades para muchas madres a la hora de amamantar, otras mujeres eran contratadas para alimentar y criar a los hijos de distintas familias.

El aviso también deja ver cómo funcionaba ese mercado. Se destaca la juventud de la mujer, su nacionalidad y, fundamentalmente, una característica que hoy puede resultar especialmente llamativa: “La leche es fresca, de pocos días”.

La oferta podía hacerse incluso en la propia casa de la mujer o en el domicilio de los padres de la criatura. Y, como ocurría con tantos otros avisos publicados en aquellas páginas, quienes estuvieran interesados podían acercarse a la imprenta de El Eco para pedir informes.

Recortes del archivo digitalizado de el eco de la década de 1880

Las historias que aparecen entre las páginas

Los avisos clasificados suelen quedar al margen cuando pensamos en un diario antiguo. Sin embargo, muchas veces son allí donde aparecen las historias más pequeñas y, al mismo tiempo, las más reveladoras.

Una búsqueda de trabajo, una venta, una mujer que ofrece sus servicios o una familia que necesita contratar a alguien. Detrás de esas pocas palabras aparecen las formas de vida, las necesidades y las desigualdades de una sociedad que estaba muy lejos de ser como la conocemos hoy.

La digitalización del archivo histórico de El Eco permite ahora volver sobre esas páginas y encontrar esos pequeños fragmentos de la vida cotidiana del Tandil de fines del siglo XIX.