no javascript allowed

De empastes con cemento a la botica como red social

La digitalización del archivo de El Eco sigue revelando maravillas cotidianas.

El archivo histórico de El Eco guarda mucho más que las grandes noticias de su época. Entre sus páginas aparecen pequeñas historias que permiten volver, por un momento, a las calles del Tandil de fines del siglo XIX.

Un aviso comercial, una búsqueda, un objeto perdido. Cosas que podían parecer insignificantes para quienes las leían en 1884, pero que hoy, más de 140 años después, se convierten en verdaderas postales de aquella ciudad.

En los clasificados de El Eco aparecen dentistas que ofrecían dientes de oro, platino y hasta “hueso artificial”, pero también vecinos que recurrían al diario para intentar recuperar un anillo familiar. Dos avisos que, aunque separados por unas pocas líneas, cuentan mucho sobre cómo se vivía y se resolvían los problemas cotidianos en aquel Tandil.

Peluquero y dentista

En la sección de anuncios, nos topamos con un par de avisos que parecen sacados de una película de época. Pertenecen al señor Pio Prut, quien ofrecía sus servicios en su local de la calle 9 de Julio 99, con una referencia geográfica inmejorable: "Frente a la Confitería del Sr. Sampaul". Lo verdaderamente asombroso es su profesión, ya que se presentaba en grandes letras como "Peluquero y Dentista".

Esta combinación comercial (un resabio histórico de la vieja tradición de los barberos-cirujanos) ofrecía un menú de servicios fascinante y escalofriante a la vez. 

Por un lado, Prut prometía hacer dentaduras artificiales y emplomaduras con materiales que iban desde el oro y la plata, hasta “hueso artificial, platino y cemento”.

Además, este multifacético profesional garantizaba sacar muelas "casi sin dolor, por medio del gas Anestérico". 

Pero si los problemas de salud del cliente iban más allá del cabello o los dientes, el señor Prut tenía otras soluciones de época en su botiquín: en su peluquería también "se aplican sanguijuelas y ventosas á precios módicos". Todo esto, según rezaba el aviso, avalado por "diez y seis años de práctica en los hospitales de Europa y del país".

Recortes del archivo digitalizado de el eco de la década de 1880
pio prut recorte archivo

Un anillo de oro y un pedido que atravesó generaciones

Entre los avisos aparece también una historia mucho más personal.

Un vecino había perdido un anillo de oro con brillantes y, después de “un mes y días”, todavía mantenía la esperanza de recuperarlo. Por eso publicó en El Eco:

“Hace un mes y días se perdió en este pueblo un anillo de oro con brillantes—a la persona que lo entregue en la Botica del Sr. Jaca se le abonará una buena gratificación. La persona que lo ha perdido desea su recuperación porque es un recuerdo de familia”.

Hay algo particularmente llamativo en esas pocas líneas. No se trataba simplemente de recuperar una joya de valor económico. El motivo era otro: era “un recuerdo de familia”.

Hoy, un pedido así probablemente terminaría en un grupo de WhatsApp, Facebook o alguna plataforma de objetos perdidos. En 1800, alcanzaba con unas líneas en el diario y la confianza depositada en una botica.

anillo perdido archivo

Una ventana a la vida cotidiana

Los grandes acontecimientos suelen ocupar las páginas más importantes de los diarios. Pero muchas veces son estos pequeños avisos los que permiten conocer cómo era realmente la vida cotidiana.

Un dentista ofreciendo sus tratamientos, un vecino intentando recuperar una joya familiar, una botica convertida en punto de referencia. Son escenas sencillas, pero detrás de cada una aparece una ciudad, sus costumbres y la forma en que sus habitantes resolvían sus problemas.

La digitalización del archivo histórico de El Eco permite volver sobre esas páginas y recuperar esas historias.