Un parque en las sierras
Con una visión precursora de nuestro actual vínculo turístico con la naturaleza, el intendente soñaba con la "formación de un parque geológico en que estuvieran encerradas nuestras maravillas de la naturaleza".
Al dejar su cargo, Pedro Duffau publicó una carta abierta en la que confesó cuáles eran sus grandes proyectos pendientes para transformar la ciudad.
El archivo histórico de El Eco no solo resguarda insólitos avisos comerciales o antiguas reglas de etiqueta; también es el lugar donde descansan las voces de quienes forjaron los cimientos políticos y urbanos de la ciudad. En nuestra constante tarea de digitalización, nos topamos con un extenso y apasionado manifiesto político publicado en enero de 1889.
Se trata de una carta abierta titulada "Al Pueblo del Tandil". Quien firma es nada menos que Pedro Duffau, quien en ese entonces acababa de dejar su cargo como Intendente Municipal tras "dos años y medio" de gestión (habiendo asumido en 1886).
En su extenso descargo, Duffau repasa y saca pecho por las acciones de su mandato. Entre los logros que resalta haber concretado, destaca la “Adquisición de un reloj publico” y la “Organización del servicio de Limpieza y de Alumbrado”, aspectos fundamentales para una ciudad en pleno desarrollo. Además, menciona la contratación de un empréstito destinado al "afirmado de las calles" (empedrado) alrededor de la Municipalidad y el Templo, sumado al "ornato" de las plazas.
Sin embargo, el documento adquiere un valor incalculable en su sección final, donde el exintendente se sincera ante los vecinos y enumera, con cierta melancolía, sus "sueños dorados": los ambiciosos proyectos que anhelaba concretar para la ciudad pero que quedaron en el tintero.
Es aquí donde aparece una "perla" urbanística maravillosa. A Duffau evidentemente le molestaba un monumento céntrico en particular, al punto de que uno de sus grandes sueños era "hacer desaparecer la pirámide que afea la plaza" (refiriéndose a la Plaza Martín Rodríguez, que hoy conocemos como Independencia).

Además de esta curiosa y drástica intención de demolición estética, su lista de anhelos incluía proyectos de un tremendo rasgo moderno:
Con una visión precursora de nuestro actual vínculo turístico con la naturaleza, el intendente soñaba con la "formación de un parque geológico en que estuvieran encerradas nuestras maravillas de la naturaleza".
Anhelaba la "erección de un edificio para Municipalidad", indicando que el espacio de aquel entonces ya no alcanzaba para las "necesidades de la Población".
Duffau quería construir un "hospital publico", motivado por el deseo de que "enfermos de todas las clases de nuestra sociedad encontraran [...] su alivio y su cura".
Con una mirada sorprendentemente moderna para la época, el exintendente soñaba con "atraer la mayor concurrencia metropolitana durante los veranos, dotando a la población de un alumbrado eléctrico" y brindando "diversiones".
Finalmente, su lista cerraba con la firme intención de "Contribuir a la ereccion de un Colegio Nacional".