Dante Emiliozzi, símbolo de una época imborrable

Ayer, se cumplieron 103 años de su nacimiento. Junto a su hermano Torcuato, desarrollaron un paso inigualable en el automovilismo argentino. Un talento que hizo historia.

Los Emiliozzi y La Galera.

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Sinónimo de velocidad. Como tantos otros, se sintieron cautivados por eso de hacer andar rápido un auto. Con autógena, torno y mucha inventiva Dante Emiliozzi junto a su hermano “Tito”, desarrollaron un paso inigualable en la máxima, fraguando una de las épocas románticas de nuestro automovilismo.
Dante, segundo hijo de Torcuato Emiliozzi y Adalgisa Bormioli, nació el 10 de enero de 1916, en el barrio porteño de Floresta y a los pocos años de edad se mudó, junto a su familia a la ciudad de Olavarría.
Junto a su hermano Torcuato Enrique, cuatro años mayor que él, creció entre motores en el taller que tenía su padre en la capital del cemento, y de esa forma desarrolló su talento mecánico y su pasión por el automovilismo.
Sus comienzos en el mundo de los deportes mecánicos se dio a mediados de la década del ’30, cuando comenzaron a correr en carreras de Ford T y Ford A, ganando varias de ellas.
La llegada de la Segunda Guerra Mundial hizo que los Emiliozzi se alejaran de la actividad para dedicarse sólo a la mecánica. Recién cuando terminó el conflicto, volvieron siempre juntos, a trabajar en el mundo de los fierros, su insoslayable pasión.
En 1950, en el taller de la calle Necochea, se gestaba la obra maestra de la ingeniería casera, un motor Ford 59 AB con válvulas a la cabeza, y el inicio de la emblemática “Galera”, el auto adquirido en Tandil a Ilfonso Letoile. Tras algunas frustraciones, el 24 de mayo de 1953 llegaba la primera conquista sobre 828 kilómetros, en la 3º Vuelta de Chacabuco reservada para No Ganadores.
Con la “Galera”, Dante obtendría los campeonatos de TC 1962, 1963, 1964 y 1965. En el ’63 ganaban 10 de las 16 carreras que se disputaron (26 carreras se disputaron esa temporada) y superando la barrera de los 200 kms, (203,526 km/h) de velocidad media en el Triangulo de la Velocidad, la Vuelta de Necochea.
Otras diez victorias firmaba en la temporada siguiente. En 1965, enhebraba el Gran Premio Dos Océanos, nada menos que 4.169 kms de recorrido, Mar del Plata-Viña del Mar (Chile) retornando a la ciudad balnearia. Un notable desafío de los carreteros, transitando caminos de montaña, ripio y cornisa, en la histórica Cordillera de los Andes, haciendo dos veces el itinerario.

 

La portentosa Galera

Dante y “Tito” Emiliozzi marcaron una época. A bordo de un “tractor supersónico” como era denominado el Ford de Olavarría, en muchas ocasiones eran inalcanzables para los aviones. Uno de las máquinas más altas, y con menor coeficiente de penetración de la época.
Su apodo, La Galera, no era fortuito. Su paso era siempre aguardado. Uno no sabía si criticarla o admirarla. ¿Cual era el secreto para que ese auto caminara tanto? ¿Qué albergaba ese V8? En algunas carreras las desarrollaron con rodados más grandes, y multiplicaciones más altas. El punto en cuestión estuvo en nutrir y alimentar al robusto 59 AB. El llenado de los ocho cilindros era clave para que se sintieran a gusto, y algún detalle en el encendido e ignición. En algunas de esas razones, estaba la gran velocidad en los tendidos.

 

El Baufer

EN 1966, comenzó a producirse una transformación de la categoría, aparecían autos más modernos y potentes como los Falcon con motor F-100. Entonces los Emiliozzi comenzaron a trabajar en el Baufer con motor F-100 pero el proyecto no fue todo lo exitoso que se esperaba y aunque alcanzó a en algunos tramos los 260 Kms/h, no logró ganar ninguna carrera.
El proyecto fue Juan Ferreyra Basso, tenía aspecto frontal emparentado con el Ford Falcon, quizá para no romper la fuerte identificación de los Emiliozzi con la marca.
La parte trasera del auto, a pesar del corte trunco de la cola, guardaba semejanza con las “cupecitas” que a mitad de la década del ’60 iban dejando paso a las nuevas líneas.
La primera carrera de los Emiliozzi con el Ford Baufer fue el 7 de agosto de 1966 en Carlos Casares. En la temporada siguiente le hicieron algunas modificaciones al amparo de un nuevo reglamento. 23 carreras, sin triunfos fue la historia del Baufer.

 

Torcuato, Sabattini y el Halcón

En 1968, Torcuato dejaba la butaca de acompañante, ocupando la misma Octavio Sabatini, pero las participaciones en la categoría ya no fueron tan frecuentes.
Con posterioridad a correr ese auto, la fábrica Ford quiso reconocer la capacidad de los olavarrienses, no obstante Dante participó en dos carreras más y lo hizo con el Halcón-Pronello F-100, abandonando luego el automovilismo, logrando el subcampeonato de TC en 1969.
El 9 de noviembre de 1969, en la Vuelta de Chivilcoy, sufrió un accidente que terminó con el incendio del auto y, aunque junto a Sabattini lograron escapar del fuego, decidió el retiro de las pistas.
Alejado del automovilismo, Dante falleció en Olavarría el 24 de enero de 1989. Como homenaje de su pueblo, donde vivió gran parte de su vida, una avenida y el autódromo llevan su nombre. Pasarán generaciones, pero los Emiliozzi son parte de la historia del automovilismo argentino.

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  • ElEcodeTandil

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