Boca remontó dos goles de desventaja y le empató a River

 

El final entregó imágenes disociadas de lo ocurrido en el juego: Boca marchó victorioso, con una fiesta en su tribuna, y River, en contraste, incrédulo por dilapidar un triunfo que tenía en su bolsillo.
En lo estrictamente numérico, el resultado no le sirvió a ninguno. El equipo de Matías Almeyda, que llegaba de perder con Quilmes, sumó 16 y sigue lejos del líder Newell`s (26); mientras que el conjunto de Julio César Falcioni (19) acumuló la quinta fecha sin ganar.
El grosero error de Orión, que no le puso el cuerpo a un tiro libre frontal de Ponzio con pique previo, fue un sorpresivo comienzo para el superclásico que, en teoría, suponía un lapso de estudio inicial por parte de ambos equipos.
Ese impacto psicológico le permitió al equipo local imponerse como dominador del juego y asimilar la mala fortuna por las lesiones de Ramiro Funes Mori y Martín Aguirre, que forzaron dos cambios antes del cuarto de hora.
Ponzio, con su despliegue, se adueñó del mediocampo, el uruguayo Carlos Sánchez ofreció salida rápida por la derecha, Trezeguet pivoteó con inteligencia y Mora rotó por el frente ofensivo a la espera de una ocasión para quedar mano a mano conalgún marcador.
Contrariamente, a Boca le costó muchísimo entrar en el partido porque sus volantes fueron incapaces de tomar la pelota para conectarse, por lo que sus delanteros quedaron completamente aislados.
De todas formas, más allá de la superioridad de River, la primera parte no registró situaciones de riesgo en las área, excepto con las pelotas paradas, en las que Orión no ofrecía ninguna garantía.
Para el segundo tiempo, Falcioni -que fue expulsado por su ingreso demorado al campo de juego- apostó con un cambio ofensivo: Lautaro Acosta apareció como tercer delantero en lugar de Clemente Rodríguez.
Y en los dos primeros minutos, el equipo realizó dos pruebas sobre el arco de Marcelo Barovero, con un cabezazo de Lucas Viatri y un envío de media distancia de Sánchez Miño, que pasó al lateral izquierdo.
El desarrollo del juego, en ese período, tuvo un dominio repartido porque River perdió el control absoluto de la mitad de la cancha y Boca se adelantó varios metros para jugar en campo rival.
Pero hubo un ritmo lento, previsible, insuficiente para generar sorpresa en ambas defensas, por lo que el espectáculo se sostuvo por la tensión y la ansiedad más que por el fútbol.
Aunque en los 20 minutos finales, el superclásico adquirió una emoción e intensidad difícil de imaginar hasta entonces. La emoción sobrevino con el segundo gol de River, al cabo de la mejor jugada colectiva de la tarde.
Nació de un lateral sobre la izquierda. Trezeguet giró, abrió por derecha para Sánchez y el uruguayo habilitó magistralmente en cortada a su compatriota Mora, que tras eludir a Orión definió cruzado, con poco ángulo.
Con la ventaja de dos goles, River se encaminaba hacia un desenlace a puro goce pero un error de González Pírez terminó en un innecesario penal sobre Acosta.
Silva convirtió el descuento y el superclásico ganó en dramatismo por su final con suspenso en el marcador, aunque el volumen de juego de Boca no representara un peligro real.
Sin embargo, en el descuento, una jugada bien manejada por el ingresado Leandro Paredes, terminó en un centro de Acosta que Silva bajó de cabeza para el ingreso goleador de Erviti, que sacudió el Monumental con epicentro en la cabecera superior visitante.
El gesto inmóvil de Almeyda, el silencio mayoritario de los hinchas de River, la alegre serenidad de Falcioni, el desahogo de los jugadores de Boca y el delirio de sus hinchas constituyeron la escena del abrupto final en Núñez.

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