Descubrieron una estatua en homenaje a René Lavand

 

Héctor René Lavandera, nacido en Buenos Aires, de infancia en Coronel Suárez, pero que vive en esta ciudad desde los 14 años, desarrolló una brillante carrera como ilusionista y es reconocido en todo el mundo por su particular estilo.
La escultura fue realizada, en un término de dos meses, por las docentes municipales Susana Novoa, Mónica Porras, Nancy Salar y Norma Villabona, que fueron distinguidas por el intendente Miguel Lunghi. 
El docente, periodista y escritor Hugo Nario, amigo del homenajeado, fue el primero en tomar la palabra: “Es tan grande nuestro René que con uno solo no alcanza”, dijo.
Nario le agradeció a Lavand haberlo incluido entre sus amigos y recordó cuando lo conoció, en enero de 1944. “En esa época empezó a hacer sus primeros trucos y nosotros a ser sus primeros espectadores”, manifestó el escritor.
“A veces iba a su casa y estaba ensayando un número. Era tan minuciosa la preparación que calculaba adónde iba a caer cada sílaba en los movimientos de naipes que realizaba. Volvía hacia atrás y probaba con un empecinamiento de santos. Un virtuoso como los grandes intérpretes”, lo definió Nario. 
 
Con su estilo
 
Finalmente llegó el turno de René Lavand. Luego de que le alabaran su capacidad como narrador, el ilusionista dijo: “Creo que nadie me enseñó a manejar los silencios, creo que soy autodidacta en eso también, no en la técnica manipulativa”.
Sobre el homenaje, Lavand sostuvo: “Con la franqueza y la introversión que me caracterizan, les digo que he recibido muchos halagos en el mundo, pero ninguno como éste, tal es así que me resulta duro, pesado, me duele, me siento un poco avergonzado, tocado en el pudor. Una estatua en mi ciudad, Tandil”.
Por último, confesó que “estuve toda la tarde pensando en un discurso de agradecimiento sincero y profundo al señor Miguel Lunghi, a todo su equipo de trabajo, a Norma y sus discípulos por la realización del monumento, que es perfecto, y a todos ustedes, pero no lo voy a decir porque tengo miedo de quebrarme”.
Y en lugar de despedirse con palabras protocolares para la ocasión, el ilusionista decidió retirarse de una manera distinta.
“Voy a expresar mi agradecimiento con un relato que hace a mi estilo y que viene muy justo y preciso en este atardecer tandilero en estos jardines del palacio que no olvidaré jamás”, comenzó diciendo, para luego capturar a los presentes con toda su maestría (ver aparte).
 
“Un ejemplo 
de vida”  
 
El intendente Miguel Lunghi definió a Lavand como “un señor de la vida, un hombre de bien, con conducta, con principios, con ética, con moral. Y también con mucha humildad y mucha sencillez”. 
“Ustedes muchas veces lo han visto caminar por Tandil después de sus giras, estar tomando un café en un bar del centro con sus amigos, simplemente como uno más. Eso es algo muy lindo para una persona: ser uno más”, enfatizó el Intendente.
Lunghi trajo a colación que el ilusionista “superó un trauma que le puso la vida, no se puso a llorar, ni se quedó esperando que alguien le solucionara el problema”. 
“Y después se puso de novio con las cartas y todavía sigue, recorriendo el mundo y haciendo maravillas”, indicó el jefe comunal.
Por último, señaló, jugando con la figura de la estatua, que Lavand “va a ser un asesor mío y de los próximos intendentes. En esos días cuando uno no puede resolver los problemas porque no tiene los recursos, cuando la angustia nos atornilla en el sillón, va a ser muy fácil venir hasta acá, sentarse al lado de René, analizar su historia y, después de estar un rato conversando con él, volver con fuerzas al despacho, a seguir tomando decisiones para que cada día tengamos un Tandil mejor. René es muy grande y un ejemplo de vida”. u
 
 
———–
 
El relato del ilusionista
 
“Yo prefiero el día de hoy. Ya tengo muchos ayeres en mi vida, con recuerdos alegres y con recuerdos tristes. Algunos están fotografiados en mi mente como recién casados. Y cuando pienso en el pueblo de mi niñez, Coronel Suárez, me parece tan chiquitito. Claro, eso es por el corto recorrido de vida que me queda, lo sé. El día de ayer pudo haber sido hermoso, pero no puedo pasarme la vida mirando hacia atrás, porque corro el riesgo de perderme el horizonte, que se abre en mi camino todavía a cada paso.
Puede que el día de mañana sea aún más bello, pero no puedo pasarme la vida mirando el horizonte, porque corro el riesgo de perderme la compañía de todos ustedes, que marchan a mi lado.
Por eso es que prefiero el día de hoy: pisarlo con ganas, gozar de su sol, estremecerme con su frío, sentir cómo todo me grita a cada instante ‘Presente’; sé que será bello, que no podré modificarlo demasiado, como tampoco puedo planificar demasiado el día de mañana. Ayer fui, mañana seré, hoy soy.
Por eso es que hoy les digo que los quiero. Les pido perdón. Me despido de ustedes sin guardarme una sola palabra, porque hoy respiro, veo, escucho, gozo, sufro, río, lloro. Porque hoy estoy vivo y ustedes, aquí”. u

Nota proporcionada por :

Deja tu comentario