Dos grandes escritores pasaron por Tandil y reflexionaron sobre la situación literaria

Laura Devetach publicó numerosos títulos para niños y para adultos en los géneros poesía, narrativa y reflexiones teóricas. Parte de esta obra fue publicada en otros países. Creó y dirigió colecciones de libros para niños. Ejerció la docencia y recibió numerosos premios.
Por su parte, Gustavo Roldán nació y se crió en el Chaco en 1935. Es licenciado en letras, docente, periodista y editor. Ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales por su obra.

-¿Cómo les ha ido en su paso por Tandil?
Gustavo Roldán: -Estuvimos con grandes y chicos. Desde donde yo miro nos fue bien y tuvimos distintos públicos.
Laura Devetach: -Yo tengo un vínculo con Tandil desde hace muchos años, de venir con frecuencia y hacer trabajos acá. Ahora hay toda gente nueva y joven. Además de venir a trabajar, nos invitaron para ponerle nuestros nombres a un sector de la Sala Abierta de Lectura.

Lectores

-¿Cómo perciben el mundo de la lectura hoy en día?
G.R: -Hay que pelearlo. El que baja los brazos va a ser avasallado por la fuerza y la potencia de los medios. Pero la literatura está peleando bien. Hay colaboración de un gobierno que se ocupa un poquito. No se vuelven locos de entusiasmo por la cultura, pero un poquito sí.
L.D: -Hay estadísticas de cuántos libros se leen por año por persona. Hay trabajos aislados en el país, pero no existe una política de Estado, sino personales, comunitarias, pero muchas veces eso no tiene continuidad pero, de cualquier manera, queda. El movimiento de la biblioteca popular me parece muy importante. A veces trabajan con estudiantes que buscan material específico y sin embargo, se ha abierto con trabajos que se hacen en distintos lugares. Yo creo en la biblioteca pública por el tema de la democratización de la lectura. Ya no es la escolarización, no hay que hacerlo por deber, sino que es más horizontal. Uno comenta a otros lo que leyó. Hay otra forma de circulación.
G.R: -Tandil es un ejemplo del trabajo continuado. El libro es siempre un artículo de lujo para grupos privilegiados. Siempre ha sido difícil. No es que el libro sea caro, pero cuando uno no tiene un peso en el bolsillo todo es caro. A toda esa gente se le abre una oportunidad con las bibliotecas públicas. Ahí no hace falta dinero para eso, sino un poquito de ganas de que una institución lo entusiasme, que lo haga descubrir.
-¿Se han producido cambios en los lectores?
G.R: -Yo creo que sí. El mundo aquí comienza cuando terminamos la dictadura. Del ?83 en adelante comienzan a aparecer montones de personas a escribir con nuevas posibilidades e ideas, con un alejamiento de la escolarización de la escritura, que surge más creativa, donde lentamente comienzan a tocarse los tabúes que forman parte de la problemática del ser humano.
L.D: -El público lector ha cambiado como el mundo cultural, atravesado por la tecnología. Hoy vivimos en zapping y eso es difícil de manejar. Yo no estoy en contra de la tecnología, pero sí de vivir en zapping, lo que no me parece sano. Los chicos leen de otra manera y también escriben diferente. Me interesa destacar lo pequeño, aquello que se va olvidando. Recordar no por nostalgia, sino porque hay que integrar, ya que continuamente vivimos en un mundo de supresión-exclusión. Hemos tenido conversaciones interesantísimas sobre el autoabastecimiento, que es lo contrario al shopping, de comprar la cosa hecha. Creo en la artesanía, en la posibilidad de que las cosas se pueden arreglar y que no todo es descartable.

Escritura

-¿Cómo es la experiencia de escribir literatura infantil?
G.R: Para mí es lo mismo. Yo no sé qué diferencia hay. Me olvido cuando estoy escribiendo para quién va. Después me doy cuenta que es un material que les va a gustar a los chicos. Aunque a mí me gustaría que lo leyeran los grandes, en general son muy duros en separar las cosas. Yo creo que es un error separar la literatura por edades.
L.D: -Hay que escribir cosas que sean accesibles para todos. La mayor diferencia se da con el material de tipo reflexivo-teórico, pero sino, no estoy de acuerdo en la división por edades y etapas. Tanto a Gustavo como a mí nos ha pasado que libros que las editoriales pusieron para jardín, fueron a parar al secundario. Poemas, sobre todo.
-¿Qué los lleva a la teoría reflexiva?
L.D: -La necesidad de compartir, de comunicar, de no quedarme sola con una serie de experiencias. Mi trabajo no es de escritorio, sino que es el resultado de acciones, una especie de dialéctica entre lo que estudié, lo intuitivo y el enganche con el medio. Es algo que hago hace cuarenta años. Antes no se estilaba dar charlas en los pueblos y yo me inicié muy joven en Córdoba y la mayoría de la gente era mayor.
G.R: -Había un atraso enorme en lo que era la literatura infantil. Se había mezclado la literatura para chicos con la escuela. Tenía que servir para enseñarle a portarse bien, para transmitir valores, para educar. Hace muchos años los que escribimos para chicos sabemos que no tiene que servir para enseñar y eso todavía no ha terminado de despejarse y hay un pedido de utilitarismo.
L.D:- Yo creo que hay que entender que no todo lo que está en un libro es literatura, sino que es un soporte donde puede haber cosas buenas, malas, estrechas, amplias y lo que hay que tener es conciencia crítica para poder elegir. Cuando se habla de formación de mediadores, se trata de la integración de todos los elementos relativos a la palabra y al libro que la persona recibe en su vida. En la etapa de la formación de mediadores trabajamos con ellos como lectores, al lado de sus alumnos. Antes se partía de la base de que el docente era un lector y en general, no se da siempre así. A mí me gustaría que se haga un relevamiento en serio de lo que se está haciendo y una evaluación.
-¿Qué sucede hoy con el mundo de la escritura?
L.D: -Para mí escribir siempre ha sido algo de dos facetas, el del placer y del sufrimiento. Yo soy sufridora. Son esas cosas que como salen de adentro, uno se prende a viejos recuerdos, los pule y los convierte en algo que se puede mostrar. Uno no puede enseñar la vivencia en crudo, hay que pulirla y a veces eso da la alegría y otras no tanto. Uno escribe mucho para conocerse.
G.R: -Creo que el escritor escribe girando sobre sí mismo, sobre los conflictos propios e inmediatos míos o del mundo que me rodean, que quiero transformar y que hago míos como problemas. En mis libros un piojo puede hablar con un yacaré mano a mano, con una libertad muy grande, sin diferencias. Me tomo esos permisos y los conflictos de ellos son los mismos que entre los humanos.
-Muchas de las historias tienen que ver con sus lugares de origen, con la tierra.
G.R: -A los chicos y a los grandes les interesa que las historias hablen de lo que yo conozco y de lo que no conozco. Por ejemplo, de conflictos donde los lectores viven o donde yo vivo. Les cuento historias del Chaco de donde yo soy, de ríos, de pájaros, del monte, de los árboles y eso les interesa de un modo natural. Además, les gusta que haya animales, así que mis libros tienen una ventaja: hay animalitos y eso gusta porque tiene una atracción. Además son animales salvajes, del monte chaqueño, donde todas mis historias transcurren.
L.D: -A mí me interesa que esos animales o la tierra que uno describe nacen de una vivencia profunda. Ningún cuento está elucubrado sólo con la mente. Uno para escribir un cuento vive ?encuentado? por muchos días, hasta que se instala como tal. Nace muy de adentro, de vivencias profundas.

 

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