El 30 por ciento de los ancianos alojados en geriátricos no participaron en la decisión de ser internados

Así lo reveló un estudio realizado durante 2007 -cuyos resultados serán publicados este año- que se basó en 304 entrevistas en profundidad a personas residentes en 101 instituciones geriátricas. De esta forma, se echaría por tierra la creencia de que la internación geriátrica fuera la única opción posible.
Según el último Censo, en la Argentina hay más de 800 mil personas de más de 65 años que viven en hogares unipersonales y, tomando sólo el área metropolitana, son más de 300 mil. Si bien existen hogares geriátricos que brindan excelentes condiciones para el cuidado y el bienestar de los adultos mayores, pocos de los que viven allí lo hacen por decisión propia. El relevamiento que concluyó esto se llevó a cabo en el área metropolitana de Buenos Aires, y forma parte de un proyecto mayor que incluye Chile y Uruguay.
“Cerca de un 30 por ciento dijeron que no habían participado en la decisión de ser internados”, índicó la socióloga Nélida Redondo, especialista en gestión de servicios para Adultos Mayores, profesora titular de la Universidad Isalud y coordinadora del trabajo.
En la investigación, hecha en Argentina por Isalud, se pudo relevar la mitad de los centros de alojamiento permanente de Capital y Gran Buenos Aires y, con este sesgo, se encontró que el 85 por ciento de las personas tienen en estos lugares un buen régimen alimenticio y buenas o aceptables condiciones de higiene, y un 15 por ciento un perfil más precario.
Pero el objetivo básico de esta investigación, patrocinada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y financiada a través del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por una ONG canadiense en defensa de los derechos de personas dependientes, era saber si las personas internadas “están en un régimen de aislamiento, donde una vez que ingresan pierden todo contacto con otras instancias de la sociedad”.
En este sentido, explicó Redondo, “la mayoría tienden a reglamentar la vida interna colectiva, no en función de las personas residentes sino en función de la empresa, porque en general los residentes no participan de los planes de cuidados, no están debidamente individualizados, duermen en habitaciones compartidas entre tres y cuatro personas, y se acuestan y se levantan todos a la misma hora”.
El trabajo demostró que, a pesar de la conocida prevalencia de todo tipo de enfermedades crónicas entre la población mayor de 65 años (cardiopatías, diabetes, hipertensión, osteoporosis y otras), son los psicofármacos el tipo de medicamento más consumido. “Seguramente si tienen que dormir a las 10 de la noche a diez personas por tanda y alguno no tiene sueño, lo más rápido es tomarse una pastilla y quedarse dormido”, dijo. Otro de los datos ha sido la frecuente carencia de barreras físicas de protección contra caídas, tales como barrotes en las camas o sillas con sujetadores.
Por el contrario -señaló Redondo- “la mayoría de las instituciones en algún momento los tiene sujetos; es una práctica muy común, sobre todo cuando los edificios tienen demasiada gente dependiente y poco personal, y cuando no hay un diseño arquitectónico que ponga barreras físicas”. La pérdida de la privacidad parece ser otro de los factores comunes en ese tipo de instituciones ya que “solamente escapan a esta tendencia un 15 por ciento de establecimientos que son muy caros, y otros que no son tan caros, pero que tienen éste tipo de filosofía”, puntualizó la especialista. Además, Redondo explicó que “cuando las personas son obligadas a vivir en una institución su ánimo decae, aún cuando esté en un establecimiento de primerísimo nivel”.
“La idea de que la gente tiene que decidir dónde y cómo vivir nos pareció una de las cosas más importantes para modificar los comportamientos”, dijo la socióloga. La mayoría, según Redondo, estaban viviendo solas antes de ingresar y hubo alguna circunstancia por la cual se decidió la internación: un accidente, el agravamiento de una enfermedad crónica o, en todo caso, algo que determinó que precisara mayor cuidado y mermara su grado de independencia. Pero la decisión de internar a un familiar, aseguró la socióloga, “se debe en general a la falta de opciones en países como Argentina”.
“En otros países hay servicios integrados, que incorporan la teleasistencia domiciliaria o las viviendas asistidas, en un gradiente donde la internación es el último recurso”, destacó la especialista. Redondo indicó que cuando existen más opciones, las familias “no necesitan imponer”, en cambio “aquí, aparentemente, la gente que vive sola no tiene muchas opciones: cuando sufre una caída o un accidente, en seguida se lo envía a una institución de este tipo, lo que indicaría que están faltando soluciones intermedias para esas personas, que en última instancia sólo necesitan un poco más de cuidados”.

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