El aurinegro, uno por uno

Daniel Bertoya. Atento y con una gran aparición para tapar un disparo de Martínez en la primera etapa, aunque con ciertas dudas en el juego aéreo.
Facundo Solimanto. Muy seguro, sobre todo durante el primer tiempo. Le faltó finiquitar mejor algunas de sus presencias ofensivas, que tampoco fueron demasiadas.
Leandro García. Firmeza para controlar los pocos avances de Cipolletti. Una de sus acertadas intervenciones derivó en la falta de Costi a Elizondo, que representó la expulsión del zaguero visitante.
Lisandro Beratz. Su buena ubicación de siempre le permite resolver situaciones complicadas. Cerró bien a espaldas de Arévalo, cuando éste ganó posiciones ofensivas.
Adrián Arévalo. El mejor de la cancha.
Camilo Fernández. Empezó bien y su labor fue desdibujándose. Alternó buenas y malas, sin redondear una buena actuación. Le cortaron (por falta de Barrios Suárez) la jugada en que anotaba el 2-1.
Agustín Harguindeguy. Se lució en los mejores momentos de Santamarina, gracias a su precisión para desprenderse de la pelota. Nunca perdió el orden, algo fundamental para un mediocampista central.
Junior Ischia. Fue importante en la primera etapa, con capacidad para el quite y buena presencia; pero falló demasiados pases en el segundo período, hasta ser reemplazado por Santos.
Darío González. Aportó movilidad y el esfuerzo de siempre, sin limitarse a su función de enganche. Sin embargo, no encontró su lugar en la cancha durante la parte complementaria.
Diego Barrios Suárez. Incansable en su búsqueda ofensiva, abrió el marcador a puro oportunismo y fue víctima de varias infracciones. Por su gran desgaste y estando amonestado, dejó la cancha en el minuto 64.
Javier Elizondo. También amenazante para el arco rival, intervino en varios ataques durante la primera etapa. Después fue perdiendo participación y no tuvo demasiado contacto con el balón.
Nahuel Santos. Entró con decisión y llegó a mandar un par de centros peligrosos. Siempre se mostró para recibir y progresó por el costado izquierdo.
Alfredo Abalos. No logró explotar su velocidad, en gran parte debido a que la defensa de Cipolletti no le concedió espacios para maniobrar.

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