El caso Salinas, 300 fojas de un expediente que no debió ser

El caso “Salinas”, el trabajador municipal que no había dejado rastros sobre su paradero y puso en vilo a toda la comunidad con sus fuerzas de seguridad a pleno, afortunadamente terminó con un final feliz. Está sano y salvo y no resultó un suceso más de los que se guarda en el cajón de los misterios y hechos irresueltos, impunes. Sin ir más lejos, Abel Barbero sigue sin aparecer.

Sin embargo, el reciente caso que gana en comentarios de todo tipo frente al hombre como a sus circunstancias, no deja de ser un disparador para confirmar una sensación térmica que se vive tanto en las dependencias policiales como judiciales. Ninguno saldrá abiertamente a decirlo, pero tras el final feliz llegó la caterva de fastidios por el dispendio de trabajo que se dedicó al asunto cuando, a priori, todo debería haberse circunscrito a una cuestión personal, de convivencia familiar.

El hecho no es menor, y si bien reconocen que forma parte de su trabajo a sabiendas de los antecedentes que existen con las denuncias de personas desaparecidas, no dejaron de señalar que se trató de un costo tanto de recursos humanos como económicos para un asunto que –se insiste- a priori, no debió generar más que una cuestión en el entorno de la familia del hombre buscado.

Tampoco es la primera vez que sucede. De hecho, en lo que va del año, se ha motorizado más de una treintena de expedientes por búsqueda de paraderos a partir de denuncias que, en la gran mayoría de los casos fueron resueltas en las primeras 24 horas.

Frente a ello, los actores policiales como judiciales consideran pertinente un llamado de atención a aquellos que frente a la incapacidad personal, terminan acudiendo a la Justicia para esclarecer entuertos que debieran responderse entre cuatro paredes.

El hecho en cuestión concitó la atención, preocupación y trabajo que derivó en más de 300 fojas, entre medidas realizadas, rastrillajes, testimonios, etcétera, para terminar con un final que evidentemente reviste cuestiones de índole privada que no merecían –entienden- semejante despliegue de recursos en desmedro de otras pesquisas (de hecho si sucedía algún hecho delictivo de envergadura todos los efectivos de la DDI local estaban ocupados en este caso).

 

Las medidas

 

Para mayor toma de conciencia de lo que demandó el asunto, aquí un repaso por las principales acciones desplegadas bajo las órdenes del fiscal en turno. Las medidas se concretaron desde el 25 a las 5.30 al 30 de octubre en horas del mediodía.

Se encomendó a la Jefatura Departamental y las cuatro seccionales la difusión de la fotografía en sitios de afluencia de público y búsqueda de Salinas en el relleno sanitario municipal con control de ingresos y egresos del lugar.

Informes elaborados por personal policial, bancos y autoridades públicas.

Bomberos, Sub DDI y comisaría Segunda realizaron rastrillajes en la zona del Dique. Se tomaron 45 declaraciones testimoniales de allegados y personas que pudieran dar referencia sobre el desaparecido.

Se cursaron once pedidos de información telefónica (incluidas intervenciones telefónicas). Se dio intervención a la División Búsqueda de Personas Perdidas y Prensa de la Policía Federal, DDI local, comisaría Segunda, DDI de Mar del Plata y Miramar con diligencias de búsqueda de Salinas.

Se pidió colaboración al Municipio, con recursos humanos y las cámaras de seguridad.

Se pidió apoyo al Afsca y a los medios de prensa locales. Se anotó en el Registro de Personas Desaparecidas del Ministerio de Seguridad provincial.

Se pidió al Centro de Operaciones Policiales un helicóptero que ya estaba alistado y finalmente no se utilizó al ser hallado Salinas. Se pidió por el secuestro del auto como así también se tomaron 24 medidas investigativas, incluidos testimonios, por parte de la DDI.

Se pidió colaboración a fiscalías generales, departamentales de Necochea, Mar del Plata, Azul y Dolores. Se hizo un relevamiento policial de personas que pudieran dar referencias del buscado, haciendo un total de 374 fojas de dos cuerpos de un expediente que, ahora, se archivará no sin antes tener que doblegar las tareas administrativas para comunicarle a todos los organismos consultados que aborten las medidas solicitadas.

Fuera del expediente, la policía en las últimas 12 horas hasta su hallazgo trabajó sobre cámaras de particulares, entrevistas a compañeros de trabajo y recorridas por la zona rural.

En medio de todas esas acciones, Salinas apareció en presunto estado de confusión, en Mar del Plata, tal lo informado por este Diario en la edición pasada.

 

Preocupación

 

También dentro de los llamados de atención frente al caso, no pocos se ocuparon y preocuparon por el rol al que estaba destinado el trabajador en la estructura municipal.

A saber, de corroborarse que sufrió y sufre –al decir de la familia-, este tipo de alteraciones psicológicas, llama la atención que desde el Municipio se lo haya emplazado en la delicada responsabilidad de monitorear las cámaras callejeras invertidas para velar por la seguridad de los vecinos.

No es la primera vez que surgen interrogantes no sólo ya por el funcionamiento o no de las cámaras promocionadas, sino también por los operarios enrolados para cumplir dicha función.

Así las cosas, si caso “Salinas”, entonces, sirvió de disparador para alertar a la población en general sobre cuándo pedir la colaboración policial y judicial, también debería obligar a las autoridades comunales para aclarar a la hora de elegir a los operarios del llamado Centro de Monitoreo.

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