El detenido Reyes Chilla también acusó a ?Picu? López de amenazarlo de muerte

 

No se trataba de un testigo más, era quien no hace mucho fue protagonista de las crónicas policiales, cuando un trágico suceso se desataba en el paseo El Cerrito y quedara tendido en la acera Silvio Souto (26), asesinado de un disparo. Orlando Reyes Chilla, el autor de aquel disparo homicida,  actualmente detenido, ahora estaba sentado en el banquillo como testigo frente al Tribunal,  para contar lo que él vio y padeció de manos de “Picu” López.
De paso cansino, arrastrando sus pasos y cargando su pesada humanidad, Reyes se acomodaría en la banqueta para contar su versión de los hechos, con algunas imprecisiones y contradicciones que merecieron repreguntas aclaratorias de los propios jueces a la hora de clarificar un relato no muy coherente, aunque sus vaguedades tenían que ver más con su bagaje cultural que con la inverosimilitud de sus dichos. Al fin y al cabo, dejó una sensación de ser un testigo creíble, sensación que sólo los jueces en su veredicto podrán ratificar o desechar.
 
Las agresiones
 
Reyes Chilla era el dueño de la casa donde alquilaba el policía Guzmán y su familia. Confirmó que fue él quien llamó a la policía cuando observó que sus inquilinos se peleaban en la vereda con “Picu”, pero que la policía nunca llegó.
Aseveró que escuchó cuando López amenazó de matar a Guzmán y su familia, a la vez que anunciaba que le iba a prender fuego a la casa, mientras apretaba en una de sus manos una piedra e intentó agredirlos.
Allí el fiscal como los jueces repreguntaron sobre lo que “Picu” portaba en su mano (el policía y su mujer habían atestiguado sobre una varilla), y el testigo se mantuvo con que tenía una piedra que había levantado del montículo de escombros que había en la vereda de su casa.
Frente a algunas imprecisiones sobre la ubicación de los protagonistas de la reyerta como de él mismo en su rol de observador, el juez Galli lo invitó a realizar un bosquejo en la pizarra demarcando las calles, la vivienda y donde estaban los sujetos.
Ya más preciso en tiempo y en espacio, el testigo añadió luego que una vez retirado el policía y su mujer con su niño, “Picu” se la “agarró conmigo”. Contaría entonces que primero lanzó unas piedras contra la finca, con las que rompió los vidrios de las ventanas. Que luego finalmente llegó la policía y allí se disipó el conflicto, aunque sería sólo por unos instantes…
Dijo, a continuación,  que el imputado a los minutos regresó y lo enfrentó a él, amenazándolo también que lo iba a matar junto a sus hermanitos, que estaban dentro de la morada. 
Para más datos, afirmó que López lo amenazó con un cuchillo que llevaba entre sus ropas y le lanzó tres puntazos que él logró sortear. Según su relato, López lo acusaba de proteger a la policía y darle albergue. 
Ya a preguntas al defensor Castaño, Reyes respondió que a su entender el policía y su mujer dejaron de alquilar la casa y se mudaron por lo que pasaba con López, y agregó que su mamá “también estaba cansada de los daños y los problemas”.
A sugerencia de su pupilo, Castaño le preguntó si nunca había estado antes con “Picu” de aquel incidente, a lo que Reyes negó tajantemente. Sí aceptó que tenía un arma de fuego, elemento que el defensor factiblemente se tome a la hora del futuro alegato a la hora de contar otra versión.
 
Nuevo testimonio
 
Cerrando la sexta audiencia de debate, compareció el encargado de la estación de servicio Don Rodolfo, de esquina Monseñor de Andrea y Perón, a propósito de una de las causas endilgadas a López, más precisamente uno de los robos a mano armada. 
En efecto, Esteban Torrado se limitó a informar que como encargado del comercio fue requerido que entregue un arqueo del dinero que había sido sustraído aquella noche en el robo, detallando que el botín de 750 pesos de la caja registradora  y 400 pesos de un sobre donde se guardaban las cargas virtuales de telefonía móvil.
Para mayor claridad, el testigo contó que la policía devolvió el dinero que había sido robado y que uno de los montos estaba en un sobre de color papel madera que tenía una inscripción manuscrita que aludía precisamente a las cargas virtuales. Sobre que le fuera secuestrado al mismísimo López una vez aprehendido.
A propósito de esta causa, también aportó su testimonio el policía de la DDI, Suárez, subcomisario a cargo del cuerpo de operaciones, quien se encargó de recabar información sobre el presunto viaje en remis realizado por López a un cabaret esa misma noche del asalto a la estación de servicio. El policía recordó que según las planillas e informes de la agencia de remisería, no se había realizado viaje alguno desde la vivienda que señaló el acusado al destino indicado.
Sin más, se dio por culminada la audiencia con la que el Tribunal espera cerrar toda la etapa de prueba el venidero jueves con el resto de los testigos citados. Para el martes de la semana próxima, se especuló, llegaría el turno de los alegatos, cuando el fiscal realice su acusación de 11 hechos imputables, computadas en seis causas penales, y la defensa emprenda su parte. u
 
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Agresión en 
el colectivo
 
La primera testigo que abrió el debate ayer fue Erica Núñez, quien dio su versión sobre lo vivido arriba de un colectivo entre Picu López y el policía Guzmán. 
Al respecto, la mujer recordó que ese día (una jornada antes del incidente de amenazas denunciado) que ella iba en el colectivo que realiza el recorrido por Las Tunitas y que en una esquina subió “Picu” junto a otra chica y se sentó, cuando al instante también apareció en escena el policía –Guzmán- portando un arma en la mano y “lo bajó de los pelos” al encausado. La mujer dijo recordar bien la escena porque le resultó un despropósito la virulencia del caso, que incluso mereció una queja del mismísimo chofer pidiendo al policía que guardase el arma frente a los pasajeros. A lo que el efectivo, que estaba de civil, se limitó a responder que estaba haciendo su trabajo. u

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