El enemigo oculto

Aunque no sin esfuerzo, el Gobierno K logró esta semana disciplinar a la tropa y obtuvo así la aprobación en Diputados de la polémica resolución 125, arma fundamental para infligir al campo y la oposición la primera gran derrota en la extendida batalla por las retenciones móviles.
La imagen de los legisladores ?fieles y valientes?, según la particular interpretación de Néstor Kirchner, celebrando alborozados el ajustado resultado, como si se tratara de una competencia deportiva, volvió a desnudar el sentido que desde la gestión se le dio al diferendo en maratónicas jornadas cargadas de agresividad y paranoia.
Cierto es que el juego democrático, con sus vicios a cuestas, habilitó un debate que parecía archivado y consagró la legitimidad de la postura mayoritaria. Eso es indiscutible.
Pero cierto es también que los retoques al proyecto original son a todas luces insuficientes y no solucionan el conflicto en su ser más profundo.
Las prometidas compensaciones a pequeños y medianos productores, por caso, están destinadas a naufragar en el barco oficial, sencillamente porque lleva a la desconfianza como bandera.
Sea como fuere, y descontada la convalidación del Senado, el campo deberá aguardar el veredicto de la Corte Suprema de Justicia, que por estos días también sufrió los embates de la furia K y respondió con estoicismo.
En el ínterin, y de no mediar nuevas acciones que atenten contra la paz social, el asunto pasará a un segundo plano político y mediático. Caerá la sábana a los fantasmas desestabilizadores y golpistas con los que Néstor K alucinó durante más de cien días.
Asomará entonces, con todo su rigor, el enemigo hasta ahora enmascarado en la crisis agraria: la inflación que galopa desde hace meses con la recesión como el horizonte a la vista.
Será hora de la gran prueba de fuego para la Presidenta, debilitada políticamente en tiempo record hasta niveles insospechados por una suma de desaciertos, a la que el presidente del PJ, su marido y mentor, mucho ha aportado.    

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