El escultor Eduardo Rodríguez del Pino vivió una gratificante experiencia social y artística

Allí estuvo trabajando con un grupo de jóvenes en situación de riesgo social, que forman parte de un programa especial. Del Pino contó a El Eco de Tandil la maravillosa experiencia que vivió y la satisfacción de poder haber sido parte de una acción provechosa para su grupo de trabajo.

-¿Cómo llegó hasta allí?
-El año pasado hubo muy buenos referentes de la escultura nacional y este año también, como son: Jorge Gamarra, Arturo Alvarez Lomba, Gabriela Badi y otros jóvenes de distintas provincias y de Capital Federal. Además había representantes de España, Cuba, Alemania, Perú, Chile, Polonia y otros. Yo fui como un representante institucional de la Universidad. Es una convocatoria abierta a escultores de todo el mundo, de los cuales se seleccionan veinte a través de una selección con jurados.
-¿Qué tareas debió realizar?
-A cada uno nos asignaron una piedra y en ella tuvimos que trabajar. A nosotros nos tocó lo que se llama mármol travertino. Uno de los escultores de la región conoce mi trabajo con los picapedreros… A él le pareció que yo podría estar coordinando un grupo de chicos con problemas sociales, de drogadicción, de relación con la familia y fue un acierto. Había seis chicos de 16 a 22 años. El caso más grave es el de un chico internado por drogas y salía para venir a trabajar. Venía, cumplía y estaba muy bien. Ellos habían hecho un taller previo para ver de qué se trataba esto.
-¿Cómo fue la convivencia?
-Son chicos que se mueven en universo completamente distinto. O están en la calle, o paveando por ahí. Están acostumbrados a que ninguno los escuche o a que los maltraten. Ellos compartieron todo, no sólo conmigo sino con los escultores. Estuvimos en las cenas, en los almuerzos y convivieron muy bien. Ellos se daban cuenta del vacío que les iba a quedar cuando eso se terminara. Le preguntaban al Intendente qué iban a hacer después. En ese sentido estuvieron muy bien atendidos por la dirección de cultura y la Intendencia, que estaba permanentemente ahí. Me resultó mejor que si hubiese realizado una obra individual, sobre todo por la relación que se estableció. Los chicos que no habían trabajado en esto se sintieron muy bien. No conocían ni el martillo.

Elaboración

-¿Cómo fueron definiendo el trabajo que realizaron?
-Ellos no me conocían, así que juntos fuimos a ver la piedra, armaron un boceto en base a ella, conversamos y compartimos alguna información del concepto de lo que querían hacer, del material y las herramientas que iban a utilizan. Hicieron una construcción  bifronte, dos cabezas en oposición y lo trabajamos toda la semana, cada vez más embalados y enganchados. Aprendieron a usar las máquinas a pesar de que yo les exigí trabajar mucho a mano, a punta, como los picapedreros. También usamos el martillo neumático. Yo quería que ellos supieran lo que era la piedra, el peso de las herramientas, y les costó. Los primeros dos días parecía que se morían y después los tenía que parar porque estaban entusiasmadísimos.
-¿Cómo quedó lo que habían bocetado?
-La piedra tenía un metro ochenta, por un metro de ancho y cuarenta de espesor y se trató de la conformación de dos caras: una originaria y otra del conquistador. Al principio eso no había sido previsto y que representaran el cruce de las dos culturas del europeo y el americano, pero después nos dimos cuenta de que finalmente estaba representando eso. Salió la idea del ?ojo de piedra?, que ellos buscaron en el diccionario de la lengua mapuche y lo escribieron de ese modo.

Experiencias

-¿Volvió conforme?
-Sí, me conmovió mucho, cuando uno se despide de esos pibes después de compartir muchas cosas, costó largar. Nuestra recomendación como escultores al Intendente fue que esos chicos tienen que seguir vinculados al arte, a sentirse partícipes. Hasta decidieron dónde querían poner su escultura. Quisieron que fuera en la plaza principal.
-Entonces… si se les da la oportunidad es posible…
-Si uno tiene la paciencia, sí se les ayuda. Hay que esperar, conversar. Esos pibes entraron en un universo que ni se imaginaban, de poder hacer una escultura. Vieron el proceso de hacer, de generar la forma y de darle sentido poético. Me pareció extraordinario.

 

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