El ídolo que se puso las dos camisetas

El nombre de Jorge Fernando Valverde quedó marcado a fuego en la historia moderna de Santamarina, cuya parcialidad lo erigió en ídolo durante la década pasada. Gran protagonista en el ascenso al Argentino A (2006), el zurdo marplatense se ganó el corazón de los aurinegros. Había tenido un paso por Boca Juniors, club del que es hincha y donde llegó a jugar en Reserva.

En la previa al partido de mañana, este Diario lo convocó para conocer sus sensaciones, teniendo en cuenta además que está a cargo del baby fútbol de la entidad aurinegra.

-¿Desde tu lugar, cómo esperás este partido?
-Es algo muy bueno, que estos jugadores puedan vivir un partido con tanta repercusión a nivel nacional. Estando en el club, se espera con mucha expectativa.
-¿Era algo impensado cuando vos jugabas en Santamarina?
-Sí, porque además no estaba la Copa Argentina. Creo que fue en 2004 que jugamos un amistoso con Boca, en cancha de Ferro, por una gestión que hice con un profe que conocía. Era importante para nosotros. Imaginate ahora tratándose de un partido oficial y decisivo.
-¿Dónde estabas en 2012, cuando Santamarina perdió con Boca por penales?
-Había vuelto a Mar del Plata, después de jugar con Chaco For Ever. Yo me había ido de Santamarina en 2009, pero le seguí la campaña porque quedó una linda relación. Siempre coincidía que tenía un ex compañero jugando. En ese momento del partido de 2012, me acuerdo que hablaba mucho con el Moncho Madrid.
-¿Hay un club con el que estés más identificado? ¿Alvarado por tus orígenes o Santamarina por lo que viviste acá?
-Soy de Mar del Plata, mi familia y todos mis allegados son de Alvarado, iba a la cancha de chiquito. Pero las cosas que viví en Tandil, tanto en lo futbolístico como en lo personal, han sido muy importantes. Y cuando me tocó irme, la gente me siguió demostrando ese cariño. Uno tiene sentimientos y no puede mirar para otro lado ante esas muestras de afecto.
-¿En qué años estuviste en Boca?
-Estuve del ’97 al ’99. Llegué con edad de cuarta división, casi a los 18 años, aunque jugué más que nada en Reserva. Había perdido un poco las esperanzas de llegar a Buenos Aires, porque chicos de mi categoría como Poroto Cubero o Pablo Villar ya llevaban dos o tres años ahí.
-¿Cómo fue que estuviste por debutar en Primera y se suspendió el partido?
-Increíble. Se inauguraban las luces en cancha de Guaraní Antonio Franco, en Misiones, y llevaron a Boca para un amistoso. El Bambino Veira me convocó y concentré con los uruguayos Cedrés y Manteca Martínez. Pero se suspendió por lluvia.
-¿Ahí jugabas de enganche como te vimos años después?
-En Boca, el Chueco Alves me ponía siempre de enganche. Cuando nos pasó a dirigir García Cambón, había dos “5” que eran Battaglia y el Chavo Pinto, y por los costados jugábamos Marchant y yo. Después fui siempre enganche, más allá de que en alguna situación particular lo hice de volante por izquierda.
-¿Nunca más hubo posibilidades de que jugaras en Buenos Aires?
-Sí, hubo interés de Platense, de Atlanta. Pero en el interior se ganaba bien y había otras comodidades, como estar cerca de la familia. A Tandil llegué en 2002 para jugar en Gimnasia en el torneo local, por gestión de Juan Cía. Me explicó que si andaba bien me iba a llamar Santamarina. Y fue así, a los cuatro meses ya había arreglado con Marcelo Cifuentes para el Regional en el equipo que dirigía Luis Quintela.
-¿Cómo imaginás el Santamarina-Boca?
-Está claro que es difícil. Pero la obligación total la tiene Boca, y eso le puede jugar a favor a Santamarina. Supongo que será un partido cerrado y que Santa va a estar a la altura. Ojalá gane, sería extraordinario para Tandil y para el club.

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