El pianista que llega al corazón

Estuvo en Tandil el concertista de piano Bruno Gelber en el marco de su gira nacional. El repertorio estuvo integrado por grandes de la música clásica como Ludwing van Beethoven, Robert Schumann y Frederic Chopin.
No es fácil describir esta velada musical, sobre todo desde la emoción de ver a una figura internacional, un gran maestro, alguien al que se accede a través de la televisión o de videos. Creo que a todos los privilegiados que pudimos estar nos pasó que la magia que se percibía en el aire nos produjo un impacto tal, que el silencio previo al cerrado aplauso por su aparición en escena, fue sobrecogedor.
Comenzar con Beethoven y su “Claro de luna” causó tal ensoñamiento que parecía que hasta respirar podía cortar ese momento. Luego siguió más Beethoven y vendría más tarde Schumann, difícil de interpretar y menos sin partitura, como lo hizo con los tres autores. Por último, Chopin con la fuerza exacta que le quiso imprimir el autor en su genialidad y rebeldía.
Es verdad que faltó algún movimiento, pero eso no empañó para nada el todo. Quizá su evidente deterioro físico que no le permite caminar normalmente haya sido la causa de esa falta y también el no conceder un bis, algo que no se pudo lograr a pesar de la ovación final, de pie, y que nos dejó ansiosos y ávidos de más de ese virtuosismo único.
Fue maravilloso su virtuosismo. Un privilegio que hacía mucho no teníamos los tandilenses.
The New York Times dijo: “Es uno de los músicos más destacados dentro de la música clásica”.
Mi querida profesora de piano decía: “puede haber dos grandes pianistas que toquen lo mismo y exactamente igual, pero habrá uno de ellos que te llegará al corazón”. Ese es Bruno Gelber.

Crítica musical
Colaboración especial de Eduardo Pérez Porcio

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