El uso del suelo y la pérdida de la biodiversidad influyen directamente en el cambio climático regional

“Una de las deficiencias más serias es que la comunidad permite legalmente la aplicación de plaguicidas sin restricción de distancias en todos los espacios verdes públicos o privados”, identificó Claudio Lowy.

El Eco

Dentro de la diversa gama de actividades propuestas por la Universidad Nacional del Centro, el cambio climático y la modelización del desarrollo se destacaron en la agenda. La presentación estuvo organizada por la cátedra abierta Amartya Sen, de la Facultad de Ciencias Económicas, Instituto Multidisciplinario sobre Ecosistemas y Desarrollo Sustentable.

Lo que está pasando en esta zona con respecto a la problemática ambiental está relacionado directamente con la modificación del uso del suelo y con la pérdida de biodiversidad. “Son factores que están estrechamente relacionados”, dijo Graciela Canziani, investigadora, docente, matemática y ecóloga. Ella abordó el tema desde el punto de vista de la región pampeana, con la intención de explicar los diferentes fenómenos que hacen que el clima esté tan cambiante. “Nada tiene que ver con lo que sucedía hace 15 o 25 años, ya que las variaciones vienen siendo muy marcadas”.

También hizo referencia a los tres informes que ha sacado la Plataforma Intergubernamental para la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (Ipbes), que desde 2012 trabaja para poner a punto todo un sistema de evaluación permanente del estado de la biodiversidad en cada región, como de los servicios (cultivo, purificación de agua, capitalidad de los suelos, entre otros).

Uno de los últimos en aprobarse fue el de los polinizadores, fundamentales para la agricultura. Los otros son referidos al estado del suelo y al estado de la biodiversidad en toda América y otros continentes.

“No es nada alentador lo que han encontrado”, lamentó. En este sentido contó que hay una pérdida de biodiversidad severa, ya que los polinizadores que son esenciales para muchos cultivos están en declive. De hecho, los estudios demostraron que la abundancia se está reduciendo en todo el planeta, fundamentalmente por el uso de pesticidas, y algunas poblaciones de abeja han bajado a menos de la cuarta parte de lo que era hace 25 años. En Estados Unidos, la desaparición de mariposas y abejorros es drástica, ya que queda aproximadamente solo un 17 por ciento. La misma tendencia se da en los pájaros, murciélagos y en toda la gama de animales polinizadores.

Uno de los problemas más serios en esta región tiene que ver con el cambio del uso del suelo, de ganadero a agrícola. Canziani contó que sobre todo influye la agricultura de soja, que deja la tierra al desnudo y muy vulnerable a la erosión, sin poder absorber el agua que se escapa por la superficie; sin embargo es distinto cuando se trata de un cultivo de maíz, que al hacer la cosecha queda el rastrojo y las raíces sostienen el suelo.

“Hay un problema de conservación del carbono que se está haciendo bastante grave, se está perdiendo la materia orgánica”, advirtió y agregó que es necesario cambiar la matriz de producción. Para empezar a revertir esta problemática urge volver a las rotaciones de cultivo y cuidar toda la fauna microbiana que tiene la tierra, para que el nitrógeno pueda fijarse en las plantas. Es que para la especialista, con tanto uso de pesticidas esos organismos microscópicos se pierden. “Muchos dicen que la tierra está drogadicta de agroquímicos y esto es así porque no se permite el ciclo natural de recomposición del suelo con los desechos orgánicos, que dan las rotaciones”.

Apuntó a la imperiosidad de convencer a la gente de utilizar técnicas que se usaban antes, que se están retomando. Enfatizó que afortunadamente en la zona hay muchos productores que están haciendo agroecología, que respetan los procesos naturales, donde incorporan todo lo que parece desecho pero que en realidad es nutriente.

El problema es serio para la gente que está utilizando mucho sintético en sus producciones, porque les resulta difícil volver atrás, ya que requiere un tiempo largo que la tierra vuelva a integrar la materia orgánica naturalmente.

 

 

Sistemas culturales

de satisfacción

 

Claudio Lowy es ingeniero forestal, master en Desarrollo Humano Sostenible y se está doctorando en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires. Su charla se basó en la necesidad de construir otros modelos de análisis social para tratar de fundar otro paradigma de desarrollo, ya que el actual se basa exclusivamente en el Producto Bruto Interno (PBI).

“Si tenemos un PBI por habitante más bajo que otros y menor al año pasado, decimos que estamos peor; si el registro es más alto creemos que estamos mejor; y eso claramente no alcanza”, explicó. Entonces advirtió que este índice no tiene en cuenta un montón de cuestiones por lo tanto no las mide, sin embargo no se trata de un problema del medidor en sí mismo, sino de la sociedad que le dijo a los economistas que desarrollen una manera de reflejar el desarrollo.

“Ellos hicieron lo que saben hacer” y crearon un indicador donde se van sumando todos los valores agregados de la producción de los integrantes de la sociedad en pesos a valor de mercado. La cuestión está en que allí no se considera, por ejemplo, el trabajo doméstico. “Es más, si un padre o madre da clases a su hijo en casa, o le explica los deberes, esa actividad no forma parte del PBI; lo contrario ocurre si lo manda a un instituto donde tiene que pagar”, figuró, remarcando que, como esta, se dan otras series de contradicciones. Se refirió entonces a la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares del Indec, que se está llevando a cabo en estos momentos, como un modelo que busca determinar cómo vive la gente; pero no preguntan si alguien tiene una huerta en el fondo de su casa, qué tipo de calefacción utilizan o si se separan los residuos. “No lo hacen porque no les interesa, sino que lo relevante para ellos es cuanto ganás y qué nivel de vida podés sostener”.

Asimismo expuso una observación crítica del Indice de Desarrollo Humano por no estar “tan bueno como lo quieren hacer creer”.

En base a estas cuestiones surgió la propuesta de un modelo diferente de análisis social, y al respecto aclaró: “Cuando modelizamos estamos eligiendo distintos aspectos y características de un sistema que queremos estudiar, y esas variables dependen de la ideología e intereses que se tengan”. Por consiguiente, la búsqueda apunta a prestar atención a los tipos de satisfactores que se están produciendo desde el ámbito de la economía a escala humana o solidaria siguiendo el rumbo del economista, ambientalista y político chileno Max Neef.

El método que propuso se llama “Sistemas culturales de satisfacción de las necesidades”, que según explicó no alcanza a ser medido con el PBI. El propósito es ver qué tipo de satisfactores se generan, cómo se organiza la sociedad para producirlos y cuál es la sostenibilidad ambiental de la creación. A partir de allí se abre un espectro de amplias posibilidades de mirar dónde se está parado en la forma de satisfacer necesidades.

 

La carencia de la ciudad

en términos ambientales

 

Con respecto a Tandil puntualmente, Lowy contó que la sociedad está muy bien en algunos aspectos, pero mal en otros. Por ejemplo, una de las deficiencias más serias que identifica es que la comunidad permite legalmente la aplicación de plaguicidas sin restricción de distancias en todos los espacios verdes públicos o privados, ya sea en el patio del vecino o en las plazas. En tanto que en las zonas rurales los pesticidas se pueden aplicar a partir de los 150 metros de las escuelas, pero esa distancia es insignificante y además “no se cumple”.

“De hecho en las cercanías se pueden ver que hay campos que cultivan hasta muy poquitos metros de las ventanas de las aulas o del área donde los chicos juegan al fútbol”, acotó.

Además, apuntó a que localmente no se hace un buen manejo de las cuencas hídricas y los controles de contaminación “dejan bastante que desear”.

No obstante, rescató que hay alguna intencionalidad de mejorar el arbolado público y los espacios verdes, aunque aún falta. “Lamentablemente la gente tiene en general una cultura que interpreta que los árboles urbanos son una molestia, por eso los sacan”, esta realidad se la atribuyó también a la falta de campaña del estado local para dar a conocer la importancia del arbolado.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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