Emoción violenta

 

La semana se fue con acontecimientos varios que abrirán el debate de los próximos días, en torno a los números proyectados por el Municipio para afrontar el año por venir.
En lo que hace al aire que se respira en calle Belgrano, el Presupuesto presentado por el lunghismo habla de más de 400 millones de pesos y contempla aumentos de tasas de un 35 por ciento promedio. 
Al respecto, sólo resta esperar el análisis de la oposición para saber por dónde pasan sus diferencias, a sabiendas de que la suerte está echada a partir de la abrumadora mayoría oficialista.
Apenas se escuchó el reproche camarista que, enterada por los medios de los números elevados, salió cual novia despechada a decir lo de siempre, aquello de la inconsulta. La tesitura forma parte del folclore serrano (similar a la postura frente a la feria mercantil de Semana Santa), por el cual el mismísimo jefe comunal se encargó de informar que no tendrá inconvenientes en recibir a la Cámara Empresaria y conversar, aunque anticipando que la conversación no hará cambiar el rumbo de lo ya diagramado presupuestariamente.
A propósito de la oposición, interesante resultó la movilización de jóvenes al compás de los espectáculos montados para celebrar la democracia. Si bien es cierto que distintos sectores políticos muestran recelo frente al kirchnerismo por apropiarse de la fecha, no es menos cierto que desde La Cámpora y compañía han logrado cimentar una mística interesante, cuyo poder de movilización resulta plausible después de tantos años de desinterés por la cosa pública y, principalmente de la política.
 
Marita
 
Y si de política se alude, Tandil no resultó ajena al cimbronazo que generó el fallo absolutorio del Tribunal tucumano respecto a la causa Marita Verón.
A priori, la solidaridad que merece el dolor y la lucha desigual militada por Susana Trimarco, quien por una década pelea ya no solo por saber qué pasó con su hija sino que a través de su fundación ha logrado desentrañar alguno de los tantos circuitos mafiosos que conviven en la sociedad con el flagelo de la trata de personas.
Ahora bien, la reacción política y mediática, como consecuentemente social,  tras el sorpresivo veredicto merecería un reparo. 
Una especie de reacción por emoción violenta se sucedió sin solución de continuidad por aquella controvertida decisión judicial, que en el caso de Trimarco resulta más que entendible, pero no así de los responsables de liderar un país como los de comunicar lo que sucede. 
Todos, o una abrumadora mayoría, alzaron las voces una vez transmitida la noticia, organizaron marchas y proclamaron su vergüenza sobre la decisión que nadie o unos pocos esperaba. Pero ninguna de esas voces preocupadas se ocupó de saber las razones, léase los argumentos del fallo que motivaron que 13 imputados que hace un par de años están presos fueran absueltos.
Si se trata de la confiabilidad de los jueces que hoy están en la picota, cabría preguntarse cómo están donde están si había tantas sospechas y/o pruebas sobre su honestidad. Resulta que ahora que el fallo no gustó, comenzó a ventilarse sobre convivencia y connivencia de un sistema feudal que, en definitiva, está avalado por la Casa Rosada. 
Se habla de vergüenza por un fallo sin saber las razones, pero no hay un gesto ni se sonrojan cuando decidieron descaradamente cajonear el proyecto legislativo que modifica precisamente la ley de trata. 
Cuando se alude a democratizar la justicia, ¿se trata de una noble iniciativa para sanear una corporación o para poner a los jueces que a la coyuntura política le convenga? 
Salvando las enormes distancias, no hace mucho Tandil fue escenario del interés de un sector político y mediático -porteño- que, subido al clamor de un grupo de vecinos, quería destronar a un fiscal porque no gustaban sus resoluciones frente a causas que se abrieron por denuncias que presentaban una ciudad como cuna de la pedofilia. Todavía se aguarda algún comentario u opinión de esos legisladores que alentaron un jury y hablaron de claras irregularidades en las instrucciones que finalmente la Bicameral desechó. 
Aquellos que siguieron concienzudamente el caso y no se subieron ahora al caso Marita Verón, hablan sí de una instrucción precaria, lo que invita a especular que los jueces se toparon con esas limitaciones a la hora de fallar. Porque si bien los que se sentaron en el banquillo de los acusados no gozan del mejor de los conceptos, hasta allí fueron para ser juzgados por el secuestro de Verón, no por otros delitos que factiblemente hayan cometido y merecen su juzgamiento y condena. 
Sí resulta de vital importancia esclarecer qué pasó con el testimonio de las cinco mujeres que se presentaron como sobrevivientes de redes de trata y declararon en el juicio. Ellas dijeron frente al tribunal que vieron a Marita en distintos cabarets de La Rioja, donde ellas mismas estuvieron cautivas y sufrieron todo tipo de vejámenes.
Según detallan los periodistas que cubrieron las audiencias, ellas relataron que cuando los proxenetas se enteraban –por filtraciones policiales– de que podía haber un allanamiento, a Marita la sacaban del burdel y la llevaban para otro lado. 
Por lo poco que se sabe del veredicto, a los jueces tucumanos esas declaraciones no les alcanzaron, o lo que es peor, no les creyeron.
En definitiva, ojalá que el caso Marita Verón y la encomiable lucha de su madre sirva para algo más que las proclamaciones demagógicas. Que alcance no sólo para sacar a los actores judiciales que no sirven o no gustan, sino también para romper con la notable connivencia política, policial y ciudadana que permite que no se sepa qué paso con Marita, o lo que es peor, se sepa y se prefiera ocultar porque salpicaría a muchos más que a los jueces de Tucumán. u

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