En el barrio La Esperanza piden que arreglen las calles afectadas por enormes lodazales

Más de veinte mujeres, acompañadas por trabajadoras sociales, se congregaron en el pasaje interno del barrio y le contaron a este Diario los trastornos que sufren los días de lluvia, ya que el barrial llega hasta sus casas.
Jorgelina Vázquez explicó que “en la calle siempre tenemos el mismo problema, que se hace barro, los chicos no pueden jugar y para transitar también se pone difícil”.
Esquivando un enorme charco de lodo, la vecina aseguró que no hace falta que llueva demasiado para que la arteria se vuelva intransitable y aseguró que los problemas se registran “desde el momento en que hicieron las cloacas, porque anteriormente estaban muy bien las calles”.
Al evidente deterioro se le suman los intentos por remediar la situación ya que cada vez que pasa la máquina y agrega arena, levanta la calle y produce un desnivel que conduce el agua a acumularse en las veredas. Ergo, si llueve muy fuerte, los habitantes del pasaje se inundan. 
A diferencia de Labardén y Casacuberta, otra de las falencias del pasaje es que no cuenta con cordón cuneta y las veredas no están conformadas, por lo que el agua no tiene ningún tipo de contención e ingresa directamente a las desprotegidas viviendas.
De todos modos, además del pasaje, Labardén, Casacuberta, Vigil y Basílico, calles que delimitan la manzana del barrio La Esperanza, también presentan complicaciones los días de lluvia.
Si bien se han comunicado con autoridades municipales para pedir que acondicionen estas arterias, no han obtenido respuestas y optaron por hacer pública su problemática con el único fin de lograr una mejor calidad de vida.
Valoraron las diversas gestiones de las trabajadoras sociales ante la comuna, que han conseguido que comiencen a pasar los recolectores por el pasaje. A partir de entonces, algunos frentistas ya colocaron canastos para depositar la basura.
Entre los proyectos más importantes para el pasaje, Jorgelina Vázquez priorizó el acondicionamiento de las calles con alguna solución de fondo para que no se vuelvan a formar los enormes charcos, las obras de cordón cuneta y la posibilidad de contar con el servicio de gas.
“Acá hay que hacer varias cosas, como bajar la calle para el cordón cuneta”, sostuvo y precisó que la acumulación de agua se mantiene durante largas semanas a partir de la humedad y frecuentes precipitaciones.
Los trastornos descriptos se agravan en verano, cuando los pantanos se pudren y emanan un olor nauseabundo que potencian las altas temperaturas.

“Es tierra de nadie”
 
Por otra parte, las familias de La Esperanza aguardan que el Municipio y la Provincia les entreguen las escrituras de las casas, hecho que -según había anunciado el presidente del Concejo Deliberante Juan Pablo Frolik- iba a ocurrir en el acto por el regreso del tren que se realizó el 29 de junio pasado.
Es que la historia de La Esperanza es bastante particular debido a que la manzana loteada para el barrio correspondía a una plaza. Por este motivo, los propietarios nunca contaron con documentación que acreditara su condición.
Para lograr la regularización, la comuna debió trabajar y gestionar ante el Gobierno provincial que se desafectaran esas tierras como plaza y conseguir otro predio cercano para afectarlo como espacio verde. 
Todos los lotes de la manzana están ocupados, por lo que unas sesenta familias padecen la falta de seguridad jurídica sobre sus viviendas.  
“Supuestamente para diciembre de 2011, nosotros íbamos a tener las escrituras porque entrábamos con un grupo grande de otros barrios, y nos prometió el señor Frolik que íbamos a tener las escrituras”, dijo María Eugenia Polvarán, otra vecina de La Esperanza.
“Los otros barrios las recibieron, porque vimos por televisión. Pensamos que nos iban a llamar, que nos iban a citar o iban a venir al barrio, pero a nosotros nos pasaron de largo”, remarcó.
También indicó que este año se entrevistaron con el presidente del Legislativo, pero “nos cuesta muchísimo que nos reciba. El dice que vayamos de manera individual y no nos recibe. Si no vamos en grupo y las trabajadoras sociales que le insisten mucho, ni siquiera podemos llegar a la secretaria a veces”.
Si bien el barrio ya estaría registrado como tal y la plaza se reubicó frente a la parroquia de San Cayetano, aguardan certezas de parte del Municipio.
Entre los trastornos que les ocasiona no tener documentación, María Eugenia Polvarán afirmó que “salís de tu casa porque tenés que viajar por dos o tres días y podés volver y encontrarte con que tu casa la tiene otra familia, porque él nos dijo que es tierra de nadie. Ese es uno de los temas, que vos tenés tu casa, tus cosas, y venís y te encontrás con que está usurpada”.
Por otra parte, no pueden solicitar un crédito y les ha costado mucho tramitar la conexión de luz, incluso algunas fueron calificadas como “bajadas precarias” o los habitantes debieron recurrir a la solidaridad de los vecinos para obtener el servicio.

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