En piloto automático

La inseguridad reinante, por mil causas, y las aulas vacías, consecuencia de las medidas de fuerza de docentes en conflicto con el Estado provincial, se tornaron denominadores comunes durante la última parte del año.   
No resultó novedoso en términos mediáticos, ya que mantienen copado el escenario desde hace un buen tiempo.
Para matizar, la semana incluyó otros hechos y protagonistas que aportaron material noticioso de cierto relieve.
En primer término debería mencionarse la dilucidación de un proceso de larga data, con el ex Policlínico Ferroviario como epicentro de disputas que llevaron más de un lustro.
El empresario foráneo Edgardo Marín, propietario del 50 por ciento del centro asistencial abandonado a su suerte, había batallado tozudamente para quedarse con su totalidad. Todo, entre apoyos de vecinos de Villa Italia y miradas desconfiadas surgidas desde distintos sectores del quehacer lugareño.
Los tiempos judiciales hicieron que su espera se estirara hasta el pasado jueves, cuando en la subasta el médico presentó la oferta que cerró el conflicto. Repitió, para los más incrédulos, que funcionará allí un efector de salud, tal como lo había prometido.
Y para aportar algo en términos políticos, cabe subrayar que Miguel Lunghi parece decidido a terminar 2009 con su pasión hacedora. Pasados los nubarrones que lo tuvieron a maltraer por cuestiones presupuestarias y sus derivados, intenta ahora aspirar algo de aire fresco. Semanas atrás volvió con las inauguraciones, que seguirán hoy, y en los últimos días anunció planes de obras de gas, cloacas y agua potable.
Ahí está otra vez, trepado a aquello que le ha alcanzado para repetir ininterrumpidamente éxitos electorales. Y de lo que, por lo visto, no piensa bajarse.

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