Historias detrás de la medalla en Las Vegas

Por Leandro Vecino | leandroabelvecino@gmail.com

Las chicas tenían prohibido decir “No me sale”; más bien, debían evitarlo. Cuando los pasos no eran los correctos y las dificultades aparecían, se veían obligadas a pensar dos veces antes de expresar la frustración por la imposibilidad. Entonces les surgían frases como “Se me dificulta realizar este ejercicio” o “Tengo que pensar cómo resolver este movimiento”. Porque decir “No me sale” implicaba para la entrenadora un dulce castigo: cada vez que a alguien se le escapaba, tenía que llevarle a ella un Cadbury con relleno de frutilla, su chocolate favorito.

“Esa es la manera de pasar del pensamiento negativo al positivo”, cuenta Marina García, preparadora de Camila Burg (12), Angeles Lanestosa (11), Camila Torres (12), Martina De Astoreca (12) y Regina Palladini (8), las gimnastas tandilenses que se trajeron una medalla de bronce del mundial de gimnasia aeróbica deportiva y aerodance, que se disputó entre el 29 de julio y el 2 de agosto en Las Vegas.

Como se ve, la preparación no fue únicamente desde la destreza. El aspecto mental fue decisivo para la consecución del resultado. Silvina (hermana de Marina) y Magdalena Busso, ambas psicólogas, se hicieron cargo de este trabajo; García, desde lo grupal; Busso, en lo individual. La primera visitaba los entrenamientos todos los sábados. Hacía reuniones con las cinco, ejercicios y hasta les daba trabajos para realizar en la semana.
Pero esta historia, como toda historia, tiene un comienzo. La aventura de competir en “La ciudad del pecado” llegó casi inesperadamente. Marina García llevó al grupo el año pasado a participar en el certamen nacional, que se disputó en el club Huracán de Parque Patricios, pero sin expectativas, sólo para que las chicas conocieran el torneo. Los resultados fueron más que buenos y el primer puesto les dio el pasaporte al mundial.

La idea del viaje fue, primero, una ilusión, porque el deporte amateur tiene una constante que imposibilita el desarrollo: la falta de recursos. La cuestión económica siempre fue un factor a tener en cuenta a la hora de evaluar la intervención en Las Vegas. Sin embargo, y aunque hubiera estado resuelta, existía otra arista que debía contemplarse: cómo mentalizar a nenas de entre 8 y 12 años para entrenar bajo una exigencia superior, acorde a una competencia de este tipo. García dice que el grupo, a pesar de la corta edad de sus integrantes, asumió con responsabilidad el desafío. La entrenadora se sorprendió con la madurez con que las gimnastas afrontaron el proceso de preparación, que también pudieron disfrutarlo. A veces no podían entrenar juntas por sus obligaciones (Torres, por ejemplo, es de San Manuel), pero tanto trabajo derivó en resultados: el tercer escalón del podio, detrás de dos conjuntos chinos.

Las chicas encontraron en este deporte la motivación que no les generó el hockey, la natación o el voley. Conocieron a García bailando free dance. Fue luego idea de la entrenadora formar el grupo, y ellas se entusiasmaron. Se conocían poco, pero el trabajo del día a día las llevó a entablar amistad. Ahora no son sólo compañeras y eso siempre ayuda, más a esta edad, para alcanzar un objetivo. Y así fue como vivieron el viaje: como un grupo de amigas. Sólo una de ellas (Camila Burg) se había subido a un avión; para el resto fue una experiencia nueva, y a tan corta edad. “Yo me lo imaginaba más chiquito, pero es inmenso”, dice Regina. Es la mirada de una nena de 8 años embarcada en un viaje para una competencia que habitualmente se la asocia a edades mayores.

De acuerdo a las palabras de García, Regina cuenta con serias condiciones para la disciplina. Además de integrar el quinteto que obtuvo la medalla de bronce, compitió en categoría individual y dando ventajas por su edad. Se ubicó séptima entre treinta y una gimnastas, pero no pudo disputar la final porque otras dos argentinas ocuparon puestos superiores y a la instancia decisiva accedían sólo dos representantes por país. “Hay futuro”, sostiene Marina.

También compitió en individual Burg (45ta. de 54) y De Astoreca, Torres y Lanestosa hicieron lo propio en trío (7mas. de 17). Sin embargo, estas puestas fueron preparadas para que las chicas adquirieran mayor rodaje en el escenario. El foco estaba puesto en el quinteto.

El grupo pasó a la final en el segundo lugar. Dos conjuntos chinos ocuparon el primer y el tercer puesto; este último equipo sufrió un descuento de puntos por la vestimenta, pero lo corrigió para la última presentación y le arrebató el segundo escalón del podio a las tandilenses.

¿Nervios? García realizó un trabajo específico para mitigar las sensaciones previas a la competencia. Por ejemplo, evitar la observación de los otros conjuntos y, tras la entrada en calor, visualizar la coreografía en la mente, enfocarse en cada uno de los movimientos por dar. Pero, al margen de la importancia de estos recursos, las chicas reconocen que a la hora de presentarse en quinteto estaban mucho más tranquilas que cuando subieron al escenario en otras categorías. Saber que podían apoyarse en sus compañeras, que había un trabajo grupal detrás, las tranquilizaba.

Diario de viaje

En los espacios que les dejó la competencia, tuvieron tiempo de conocer. Sus memorias les dictan palabras como “brillo”, “luces” u “hoteles enormes” a la hora de describir a la ciudad del “lujo y los placeres”, como la nombran los cronistas de boxeo que la visitan seguido.

Son conscientes de que el juego es uno de sus grandes atractivos. Recuerdan los casinos a cada paso, en todos los hoteles de Las Vegas Strip (en español “La Franja de Las Vegas”, una de las avenidas más famosas de los Estados Unidos). La sala de apuestas es lo primero que uno se choca al ingresar al hotel en el que las tandilenses se alojaron. “Son abiertas, las maquinitas están a mano”, cuentan las chicas, sobre una realidad lejana a sus edades, pero que conocieron de cerca.

Se manejan en inglés, según ellas, “más o menos”. Sin embargo, García destaca que “hablan y entienden muy bien”, sobre todo De Astoreca y Burg. En los diálogos cotidianos, las alumnas tuvieron que salvar a la entrenadora en más de una oportunidad.

Los momentos de descanso trascurrieron mayormente en el hotel, nadando en alguna de las once piletas que tenían a su disposición. También se distrajeron con los paseos y una función del prestigioso Cirque du Soleil. Disfrutaron del viaje y de la competencia, a pesar de los sacrificios previos que les impuso la preparación.

Lo que viene

Este quinteto ya conoce de disciplina y entrenamiento a conciencia. Las chicas valoran a Marina como entrenadora. Perciben, siendo tan pequeñas, que tiene la palabra justa para cada momento: la situación que demanda un aliento o aquella en la que debe imponerse la concentración. Lejos está de manejarse como un entrenador chino que, con su actitud, sorprendió a las tandilenses: castigó a una de sus gimnastas en una práctica con una patada y un empujón. “Y el error era mínimo, tenía el piecito corrido un centímetro del lugar correcto”, rememoran. Los métodos rígidos de los asiáticos se aplicaban hasta en el momento de tomarse una fotografía.

Ahora en Argentina comienza el año de competencia, con los torneos regionales para clasificar a los nacionales, que a su vez otorgan pasaportes para los tres mundiales que se disputan: Estados Unidos, Europa y Japón. “Vamos a tratar de clasificar a todos, después veremos si podemos participar. El problema que tenemos siempre es el económico”, afirma la entrenadora.

Con más experiencia y conocedoras del esfuerzo que viene, el lunes 19 de agosto (un feriado) iniciaron el camino para repetir el éxito, luego de una semana de vacaciones que García les tenía prometida. El objetivo para esta preparación es elevar el nivel de dificultad de la coreografía.

Antes de despedirse, las gimnastas agradecieron a sus familias, al complejo La Cascada, a Acrobacias Serranas, a las psicólogas Silvina García y Magdalena Busso y a todos los que colaboraron desinteresadamente para que este viaje se hiciera realidad. También hubo un agradecimiento mutuo entre la entrenadora y sus dirigidas, por tirar siempre todas para el mismo lado con una meta clara.

“Nosotras pensábamos que no íbamos a ganar nada”, confiesan las chicas, en el final. Para su sorpresa, el sacrificio que le agregaron a su talento las premió con una medalla y una experiencia que no se olvidarán jamás.

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